Antipapas Místicamente Electos

 

Los papas electos místicamente sostienen que Dios mimos era quien los había llamado a convertirse en pontífice de los tiempos finales. Sostienen que en estos tiempos un cónclave ya no era necesario al no haber cardenales íntegros que pudieran participar en una reunión de este tipo. La mayoría de los papas místicamente electos fueron sacerdotes católicos romanos antes de la elección. Afirmaron haber sucedido al Papa romano, pero en muchos casos se anunció que la Santa Sede se había trasladado de Roma a un nuevo lugar. En la mayoría de los casos, la iglesia fue re-nombrada, pero la institución seguía creyéndose la Iglesia Una, Santa, Católica y Apostólica en una época donde la herejía es casi universal.

Además, argumentaron que su elección había sido predicha en las profecías, en particular en los mensajes de Nuestra Señora de la Sallette (1846) y Fátima (1917). Muchos de ellos también hacen referencia a la profecía sobre los Papas, que se atribuyen al obispo irlandés San Malaquías, y a los testimonios de los místicos Ana Catalina Emmerick y Luis María Grignion de Montfort.

Aunque los papas electos místicamente sostuvieron ser los líderes de la única y verdadera Iglesia Católica, que dice luchar por sus enseñanzas tradicionales, debido a frecuentes apariciones privadas, el desarrollo doctrinal de sus iglesias a menudo fue rápido. En algunos casos, el credo ha llegado a ser muy diferente del católico tradicional.

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Otros Antipapas modernos – Introducción

 El siguiente post es una traducción y corrección del artículo titulado ¨Modern Alternative Popes¨ escrito por Magnus Lundberg y publicado en noviembre del 2015 en la página oficial de la Universidad de Uppsala, Suecia en el siguiente enlace http://uu.diva-portal.org/. Digo corrección porque el autor del original si bien es muy serio en su investigación, no deja clara su posición teológica respecto a la situación actual de la Santa Madre Iglesia. Además he agregado datos pertinentes sobre la situación actual del catolicismo. Sin más, les dejamos el artículo.

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El Concilio Vaticano II (1962-1965) ha sido sin duda el evento más dañino y siniestro en la historia del catolicismo contemporáneo, ya que representó un intento de refundación de la Iglesia Católica. Si bien la mayoría de los padres conciliares no eran herejes propiamente, fueron manipulados y engañados por un pequeño grupo de infiltrados liberales que desde principios del siglo XX cuando San Pio X condenó la herejía modernista, planeaban tomar las altas esferas de la Iglesia. Siguiendo ese plan luciferino de reformar la Iglesia en función del siglo, el Vaticano II realizó cambios en la forma de relacionarse con el mundo moderno. El lenguaje de los decretos conciliares era diferente al de otros concilios anteriores, y los obispos promulgaron abiertamente el ecumenismo y el diálogo interreligioso. Los miembros de dicho conciliábulo también votaron a favor de la libertad religiosa, en lugar de defender la ¨libertad de la religión¨, esto es: de la religión revelada, la católica. A partir de ahora cualquiera podía escoger la religión que más le gustase, sin importar lo que Dios había revelado. De aquí en adelante, será el hombre quien se construya su religión y se invente un Dios a su imagen y semejanza. Ahora el hombre crea a Dios, y no Dios al hombre. Es la religión del antropocentrismo que reemplaza al teocentrismo de la Cristiandad.

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Muere Sommerville abjurando de su participación en la versión de la nueva misa

El Presbítero que colaboró en la traducción al inglés de la Nueva Misa ha fallecido. Él se retractó en 2002 de su trabajo y denunció la Nueva Misa como probablemente “inválida”

Fuente: https://moimunanblog.wordpress.com/2015/12/16/muere-sommerville-abjurando-de-su-participacion-en-la-version-de-la-nueva-misa/

El conocido Comité Internacional para la liturgia en inglés tuvo el propósito de  protestantizar el desastroso Novus Ordo al hacer la versión en inglés. El Presbítero Somerville, uno de los nueve miembros del Comité, se retractó en 2002 admitiendo que “el Concilio Vaticano II fue desde el comienzo intervenido  y manipulado e infectado por gente modernista, liberal, y filoprotestante” y que la Nueva Misa de 1969, todavía utilizada en la Nueva Iglesia, es “sacrílega y bien podría ser inválida”

Uno de los arquitectos de la anticatólica misa del Novus Ordo, después del Concilio Vaticano II (1962-1965)  ha fallecido. El presbítero Stephen Somerville por lo menos se retractó antes de su muerte a los 86 años el 12 de diciembre de 2015. No obstante, permaneció afiliado a la Arquidiócesis de Toronto, Canadá, y a la manera típica de los novusordistas- se mantuvo a caballo entre los dos lados de la valla – en ocasiones estuvo asociado con Bernie Fellay de la pseudo tradicional Neo-FSSPX.

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Mitología modernista sobre la Misa Católica Tradicional

Refutación a un fragmento del artículo de Juan Manuel Martín-Moreno González S.J de la Universidad ¨Pontificia¨ de Comillas, de Madrid, sobre la ¨Constitución¨ SacrosanctumConcilium del Concilio Vaticano II.

El siguiente, quiere ser un artículo de análisis y refutación a las mentiras de los modernistas que hoy imperan en la Iglesia Oficial del Vaticano II, que al haber abandonado las verdades católicas de siempre, andan dispersos por el mundo y no saben que inventar para justificar la devastadora Revolución Litúrgica promovida por el falso y herético concilio Vaticano II.

Decimo que falso porque la Iglesia es infalible en los concilios ecuménicos, y en el concilio Vaticano II se dijeron y enseñaron doctrinas previamente condenadas por los papas anteriores. Ahora bien, es una regla de la fe católica, que las herejías condenadas una vez, no se pueden volver a proponer como posibles enseñanzas de la Iglesia: lo condenado una vez, condenado está para siempre. La Iglesia no se puede estar redefiniendo en función de los intereses ¨doctrinales¨ del papa de turno, del papa del momento. La Iglesia nunca ha funcionado así, y de hecho, es lógico que así no sea, pues la Iglesia es la guardianadel depósito de la fe revelada por Dios. Jesucristo le dio a la Iglesia que fundó la misión de custodiar sus doctrinas y de administrar los sacramentos que él instituyó que son los canales de la gracia divina para la santificación y salvación de los seres humanos.

Es importante señalar que la Revelación se cerró definitivamentecon la muerte del último apóstol, como lo enseñó el Magisterio de la Iglesia siempre durante 2000 años. No puede venir ningún papa o ningún concilio a cambiar el depósito de la fe y los dogmas previamente definidos. En el actuar de la Iglesia bimilenaria tiene que haber una unidad sustancial. Nunca se pueden dar cambios sustanciales, pues de ser así, aparecería una Iglesia Nueva distinta a la anterior y como Cristo fundó la Iglesia en el pasado, y no hoy, con esos cambios sustanciales en la Iglesia se estaría fundando una iglesia distinta a la que fundó Cristo y esto sería cismático, herético y una falta de respeto a Dios.

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P. Núñez: Católicos y Protestantes ante la Biblia – 1

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Transcripción del libro del mismo nombre escrito por el sacerdote argentino David Núñez.

Capítulo 1 – Nociones fundamentales

  1. Principio, en general, es aquello de donde es, se hace o se sigue alguna cosa.

En el caso presente llamamos principios a una proposición o verdad de fe, inmediata y evidente que no tiene otra superior en su orden, por ejemplo: la fe en Dios es necesaria para la salvación.

Hago notar aquí que tomo la palabra principio ora en su sentido rigurosos, cuando lo requieren por su naturaleza la materia de que se trata; ora en su sentido un poco más amplio, como para significar las verdades admitidas sin discusión por ambas partes correspondientes.

  1. Los principios en ninguna ciencia se prueban, porque o son verdaderos, y entonces ni necesitan demostración ni puede darse, porque no tienen otra verdad anterior de donde se deduzcan, o son falsos, y entonces no son principio sino errores.
  2. Toda investigación de la verdad supone necesariamente ciertos principios indemostrables de donde procede y en donde se acaba toda demostración. Si no es así, no se puede llegar a un conocimiento cierto de la verdad y a una conclusión cierta que ponga fin a la discusión.
  3. Los principios que se pueden dar en la cuestión que vamos a tratar para probar la verdad, o sea, cuán es y quien posee la verdadera fe, son o generales o particulares; y estos son o comunes o ambas partes contendientes, o propios de alguna de ellas, a saber: católicos y protestantes.

 

Capítulo 2 – Principios fundamentales comunes a católicos y protestantes

 Los llamo principios fundamentales, porque son como el quicio en donde se han de apoyar y concluir mediata o inmediatamente todas las conclusiones.

Y los llamo comunes, porque ambas partes tenemos que admitirlos necesariamente sin discusión posible, so pena de colocarnos fuera del ámbito de la fe, y por tanto también fuera de la presente discusión, si así se quiere llamar este trabajo.

  1. Son los siguientes:

1º – Existe Dios, sabiduría y santidad infinita, y verdad infalible. Luego:

2º- Dios no puede engañarse ni engañarnos. Porque lo primero argüiría en Dios ignorancia. Y lo segundo malicia y pecado, cosas absolutamente imposibles en Dios. Luego:

3º- Hay que creer en Dios siempre que hable o comunique algo a los hombres. Porque la verdad necesariamente fuerza al entendimiento, cuya naturaleza es indagar la verdad o adherirse a ella cuando la ve claramente.

Ahora bien, aunque nuestro entendimiento no vea claramente lo que Dios revela y por qué o el cómo de lo que revela; sí que ve con evidencia que necesariamente tiene que ser verdad lo que Dios revela, cualquier cosa que sea, por el principio 2º, luego:

4º- La fe prestada a lo que Dios dice, es necesaria para la salvación.

  1. Porque supuesto que lo que dice Dios necesariamente ha de ser verdad (principio #2), si nuestro entendimiento conociera claramente que Dios ha dicho o revelado algo, y con todo eso no quisiera creerle, iría contra su propia naturaleza, y por tanto contra la voluntad de Dios, cuyo signo o manifestación es la tendencia natural de las cosas. Y como nadie puede salvarse yendo contra la voluntad de Dios, el que no cree cuando Dios habla, no se salva.
  2. Además porque el no creer a Dios cuando habla, sería hacerle una injuria enorme, haciéndole o ignorante que no sabe lo que dice, o malvado que quiere a sabiendas engañarnos.

5º- Dios ha hablado a los hombres.

Primero por sus Profetas; y luego por su Hijo Jesucristo, por sus Apóstoles y demás autores canónicos.

Lo que Dios ha revelado de esta manera, es objeto material de la fe, en cuanto que debemos creerlo con fe divina, eso es, por la sola autoridad de Dios revelador.

6º- La Sagrada Escritura es el depósito de la fe.

O sea, contiene explícita o implícitamente solo lo que Dios ha revelado a los hombres, esto es, lo que es necesario creer para conseguir la salvación. Y por esto, se suyo, es regla firmísima, infalible y necesaria de fe. De aquí que:

7º- En la Sagrada Escritura no pueda caber error ni contradicción.

  1. No error: Porque Dios no se puede equivocar, ni obligar a nadie a creer el error so pena de eterna condenación, y mucho menos imponer esa pena por no creer en un error, como la impone al que no cree lo que dice la Sagrada Escritura, que es su Palabra.
  2. Ni contradicción: Porque la verdad jamás puede oponerse a la verdad. Luego cuando en la Sagrada Escritura hay dos proposicione que parecen oponerse o contradecirse, 1º la oposición es sólo aparente y no real y verdadera. Lo contrario sería ir contra los principios 2º,6º y 9º. Y 2º Hay que explicar la proposición más oscura por la más clara, sea en sí misma, sea porque otras muchas la confirman.

8º – Los originales de la Sagrada Escritura hoy ya no existen

Sólo tenemos copias y traducciones. Pero aunque unas y otras no sean absolutamente exactas y conformes en todo al original, sino más o menos perfectas, la divina Providencia ha velado porque se conserve sustancialmente íntegra y sin error en la fe la divina revelación.

9º – Hay que admitir una interpretación verdadera de la Escritura, y

10º – Hay que admitir un juez con autoridad suprema que dirima conforme a la verdad divina revelada y sin apelación superior las controversias sobre la fe.

Este juez lo tienen los protestantes y lo tenemos los católicos, como veremos luego (n.7-9)

11º – La fe es necesaria para salvarse (Hebreos 11,6)

12º – El que no cree lo que la Sagrada Escritura dice, cuando consta claramente lo que dice, no cree a Dios, cuya Palabra es; y por tanto no puede salvarse (principio 4º). Por consiguiente:

13º – Todas las verdades de la fe han de ser creídas de igual manera, sin una sola excepción posible (principio 2º)

Porque todas tienen la misma autoridad para ser creídas: la infalibilidad de Dios que las revela. Luego:

14º – El que niega o duda seriamente de una sola verdad de fe, niega o duda toda la fe.

Porque niega la veracidad de Dios. Y así el que quebranta un mandamiento se hace reo de todos, porque niega la autoridad de Dios de donde todos proceden; así el que niega aunque no sea más que una sola verdad de fe, niega toda la fe; porque niega la veracidad de Dios, de donde procede toda la fe. Pues claro es que si Dios puede errar una vez, también dos y todas las demás.

15º – La religión que yerra, aunque sea sólo en una verdad de fe, ni es ni puede ser la verdadera religión.

Porque la religión verdadera tiene que ser forzosamente camino cierto y seguro de salvación (principio 16º). Por tanto tiene que contener y profesar la verdadera fe en toda su amplitud (principios 11º, 13º y 14º), que es el medio necesario y único de salvación (principios 4º y 16º). Y como en la verdadera fe es absolutamente imposible el error (principio 2º y 7º), la religión que yerra aunque no sea más que en una sola verdad de fe, no es la religión de Dios, y por tanto no es la verdadera religión.

16º – Hay obligación grave y so pena de eterna condenación de profesar la verdadera fe o religión.

Porque el que está obligado al fin, también lo está al medio necesario y único para conseguirlo.

Ahora bien, la fe es medio necesario, porque sin fe es imposible agradar a Dios (principio 7º). El que no agrada a Dios no se salva. Luego, sin fe nadie se salva. Y como la fe falsa no es ni puede ser la fe divina, de ahí que hay obligación de profesar la verdadera.

La fe es medio único. Porque una es la fe (Efesios 4,5) y una y única es y ha sido siempre la Verdad. Luego:

17º – Estamos obligados gravemente y so pena de eterna condenación a indagar cuál es la verdadera religión.

Porque hay obligación de profesarla (principio 16º). Nadie puede profesarla sin conocerla. Luego hay obligación de conocerla, y por tanto de buscarla si no se posee.

Pero nótese que esta obligación sólo existe cuando se presenta alguna duda prudente y racional de si será o no será verdadera nuestra religión.

Que cuando la religión que profesamos se nos manifiesta como verdadera por motivos no puramente subjetivos, sino verdaderamente objetivos de credibilidad, tan evidentes que no dan lugar a ninguna duda racional sobre la verdad de nuestra religión; entonces de ninguna manera se puede dudar de la propia, y mucho menos abandonarla para abrazar la ajena.

18º – Dos religiones contrarias no pueden de ninguna manera ser simultáneamente verdaderas, aunque pudieran ambas ser falsas.

Ejemplo de lo primero: el catolicismo y el protestantismo.

Ejemplo de lo segundo: el mahometismo y el budismo.

19º – Jesucristo es verdadero Dios y hombre.

Luego su palabra (o enseñanzas) es necesariamente infalible, sus obras necesariamente santas; sus preceptos o leyes necesariamente obligatorios para todos aquellos a quien se dirigen.

Estos principios son tan infaliblemente ciertos en el orden religioso, que es el que ahora nos interesa, porque de él vamos a ocuparnos; que el que niegue cualquiera de ellos (excepto el 8º en su primera parte, referente a la desaparición de los originales de la Sagrada Escritura, aunque esto todos lo admiten), comete gravísimo pecado mortal y no puede salvarse.

 

Capítulo 3 – Principios particulares

 A – Propio de los Protestantes

  1. – 1º Sobre la Sagrada Escritura
  2. a) En cuanto depósito de la fe: la Sagrada Escritura contiene toda la revelación o Palabra de Dios.

Por consiguiente, lo que no está en la Sagrada Escritura, no es palabra de Dios.

  1. b) En cuanto regla de fe: La Escritura es enteramente clara, al menos en todo lo necesario a la salvación, de tal manera que todos, aun los más rudos, la pueden entender bien.

Dije que todos, aun los más rudos, porque todos están igualmente obligados a salvarse, y por tanto a profesar la verdadera fe. Pero como el único medio infalible de obtener la verdadera fe es la Sagrada Escritura, ya que ellos no admiten un magisterio infalible que la enseñe y la declare, todos, absolutamente todos la tienen que poder entender bien. Por tanto:

  1. Es regla de fe suficiente para probar por sí sola la doctrina necesaria para la salvación. Y así
  2. Es regla única, porque huelga toda otra, que siempre será no sólo innecesaria sino menos segura, porque ella y solo ella es regla infalible de verdad. Luego.
  3. Nadie tiene el derecho exclusivo de interpretación de la Sagrada Escritura, sino que cada cual, interpretándola según su juicio privado, y bajo la influencia del Espíritu Santo, la entiende como la debe entender, y consiguientemente, encuentra en ella infaliblemente la palabra y el pensamiento de Dios.
  1. – 2º Sobre la justificación

El hombre se justifica por la fe sola, sin las obras de la ley de Dios. Podríamos extender mucho más estos principios o proposiciones fundamentales en que diferimos los protestantes y nosotros los católicos, pero parece preferible reducir el número a las propuestas, ya porque en ella está la raíz de todas nuestras diferencias, ya porque ellas solas bastan para dilucidar y resolver todas las cuestiones que se vayan suscitando en el curso de este sencillo trabajo, conforme al fin que nos hemos propuesto.

B – Propios de los Católicos

Propiamente hablando, los católicos no tenemos más que un solo principio que es este:

Creemos todo lo que cree y enseña la Iglesia Católica, Apostólica y Romana.

La Iglesia Católica, respecto de la Sagrada Escritura, enseña:

1º En cuanto depósito de la fe:

  1. a) La Sagrada Escritura contiene la revelación o Palabra de Dios, pero no toda, porque:
  2. b) También la Tradición es verdadera Palabra de Dios.

2º En cuanto regla de fe:

  1. a) La Escritura no es enteramente clara. Por eso:
  2. b) No es regla de fe suficiente; pero aunque lo fuera.
  3. c) No es regla de fe única, ya porque también la Tradicion es regla de fe (1º, b), ya principalmente porque Jesucristo ha puesto otra regla de fe von plena autoridad docente para interpretarla, que es la Iglesia. Por tanto:
  4. d) La Iglesia, para los católicos, es regla de fe exclusiva en el sentido de que ella sola tiene autoridad o poder de interpretarla sin error; y por tanto, en definitiva, es regla única de fe, en el sentido de que, como la regla de fe verdadera tiene que ser necesariamente infalible, y solo ella goza de esta prerrogativa; sólo ella es regla de fe segura, infalible y única.

Por consiguiente, los particulares pueden interpretar la Biblia, en cuanto su interpretación privada esté conforme con la de la Iglesia y subordinada a ella. Y aun así nunca la interpretación privada de cualquier católico, por eminente que sea, tiene valor oficial y auténtico por sí misma.

Porque, repetimos: sólo la Iglesia es la intérprete auténtica y oficial de la Palabra de Dios.

3º Sobre la justificación

La Iglesia Católica enseña:

  1. a) El hombre es justificado por la fe, como fundamento necesario para la salvación (Hebreos 11,6)
  2. b) El hombre es justificado también por las obras, como complemento necesario para la salvación (Santiago 2, 14; 24-26). Y otros muchísimos lugares.

De manera que ni la fe sin obras, ni las obras sin la fe valen para nada en orden a la salvación. Son las dos necesarias por igual cada una en su orden propio; cualquiera de las dos que falte, es imposible la salvación.


 Capítulo 4 – Fuentes positivas doctrinales y de fe protestantes

 1º – Observaciones generales

10.- Estamos íntimamente convencidos de que las observaciones que vamos a hacer sobre este punto particular, apenas tienen ningún valor para la inmensa mayoría de los protestantes modernos, los cuales, perfectamente en esto consecuentes con los principios del protestantismo, no sólo no quieren saber nada de las personas y fechorías de sus progenitores: Lutero, Calvino, Enrique VIII, Zuinglio y demás corifeos del protestantismo, pero quizá menos aún de sus doctrinas; y por eso arrojando buenamente por la borda como bagaje enteramente inútil todos los Símbolos ideados por los primeros protestantes para concordar en alguna manera las innumerables y profundísimas diferencias en la fe que surgieron entre ellos; se han quedado enteramente ciegos para ver la luminosa verdad que proyecta tantísima discordia sobre la falsedad de la fe que profesan, si es que alguna les queda todavía.

Pero tienen grandísimo valor para aquellos otros que, estén o no de buena fe en el protestantismo, conservan siquiera sea sólo aparentemente el espíritu de sus fundadores.

Y mayor todavía lo tienen para aquellos católicos de ojos tan débiles y enfermizos que, ofendidos por los rayos de luz proyectados por la de que esplendorosa en la frente de su madre la Iglesia, mariposean incauta y vergonzosamente en torno a esa miserable luciérnaga del protestantismo.

Cierto es que, a quienes daña la luz de la verdad, es causa de deserción lo que hubiera de servirles de saludable remedio.

11.- Todos estos, si quieren ver, no tienen más que abrir los ojos, pues es tan clara la luz que arroja este punto de las diferencias protestantes en la fe que, aun sin querer mira, necesariamente quedan iluminados con la luz de la verdad.

Por consiguiente, el no querer ver, más que a falta de luz hay que atribuirlo a falta de buena voluntad.

Porque siendo Dios autor de la fe (principio 5º) que no puede engañarse ni engañarnos (principio 2º), la fe necesariamente tiene que ser una y única (principio 7º y 17º). Luego, es imposible que donde haya diferencias en la fe, esté la verdad.

Si pues la fe y la verdad es una y única siempre, porque la verdad no puede cambiar, el protestantismo que lleva en su entrañas y en sus hechos la variedad y los cambios perpetuos de fe, lejos de ser la fe y religión de Dios, que es la Verdad (San Juan 14,6): es la religión de Satanás, padre de la mentira (Jo 8,44).

Pero en fin, dejemos ahora estas consideraciones y volvamos al punto de partida, de las fuentes doctrinales o de fe protestantes.

12.- Decíamos que el estudio de los documentos, Confesiones o Símbolos protestantes, como suele llamárselos, no tiene hoy día el interés que tuvieron en otros tiempos, pues como ellos rechazan toda autoridad doctrinal que no sea la biblia, sino que son fórmulas convencionales, o si se quiere, expresiones no de la fe exigida por Jesucristo a su Iglesia, sino de la fe individual de aquellos que las compusieron; no pueden ser impuestas obligatoriamente los demás como dogmas de fe sin una contradicción flagrante con la base principal de todo sistema doctrinal de la Pseudo-reforma, que consiste en no admitir otra regla de fe que la Escritura, libremente interpretada por cada uno de los creyentes.

13.- Con todo y a pesar de esa contradicción, o lograron imponerse o fueron aceptadas y seguidas durante mucho tiempo con más o menos fidelidad por unos y por otros, como suelen ellos hacer con todas sus normas de fe, conformándose en esto con su principio fundamental del ¨libre examen¨ en materias religiosas. Esto no obstante todavía siguen teniendo estos Símbolos bastante interés, sea por el hecho de haber no pocosprotestantes que los siguen en la forma directa, sea por razón apologética para nosotros, en cuanto que habiendo sido cuando se publicaron declarados, digámoslo así, dogmáticos, ya que todos los adeptos pertenecientes a las mismas sectas de los protestantes que las suscribieron, se obligaron a tener su doctrina, toda o en su sus puntos principales, por dogma de fe; si ahora las han abandonado, una de dos: o realmente no eran artículos de fe, y entonces erraron en la fe cuantos creyeron en ellos como verdaderamente dogmáticos; o eran artículos pertenecientes a la fe, y entonces yerran en la fe cuantos ahora ya los han abandonado.

Luego por donde quiera que se les mire esas Confesiones de fe protestante, prueban la falsedad del protestantismo, porque donde hay error en la fe, no puede estar la verdad. ¿Qué cosa más clara? (Principio 15º)

Pero es de notar además que precisamente la aparición y existencia de esas Confesiones son una refutación histórica, palmaria y perpetua del protestantismo, que con ningún subterfugio se puede negar.

En efecto: he aquí cuál fue la causa de su origen.

14.- A poco de aparecer la Pseudo-reforma surgió tanta confusión y diferencia de opiniones, en virtud, sin duda, de las nuevas luces que el Espíritu Santo, quiero decir, Satanás, había derramado sobre los nuevos secuaces; que no habiendo manera de poder entenderse entre sí y de conservar intacta la poca doctrina tradicional que habían respetado los Novadores, pro bono pacis se vieron estos en la necesidad de recurrir a lo que han recurrido todas las herejías desde el principio del cristianismo; a saber: a formar sus confesiones o reglas de fe; cosa que ya el gran Tertuliano en el siglo II ponía como signo distintivo del error, y se lo echaba en cara a los herejes de su tiempo con estas significativas palabras:

¨Los herejes varían en sus reglas, esto es, en sus confesiones de fe: Cada uno de ellos se cree con derecho a mandar y modificar, según sus opiniones, la doctrina que ha recibido, así como la compuso según sus ideas el autor de la secta. La herejía conserva siempre su misma naturaleza, no cesando de innovar, y su progreso es semejante a su origen. El permiso que se tomó Valentín (dígase en nuestro caso Martín Lutero), se lo toman también los valentinianos (póngase los luteranos), los marcionitas (póngase: calvinistas) tienen la misma facultad que Marción (o Calvino); porque los autores de una herejía no tienen más derecho a innovar que sus secuaces. Todo se cambia en las herejías y cuando se penetra en su fondo, se hallan en su progresión diferentes en muchos puntos de lo que han sido en su nacimiento¨ (1)

¡Cuán estupendamente dicho y cuán de mano maestra retrató aquel genio africano al protestantismo catorce siglos antes de nacer! ¨La herejía conserva siempre su misma naturaleza¨: la incesante variación.

Ver 2da parte: https://cubacatolica.wordpress.com/2016/01/12/p-nunez-catolicos-y-protestantes-ante-la-biblia-2/

Darovis Caballero Sosa: ¿Quién te cambió la Religión?

Deseo responder brevemente a algunas preguntas e inquietudes que tienen algunas personas de mi pueblo de Manguito y quiero formular otras tantas preguntas a aquellas mismas que, por falta de información y formación en la Fe Católica, hacen juicios superficiales y viscerales sin buscar los medios de conocer la Verdad. Espero recibir una respuesta por parte de ellas a mis preguntas.

Dice la Sagrada Escritura: “Pregunta a tus padres y te contarán, a tus ancianos y te lo dirán”. Es decir, pregunta a las personas mayores si ésta que se les muestra ahora es la Religión que ellos conocieron cuando eran niños. Seguramente te contestarán que “antes era distinto” o, como me dijeron en una ocasión dos beneméritas ancianas: “¡ha cambiado mucho el Canon Sacrosanto!”“nos cambiaron la religión!!!”

¿qué sucedió entonces? ¿quién te cambió la religión? ¿con qué objetivo hicieron tales transformaciones en la Religión que fundó Nuestro Señor Jesucristo, fuera de la cual no hay salvación?

¿por qué quitaron las imágenes de los Santos y desaparecieron los altares a ellos dedicados? ¿por qué muchos de esos mismos Santos fueron “desterrados” del Misal y del Calendario?

¿por qué el Templo ya no es un lugar de oración donde el silencio y el recogimiento propician el clima de adoración al Santísimo Sacramento que debe ocupar el lugar central?

¿por qué despojaron de toda sacralidad el Lugar Sagrado (el Templo) y lo convirtieron en un simple salón donde se puede hacer cualquier cosa y ni les pasa por la cabeza que pueden estar cometiendo un sacrilegio?

¿por qué han perdido el decoro en el vestir y suben al altar las mujeres con tirantes y shorts cortos? ¿por qué esas mismas mujeres leen la Palabra de Dios si ellas a la vista de todo el pueblo en muchas ocasiones viven en concubinato? ¿por qué ya no entran en el Templo con la cabeza cubierta tal y como lo ordena San Pablo en 1 Corintios 11, 5-6?

¿por qué reciben la Sagrada Comunión en la mano y de pie cuando siempre se recibió de rodillas y en la boca?

¿por qué hay mujeres laicas que dicen ser “ministras extraordinarias” con las hostias supuestamente consagradas en bolsitas de colorines por las calles de Manguito bajo el pretexto de que van a llevar la comunión a los enfermos? ¿Quién les dio “autoridad” para tocar con sus manos lo que para ellas es el Cuerpo de Cristo?

Todas estas cosas y muchas más que podríamos enumerar son ajenas a la práctica de la religión católica. Sin embargo, algunos siguen ciegos o lo que es peor, quieren permanecer ciegos porque confunden la fe y la Religión con el Templo. ¿qué es más importante, la fe o el templo? ¿acaso te salvarán las campanas?¿de qué te sirve rezar ante un sagrario que muy probablemente esté vacío puesto que el ministro no cree que la Santa Misa sea un verdadero sacrificio ni en la Transubstanciación?

No obstante, puedo entender la confusión que existe en muchas almas debido a que yo mismo pasé por esa situación y me veía envuelto en las redes de la impostora.

¿Quién es la impostora? Un impostor es una persona que se hace pasar por otra. La falsa iglesia que nació del Vaticano II es una impostora, porque se hace pasar por la Iglesia Católica cuando en realidad es la “contra iglesia”, sinagoga de Satanás.

La crisis actual de Nuestra Santa Madre Iglesia Católica, reducida a expresiones domésticas e individuales, nos obliga hoy a desenmascarar y rechazar a esa impostora, es decir, a la megasecta conciliar que se apropió del nombre de católica y usurpó la sede de San Pedro. Ser excomulgado de esa nueva religión, fautora de muerte, es un mérito para todo aquel que se considere católico y sea consciente del momento aciago y tremebundo que vivimos.

Muchos ni siquiera tienen conocimiento de estas cosas, pues precisamente pertenecen a la falsa iglesia del Vaticano II, que se dice católica, apostólica y romana, y para colmo tiene todo lo que ha tenido siempre la Iglesia Católica verdadera: un papa, cardenales, obispos por todo el mundo, sacerdotes, monjes y monjas. Y por si fuera poco OCUPAN los mismos templos, catedrales, obispados, basílicas etc. que ANTAÑO ocupó la Iglesia Católica, presentando este hecho como prueba de que serían la verdadera Iglesia Católica.

Sin embargo, pienso que cualquier persona que se digne estudiar la religión católica, entenderá que lo que hace ser católica a la Iglesia no es precisamente ocupar ciertos edificios, o tener determinada estructura jerárquica (con papas, cardenales, obispos, etc.) sino predicar y defender la MISMA fe, liturgia y moral que la que predicó y defendió siempre, en todo siglo y lugar, la Santa Madre Iglesia Católica Apostólica y Romana.

Entiendo que muchos miembros de la falsa iglesia conciliar, están allí por ignorancia, muchas veces invencible, dado el aislamiento informacional en el que viven. Además, las nuevas doctrinas de la iglesia modernista son tan agradables al oído humano y mundano del hombre moderno, que no cualquiera se tomaría el trabajo de ponerlo en duda.

Dios conoce los corazones, y a esos que están en la Iglesia Conciliar por conciencia errónea, es decir, porque creen realmente y de corazón que esa es la verdadera Iglesia Católica, Él no los condenará, sino que podrán ser salvos, de la misma manera que podrán salvarse los miembros de cualquier religión falsa (islam, judaísmo, paganismo, budismo, hinduismo, protestantismo, etc.) siempre que pertenezcan a esas religiones porque no han conocido la verdadera Iglesia Católica y el Evangelio de Jesucristo.

Unos dicen que soy Cismático. Yo respondo:

¿Quién es cismático? ¿Yo que deseo permanecer fiel a la Iglesia fundada por Nuestro Señor Jesucristo y que conservaron sin cambiar nada los Apóstoles, los  Santos Padres, los  mártires, los  santos y 260 pontífices durante dos mil años, o ellos  que se separaron de la Iglesia de siempre y negando los dogmas abrazan todos los errores y herejías?

Otros dicen que estoy fuera de la Iglesia. Yo respondo:

       ¿Qué estoy fuera de la Iglesia? Primero hay que aclarara qué Iglesia se refieren; porque de la Iglesia fundada por Cristo, fuera de la cual no hay salvación, nunca he querido salir, y por estar dentro de ella estoy dispuesto a padecer  y morir.  Si se refieren a la iglesia post-conciliar, quiero decirles que no quiero pertenecer a ella puesto que es incompatible con el Catolicismo Romano.

Y otros comentan que no obedezco al Papa. Yo respondo:

¿Qué no obedezco al Papa? Aclaremos, yo estoy con la Iglesia de Cristo, con su Doctrina, con su Magisterio, con todos los Concilios y con todos los Papas desde San Pedro hasta Pío XII. No puedo estar con el resto  porque no son papas, empezando por Juan XXIII por haber sido masón y el autor de la crisis por la que atraviesa la Iglesia y terminando con Jorge Mario Bergoglio, alias Francisco, que dice no creer en un Dios católico, promueve el homosexualismo, dice que la Alianza de Dios con los hombres no se ha cumplido aún y encabeza el peor anticatolicismo que se haya conocido hasta hoy.

No puedo obedecer a éstos, porque al abrazar el modernismo -suma de todas las herejías-  dejaron de ser católicos, y alguien que deja de ser católico no pude ser papa. Así de fácil. San Pablo dice: “es menester obedecer primero a Dios que a los hombres”. Yo pregunto a todos los que se han apartado de la Iglesia fundada por Cristo: ¿Dónde está la bula de San Pío V  sobre la santa Misa?  ¿Dónde quedó el juramento anti-modernista de San Pío X? ¿Quiénes entonces están excomulgados y fuera de la Iglesia? ¿Quiénes andan mal?

¿Nosotros que conservamos el legado de la fe tal como la entregó Cristo a sus apóstoles o los que se han apartado de esa fe atacando los dogmas católicos?

¿Los que luchan de frente contra los pérfidos enemigos de  Nuestro Señor Jesucristo que lo clavaron en la cruz o los que fraternalmente se abrazan a ellos en las sinagogas?

¿Los que reconocemos la Divinidad y la Trinidad de Dios Nuestro Señor, o  los que ponen al mismo nivel a Cristo con los ídolos (demonios) de las sectas como Buda  y Mahoma?

¿Los que conservan los altares para celebrar el Santo Sacrificio de la Misa, o los que destruyeron los altares para sustituirlos por mesas?

¿Los que seguimos creyendo en el Santo Sacrificio de la Misa como el mismo sacrificio de la cruz,   o los que ya no creen y ahora le llaman simplemente asamblea?

¿Los que continuamos manteniendo el sagrario en el centro del altar, o los que lo tienen escondido en algún rincón del templo?

¿Los que con todo respeto le damos solemnidad y recogimiento al Santo Sacrificio de la Misa, o los  que al ya no creer que la Misa es el sacrificio de Cristo en la cruz, la han convertido en una verdadera pachanga?

¿Los que seguimos venerando las sagradas imágenes, o los modernistas de corazón protestante que las retiraron de los templos?

¿Los que recibimos la sagrada comunión piadosamente de rodillas y de manos de un sacerdote, o los que  la reciben de pie, de manera irreverente y de manos de un laico?

¿Los que seguimos pronunciando sermones para el Reinado de Cristo en la tierra, o los que convierten el púlpito  en una tribuna política?

¿Los que defendemos que fuera de la Iglesia no hay salvación o los que siguen un falso ecumenismo diciendo que todas las religiones son iguales, válidas y en todas se alcanza la salvación?

Por último quiero responder a los que dicen que yo “le estoy haciendo daño a la iglesia de la cual soy hijo”.

  1. Si algún día fui hijo de la falsa iglesia que se dice católica pero no lo es, renuncio a esa filiación que me conduce a la muerte eterna. No quiero ser hijo de una impostora ni que se me reconozca como tal. Por tanto, abjuro de ella y manifiesto mi deseo de ser hijo para siempre de la Iglesia Católica, reducida hoy a expresiones domésticas e individuales. En cambio, quiero estar fuera de la comunión con los herejes que ponen por obra el Vaticano II.
  2. No estoy haciendo ningún daño a la Iglesia Católica, pues en ningún momento he fundado una secta con nuevas doctrinas que contradicen la enseñanza católica. En todo caso, los que sí le hacen daño a la fe de las personas sencillas son los lobos con piel de oveja, los falsos pastores que no enseñan ya el camino de la salvación sino de la eterna condenación, disfrazándose de autoridad cuando en realidad no son católicos sino unos usurpadores de lugares que no le corresponden.
  3. Yo no hago más que lo que los sacerdotes católicos de todos los tiempos han hecho: celebro el Santo Sacrificio de la Misa tal y como la Iglesia lo hizo siempre; enseño el Catecismo Tradicional y la Doctrina Cristiana; llevo la sotana porque es el signo visible de mi consagración a Dios y a la salvación de las almas y no me avergüenzo de mostrarme ante todos como lo que soy: sacerdote de Jesucristo por toda la eternidad.
  4. Soy consciente de la crisis sin precedentes que vive Nuestra Santa Madre Iglesia Católica; crisis profetizada por el Apocalipsis. Esta crisis no es más que el comienzo de la Gran Apostasía que nos conducirá a la Gran Tribulación y que será el cardo de cultivo para la llegada del Anticristo. No obstante, el triunfo será de Cristo Rey en su Parusía. A nosotros nos toca Resistir en la prueba y perseverar en la Fe. No olvides la promesa de Nuestra Señora en Fátima, si es que te han hablado de esto en tu iglesia modernista, y que es causa de esperanza en estos tiempos aciagos: ¡Al final, mi Corazón Inmaculado triunfará!
  5. Creo que los que hacen mal a la Iglesia están en otra parte: seguramente muy ocupados en cursos de corte y costura, computación, guitarra y Dios sabe qué más; o también preparando brebajes; o quizás arreglando sus buenos carros; o atacando la verdadera Misa, la Misa de Siempre, la Misa de los Santos. Mientras tanto, las sectas protestantes hacen estragos en tantísimas almas. Hacen daño los que desconocen la Fe Católica y entretienen con historietas y reunioncitas a la gente; los que venden rosarios en cuarenta y cincuenta pesos; los que no enseñan la moral y la religión; los que promueven el sacrilegio en el Templo y diciendo ser monjas desprecian su hábito.

¿Cuál debe ser entonces nuestra posición como católicos?

RESISTIR A LOS HEREJES MODERNISTAS

  1. Profesar que el Vaticano II y las reformas doctrinales, disciplinarias y litúrgicas que han provenido de él, son alteraciones sustanciales de la Fe católica. Esas reformas heréticas, dañinas y blasfemas no pueden proceder de la Iglesia Católica Apostólica y Romana, ya que ella es infalible (no se equivoca) en sus doctrinas, sus disciplinas y en su el culto litúrgico.
  1. el rechazo completo de este concilio como un concilio falso, incluyendo sus decretos y promulgaciones. El Concilio Vaticano II se manifestó para ser un concilio falso, y falto de la asistencia del Espíritu Santo, por el hecho que promulgó doctrinas que fueron previamente condenadas por la Iglesia.
  1. profesar que los miembros de la jerarquía del Novus Ordo, a pesar de cualquieras apariencias de autoridad, no son los Papas católicos verdaderos ni los obispos católicos verdaderos, y no poseen la autoridad para regir, pues son los autores de las abominaciones doctrinales, disciplinarias y litúrgicas que han invadido nuestros lugares sagrados. Es decir, son falsos pastores, usurpadores de los lugares que no les corresponden y deben ser denunciados como tales abiertamente.
  2. La Resistencia que oponemos al Vaticano II y a sus cambios no tiene por fin la obtención de “una capilla lateral tradicional en el interior de la gran catedral modernista”. No, nuestra voz se eleva para rechazar y denunciar la herejía, es la voz de la Fe contra estos herejes que han invadido nuestros edificios sagrados y los han colmado de la abominación herética.No puede haber compromiso con los herejes de las cancillerías vaticanas y episcopales. Es el deber de la Iglesia denunciar a los modernistas y a los impostores que pretenden tener la autoridad católica e incitar a los católicos a no darles crédito, a rehusarles el nombre de católico. Esta denuncia de su falsa autoridad es esencial a la indefectibilidad de la Iglesia, pues la Iglesia sería defectible si aceptara como católicas las doctrinas, disciplinas y liturgias no-católicas que emanan del Vaticano II.
  3. Rechazar la nueva misa y negarnos a participar en ella, puesto que no es la Misa de Siempre, la Misa de los Santos, sino que es una misa impía, una misa falsa que Dios aborrece porque no es el culto que Él instituyó para perpetuar por los siglos el Sacrificio de su Hijo.

P. Darovis Caballero Sosa