Refutación al artículo del Padre Ricossa sobre la elección del Papa

Por David Martínez (damartinez900212@gmail.com)

20 de agosto del 2020

Desde el año 2002 circula en las redes un artículo escrito por el sacerdote italiano sedevacantista Francesco Ricossa, titulado «La elección del Papa», donde dicho sacerdote pretende analizar con rigor teológico la legitimidad de un posible Cónclave formado por obispos sedevacantistas para elegir a un legítimo Sucesor de San Pedro, y poner fin así, a la larga Sedevacante que hay en la Iglesia desde la muerte de Su Santidad Pio XII ocurrida en 1958.

La versión que yo he podido leer ha sido tomada del siguiente enlace: http://www.etudesantimodernistes.fr/2017/02/l-election-du-pape.html?fbclid=IwAR3U4h8euO61oBBza7DPCvgsfGvjI-DXNzQX6VVRmA5PnklOTrAV-Z7PxsE

Iré respondiendo a las manipulaciones y tergiversaciones teológicas que hace el padre Ricossa en este escrito. No pretendo tener ni la inteligencia ni la formación teológica apropiada para responderle, sino que me apoyaré en otros autores que han refutado los sofismas del anti-conclavismo, incluso desde antes de que naciera este artículo de Ricossa. Mi tarea será simplemente la de ordenar sistemáticamente una respuesta a tan bárbara ráfaga de falacias por parte del mencionado sacerdote. Sin más preámbulo comencemos.

1 – La falacia básica de Ricossa

La falacia básica de todo el artículo está en defender que son los obispos residenciales, en tanto miembros ex officio de un Concilio General, los únicos electores extraordinarios posibles del Papa, en ausencia de cardenales.

El padre Ricossa utiliza varios sofismas para probarlo, que podríamos resumir en el siguiente:

Premisa 1: Según Cayetano y Journet, es el Concilio General quien tiene el deber de elegir al Papa en ausencia de cardenales.

Premisa 2: Los actuales obispos sedevacantistas, no son miembros del Concilio General, por carecer de jurisdicción territorial.

Conclusión: Los actuales obispos sedevacantistas no pueden elegir a ningún Papa para la Iglesia.

A este sofisma respondemos:

a) distinguimos la premisa 1: «Según Cayetano y Journet, es el Concilio General quien tiene el deber de elegir al Papa en ausencia de cardenales», en tanto que por dicho Concilio entendían ellos a la reunión de obispos que han recibido la jurisdicción territorial de un Papa, concedemos; en tanto que Cayetano o Journet, especularon sobre lo que nos ocupa ahora, a saber, la posibilidad de que obispos consagrados en Sedevacante (sin mandato papal) intervinieran en esa elección, negamos.

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Refutación a los sofismas modernistas de la página ForoCatólico.com – I

Cienfuegos, 22 de octubre del 2020

Ayer 21 de octubre recibí un email del editor principal de la página www.forocatolico.com con un tono arrogante e increpante, donde me decía, entre otras cosas:

«Estuve viendo tu sitio y veo que a pesar de que te identificas como católico, no lo eres en realidad.»

«Me gustaría invitarte a participar de un foro que con un grupo de amigos estamos armando.»

«Porque yo sigo al Papa Pancho, y vos no. Uno de los dos, cometió el pecado de APOSTASÍA, que es un pecado GRAVÍSIMO. ¿Cuál de los dos será quien cometió ese pecado?»

«He estado invitando a varios sedevacantes a debatir, ninguno ha respondido, espero que no sea tu caso. Sólo veo cuestiones de la masonería detrás de estas ideas locas. Espero que no lo seas.»

Mi respuesta fue pronta. Le comuniqué al señor que me registraría en su foro “católico” para participar en el temido debate. Y hoy, 22 de octubre, él publicó una editorial titulada «El sedevacantismo, una muestra de la masonería en acción», donde expone sus ideas sobre el tema.

Es triste ver como personas como él, aparentemente sinceras de corazón, y que buscan la verdad católica, no logran o no quieren ver la realidad de la usurpación de la Cátedra del Apóstol San Pedro por una serie de impostores papales, que dicen ser Vicarios de Cristo, pero en realidad son Vicarios del Demonio, pues hablan como el Dragón, esparciendo por su boca blasfemias, impiedades y herejías, para confusión de sus incautos seguidores.

Antes de leer la editorial, pensé que la calidad teológica de su argumentación sería más profunda y seria, pero me encontré con el post más mediocre que hayamos visto en contra del sedevacantismo. No se necesitan muchos estudios teológicos para refutar con contundencia las falacias y los disparates que allí se contienen. Pensando en hacer una serie de varios post, donde vaya analizando el susodicho escrito anti-sedevacantista, quiero comenzar con el argumento más interesante que utilizó: el de los obispos sedevacantistas. En este tema el autor maneja verdades a medias y luego concluye auténticas ficciones.

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Información sobre las ediciones del Denzinger

Muchas veces hemos intentado buscar una cita del Magisterio de la Iglesia en el famoso «Enchiridion Symbolorum», más conocido como “Denzinger”, y nos hemos encontrado con la desagradable sorpresa de que no coincide la numeración con la cita que estamos buscando. ¿Por qué sucede eso?

El nombre “Denzinger” es sinónimo de un “manual católico de credos, definiciones y declaraciones sobre cuestiones de fe y moral” (Enchiridion Symbolorum Definitionum et Declarationum de Rebus Fidei et Morum) que ha aparecido en 37 ediciones desde 1854 hasta 1991.

La edición original de 1854 del Enchiridion fue idea de Heinrich Denzinger (1819-1883), sacerdote y profesor de teología dogmática en Wurzburg, Alemania. En su primera edición, compiló unos 100 documentos eclesiásticos en traducción latina que incluían símbolos o profesiones de fe, decretos y declaraciones de concilios (tanto provinciales como ecuménicos) y decretos papales hasta el pontificado de Pío IX. Denzinger supervisó un total de cinco ediciones durante su vida, y amplió las selecciones para incluir extractos de la encíclica de 1865 de Pío IX, Quanta cura (junto con su “Syllabus“), así como pasajes del Vaticano I. Curiosamente, no incluyó ninguna de los textos del Concilio de Trento.

Las ediciones sexta a novena (1888-1900) de Denzinger fueron supervisadas por Ignaz Stahl, profesor privado y honorario de la Universidad de Wurzburg. Bajo Stahl, el número de documentos aumentó a 155 con la inclusión de documentos de Trento, las constituciones del Vaticano I y más encíclicas papales.

Después de la muerte de Stahl en 1905, Herder Publishing Company se hizo cargo de la producción de todas las ediciones posteriores. Las primeras nueve ediciones fueron producidas por Oskar Stahel de Wurzburg.

Las ediciones 10ª a 13ª (1908–21) fueron supervisadas por Clemens Bannwart, S.J. y su asistente, Johannes B. Umberg, S.J. Haciendo uso de la mejor investigación de su época, Bannwart revisó completamente la primera parte de Denzinger sobre los credos. Además, reelaboró ​​el índice sistemático de acuerdo con diez categorías principales, una disposición que figuraba en gran medida en los manuales de teología dogmática hasta el Vaticano II. Una preocupación especial por los peligros del Modernismo se evidencia en la inclusión de Bannwart de 34 páginas de documentación de la encíclica de Pío X de 1907, Pascendi dominici gregis.

Johannes B. Umberg, S.J. figura como editor de la 14ª a la 27ª ediciones de Denzinger (1922-1951). Umberg era un especialista en teología sacramental, e incluyó más documentos en esa área, así como referencias al Código de Derecho Canónico de 1917. También reintrodujo una sección sobre teología moral en el Índice, organizándola según el decálogo.

El famoso modernista Karl Rahner, S.J. supervisó las ediciones de la 28ª a la 31ª (1952-1957). En la edición número 28ª, Rahner pidió sugerencias para una edición revisada de “Denzinger”. Anticipándose al proyecto de revisión, solo se realizaron cambios menores en las ediciones de este período.

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«¿Por qué los sedevacantistas no han elegido un papa a estas alturas?»

En Facebook, una muchacha de la secta modernista con aires de grandeza lanzó lo que creía ser una prueba irrefutable de que la Sede de Pedro no está actualmente vacante. Ella preguntó:

«¿Por qué los sedevacantistas no han elegido un papa a estas alturas?»

Respondemos a la susodicha lo siguiente:

Habiendo desaparecido el Colegio Cardenalicio, tal como predijeron que podría ocurrir, varios grandes teólogos, la responsabilidad de la elección es de la Iglesia Universal, representada en sus legítimos obispos. Entre estos teólogos que defendieron esta tesis podemos mencionar a San Roberto Belarmino, Charles Journet, el cardenal jesuita Louis Billot, Francisco de Vitoria, el cardenal Cayetano, entre otros.  A continuación cito a 3 de ellos.

El teólogo dominico Francisco de Vitoria (1483-1546), en De Potestate Ecclesiae, n ° 21, escribe:

“Si por alguna calamidad, guerra o plaga, todos los cardenales fracasaran, no podemos dudar de que la Iglesia puede satisfacer sus necesidades en un Santo Padre. Por lo tanto, esa elección debe ser realizada por toda la Iglesia y no por ninguna Iglesia en particular. Y es porque este poder es común y concierne a toda la Iglesia, por lo que debe ser deber de toda la Iglesia.”

El teólogo y cardenal dominico Tomás de Vio (1469-1534), alias Cayetano, uno de los más grandes tomistas y uno de los más grandes teólogos de la historia de la Iglesia, en De Comparatione auctoritatis Papæ et conciliorum ad invicem (1512), capítulo 13, n ° 204 de la edición Pollet, escribió:

“Pero en caso de duda, cuando no sabemos si alguien es realmente cardenal (…) cuando el Papa está muerto o cuando su legitimidad es dudosa, como parece que sucedió durante el Gran Cisma iniciado bajo Urbano VI, hay que decir que el poder de atribuir el papado a un sujeto específico se encuentra en la Iglesia, en las condiciones requeridas. (…) Y en tal circunstancia, parece que este poder se cede a la Iglesia universal en forma de devolución, como en el caso en que no hay electores [es decir cardenales] designado por el Papa.”

Por último, el cardenal jesuita Louis Billot (1846-1931), al comienzo de la Tesis 29 de su Tractatus de Ecclesia Christi (volumen 1, pregunta 14, tesis 29), escribe:

“Pero ¿qué pasa con la ley, en un caso extraordinario en el que la elección del Papa tendría que realizarse sin que se puedan observar las condiciones ya establecidas por la ley papal? Varios teólogos creen que esto fue de hecho lo que sucedió en el momento del Gran Cisma, durante la elección de Martín V.

Si admitimos tal combinación de circunstancias, debemos reconocer sin dificultad que el poder de elegir volvería a un concilio general. De hecho, la ley natural requiere que en tal caso las atribuciones del poder superior se transfieran al poder inmediatamente inferior, en la medida en que esto sea precisamente necesario para preservar la sociedad y remediar una necesidad extrema. Como dijo el Cardenal Cayetano: «Pero en caso de duda, cuando no sabemos si alguien es realmente cardenal […] cuando el Papa está muerto o cuando su legitimidad es dudosa, como parece que sucedió durante el Gran Cisma iniciado bajo Urbano VI, hay que decir que el poder de atribuir el papado a una persona es específico reside en la Iglesia. […] Y en tal circunstancia, parece que este poder se entrega a la Iglesia universal en forma de devolución, como es el caso en el que no hay electores nombrados por el Papa.» Esto es comprensible sin dificultad si llegaran a ocurrir tales circunstancias.”

Pero para tranquilizar a la trol, que solo se dedica a molestar en facebook, le puedo decir que los obispos sedevacantistas más serios ya están preparando el Cónclave a donde serán convocados todos los obispos católicos del mundo entero para proveer a la Iglesia Católica un legítimo sucesor de Pio XII.

No obstante, la pregunta es fatua y sofística, pues incurre en una suposición falsa. La pregunta que hace la trol es similar a este silogismo:

Premisa 1 – Los sedevacantistas dicen que la Sede está vacante desde 1958

Premisa 2 – Cuando la Sede está vacante, la elección papal se realiza lo más rápido posible.

Premisa 3 – Los sedevacantistas no han elegido a ningún Papa en estos 62 años.

Conclusión 1 – Los sedevacantistas no elegirán nunca a un Papa. Serán siempre acéfalos.

Conclusión 2 – Luego, la Sede no está vacante actualmente.

Ahora bien, el sofisma principal de tal silogismo radica en hacer depender la realidad de la Sedevacante de la rapidez con la que la Iglesia elija al sucesor del último Papa válido. Son dos cosas independientes. Así por ejemplo, si el presidente y el vicepresidente de los Estados Unidos murieran ahora mismo, ambos puestos u oficios quedarían vacantes. Y aunque lo normal es que corresponda proceder a una elección para nombrar un nuevo presidente y vicepresidente, el hecho de que tal elección demorara, o incluso no se llegara a realizar nunca, no haría que el presidente y el vicepresidente fallecidos RESUCITARAN. Su muerte es irreversible, ya no están en este mundo: murieron. O sea, el elegirles sucesores rápido o lento, con prontitud o con pereza, no guarda relación con la realidad de la vacancia de esos oficios. Están vacantes independientemente de que se proceda o no, con rapidez a ocuparlos.

Mutatis mutandis, en la Iglesia Católica, la realidad de la Sedevacante actual (desde 1958) no depende de la rapidez con la que los responsables de proveer a la Iglesia de un legítimo Papa lo hayan hecho o dejado de hacer. Esto último tiene que ver con la responsabilidad moral que tienen los obispos católicos en circunstancias como estas, donde todo el Colegio cardenalicio defecciona en la apostasía más miserable, haciendo imposible de aplicarse la normativa de derecho humano eclesiástico que exige que sean ellos quienes elijan al Papa. Pero tal cuestión es independiente de si en efecto, está o no vacante la Santa Sede. Y mezclar ambas cosas es muestra de pobreza teológica e intelectual en el mejor de los casos, cuando no de mala voluntad y deseo manifiesto de molestar y manipular a los tontos útiles confundidos por la secta conciliar.

Refutación de la herejía de los griegos sobre el Filioque

Fuente: Libro «Refutación de las Herejías», de San Alfonso María Ligorio, publicado en 1854.

Refutación de la herejía de los griegos, que dicen que el Espíritu Santo procede solamente del Padre y no del Hijo.

1. La conformidad de la materia nos obliga a colocar aquí la refutación de la herejía de los griegos cismáticos, que niegan que el Espíritu Santo procede del Hijo, y dicen que solamente procede del Padre: este funesto error estableció un muro de separación entre la Iglesia latina y griega. No están de acuerdo los sabios acerca del autor de esta herejía. Hay quienes dicen que Teodoreto puso los fundamentos de aquel error en la refutación que hizo de] nono anatematismo de san Cirilo contra Nestorio; pero otros han salido con razón a la defensa de Teodoreto (o de cualquiera otro que nos opongan los cismáticos), que en dicho lugar no quiso decir otra cosa sino que el Espíritu Santo no era la criatura del Hijo, como pretendían los arríanos y macedonianos. Por lo demás no puede negarse que los escritos de Teodoreto, así como de algunos otros Padres, dirigidos contra los arríanos y macedonianos, mal tenidos por cismáticos griegos, no habían dado ocasión a estos últimos de adherirse a este error, que hasta Focio estuvo reducido a un corto número de particulares. Pero desde que Focio usurpó el patriarcado de Constantinopla. Inicia el año 858, sobre todo desde el momento en que fue condenado por el papa Nicolás I, en 863, se constituyó no solamente jefe de este desgraciado cisma que dividía tantos años a la iglesia griega de la latina, sino que fue también causa de que toda la iglesia griega adoptase la herejía que consiste en decir que el Espíritu Santo procede del Padre solo, y no del Hijo. Los griegos, según refiere Osio (lib. de Sacerd. conjug.), hasta el concilio de Florencia celebrado el año 1429 renunciaron catorce veces a este error y se unieron a los latinos para volver a él después. En fin, en el concilio de Florencia los griegos, de concierto con los latinos, redactaron la definición de fe que establecía que el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo: lo cual hacia esperar que esta última reunión seria durable; pero no fue así: los griegos se retiraron del concilio por la intriga de Marco de Éfeso (como hemos dicho en nuestra Historia de las Herejías (cap. 9, n. 51), y volvieron de nuevo a su error. Hablo de los griegos que estaban sujetos a los patriarcas de Oriente, porque los otros quedaron unidos a la iglesia romana en la misma fe.

§ 1 – Se prueba que el Espíritu Santo proviene del Padre y del Hijo.

2. PRIMERA PRUEBA. —Se toma del texto de san Juan (15, 26): «Cuando venga el Intercesor, que os enviaré desde el Padre, el Espíritu de verdad, que procede del Padre, Él dará testimonio de Mí.» Este pasaje establece contra los arrianos y macedonianos que el Espíritu Santo no solamente procede del Padre, cuyo dogma fue después definido en el concilio de Constantinopla en estos términos: «Et Spiritum Sanctum Dominum, et vivificantem, et ex Patre procedentem, etc»; sino que prueba al mismo tiempo que el Espíritu Santo procede del Hijo: he aquí sus palabras: «que os enviaré», las cuales se encuentran repetidas en otros lugares del mismo evangelio de san Juan: «Sin embargo, os lo digo en verdad: Os conviene que me vaya; porque, si Yo no me voy, el Intercesor no vendrá a vosotros; mas si me voy, os lo enviaré» (Jn 16, 7); «Pero el intercesor, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, Él os lo enseñará todo, y os recordará todo lo que Yo os he dicho» (Jn 14, 26). En la divinidad no puede ser enviada una persona sino por la otra de quien procede: así el Padre que es el origen de la divinidad, no consta en parte alguna de la escritura que sea enviado; y el Hijo que no procede más que del Padre, se dice que es enviado por él; pero jamás por el Espíritu Santo: «Sicut misit me vivens Pater, etc,. Misit Deus Filium suum factum ex muliere, etc.» Luego si el Espíritu Santo es enviado por el Padre y por el Hijo, es necesario que proceda de ambos; y esta consecuencia es tanto más necesaria, cuanto que la misión de una persona divina por otra no puede hacer ni por vía de mandato, ni de instrucción, ni de otra manera alguna, teniendo ¡as tres personas divinas una autoridad igual, y una igual sabiduría. No queda, pues, cómo entender esta misión sino del origen y de la procesión de las personas, procesión que no implica dependencia ni desigualdad. Luego si el Espíritu Santo es enviado por el Hijo, necesariamente procede de él. «Ab illo itaque mittitur, a quo emanat», dice san Agustín (1, 4, de Trin., c.20); y añade en seguida: «Sed Pater non dicitur missus, non enim habet de quo sit, aut ex quo procedat.»

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