Darovis Caballero Sosa: ¿Quién te cambió la Religión?

Deseo responder brevemente a algunas preguntas e inquietudes que tienen algunas personas de mi pueblo de Manguito y quiero formular otras tantas preguntas a aquellas mismas que, por falta de información y formación en la Fe Católica, hacen juicios superficiales y viscerales sin buscar los medios de conocer la Verdad. Espero recibir una respuesta por parte de ellas a mis preguntas.

Dice la Sagrada Escritura: “Pregunta a tus padres y te contarán, a tus ancianos y te lo dirán”. Es decir, pregunta a las personas mayores si ésta que se les muestra ahora es la Religión que ellos conocieron cuando eran niños. Seguramente te contestarán que “antes era distinto” o, como me dijeron en una ocasión dos beneméritas ancianas: “¡ha cambiado mucho el Canon Sacrosanto!”“nos cambiaron la religión!!!”

¿qué sucedió entonces? ¿quién te cambió la religión? ¿con qué objetivo hicieron tales transformaciones en la Religión que fundó Nuestro Señor Jesucristo, fuera de la cual no hay salvación?

¿por qué quitaron las imágenes de los Santos y desaparecieron los altares a ellos dedicados? ¿por qué muchos de esos mismos Santos fueron “desterrados” del Misal y del Calendario?

¿por qué el Templo ya no es un lugar de oración donde el silencio y el recogimiento propician el clima de adoración al Santísimo Sacramento que debe ocupar el lugar central?

¿por qué despojaron de toda sacralidad el Lugar Sagrado (el Templo) y lo convirtieron en un simple salón donde se puede hacer cualquier cosa y ni les pasa por la cabeza que pueden estar cometiendo un sacrilegio?

¿por qué han perdido el decoro en el vestir y suben al altar las mujeres con tirantes y shorts cortos? ¿por qué esas mismas mujeres leen la Palabra de Dios si ellas a la vista de todo el pueblo en muchas ocasiones viven en concubinato? ¿por qué ya no entran en el Templo con la cabeza cubierta tal y como lo ordena San Pablo en 1 Corintios 11, 5-6?

¿por qué reciben la Sagrada Comunión en la mano y de pie cuando siempre se recibió de rodillas y en la boca?

¿por qué hay mujeres laicas que dicen ser “ministras extraordinarias” con las hostias supuestamente consagradas en bolsitas de colorines por las calles de Manguito bajo el pretexto de que van a llevar la comunión a los enfermos? ¿Quién les dio “autoridad” para tocar con sus manos lo que para ellas es el Cuerpo de Cristo?

Todas estas cosas y muchas más que podríamos enumerar son ajenas a la práctica de la religión católica. Sin embargo, algunos siguen ciegos o lo que es peor, quieren permanecer ciegos porque confunden la fe y la Religión con el Templo. ¿qué es más importante, la fe o el templo? ¿acaso te salvarán las campanas?¿de qué te sirve rezar ante un sagrario que muy probablemente esté vacío puesto que el ministro no cree que la Santa Misa sea un verdadero sacrificio ni en la Transubstanciación?

No obstante, puedo entender la confusión que existe en muchas almas debido a que yo mismo pasé por esa situación y me veía envuelto en las redes de la impostora.

¿Quién es la impostora? Un impostor es una persona que se hace pasar por otra. La falsa iglesia que nació del Vaticano II es una impostora, porque se hace pasar por la Iglesia Católica cuando en realidad es la “contra iglesia”, sinagoga de Satanás.

La crisis actual de Nuestra Santa Madre Iglesia Católica, reducida a expresiones domésticas e individuales, nos obliga hoy a desenmascarar y rechazar a esa impostora, es decir, a la megasecta conciliar que se apropió del nombre de católica y usurpó la sede de San Pedro. Ser excomulgado de esa nueva religión, fautora de muerte, es un mérito para todo aquel que se considere católico y sea consciente del momento aciago y tremebundo que vivimos.

Muchos ni siquiera tienen conocimiento de estas cosas, pues precisamente pertenecen a la falsa iglesia del Vaticano II, que se dice católica, apostólica y romana, y para colmo tiene todo lo que ha tenido siempre la Iglesia Católica verdadera: un papa, cardenales, obispos por todo el mundo, sacerdotes, monjes y monjas. Y por si fuera poco OCUPAN los mismos templos, catedrales, obispados, basílicas etc. que ANTAÑO ocupó la Iglesia Católica, presentando este hecho como prueba de que serían la verdadera Iglesia Católica.

Sin embargo, pienso que cualquier persona que se digne estudiar la religión católica, entenderá que lo que hace ser católica a la Iglesia no es precisamente ocupar ciertos edificios, o tener determinada estructura jerárquica (con papas, cardenales, obispos, etc.) sino predicar y defender la MISMA fe, liturgia y moral que la que predicó y defendió siempre, en todo siglo y lugar, la Santa Madre Iglesia Católica Apostólica y Romana.

Entiendo que muchos miembros de la falsa iglesia conciliar, están allí por ignorancia, muchas veces invencible, dado el aislamiento informacional en el que viven. Además, las nuevas doctrinas de la iglesia modernista son tan agradables al oído humano y mundano del hombre moderno, que no cualquiera se tomaría el trabajo de ponerlo en duda.

Dios conoce los corazones, y a esos que están en la Iglesia Conciliar por conciencia errónea, es decir, porque creen realmente y de corazón que esa es la verdadera Iglesia Católica, Él no los condenará, sino que podrán ser salvos, de la misma manera que podrán salvarse los miembros de cualquier religión falsa (islam, judaísmo, paganismo, budismo, hinduismo, protestantismo, etc.) siempre que pertenezcan a esas religiones porque no han conocido la verdadera Iglesia Católica y el Evangelio de Jesucristo.

Unos dicen que soy Cismático. Yo respondo:

¿Quién es cismático? ¿Yo que deseo permanecer fiel a la Iglesia fundada por Nuestro Señor Jesucristo y que conservaron sin cambiar nada los Apóstoles, los  Santos Padres, los  mártires, los  santos y 260 pontífices durante dos mil años, o ellos  que se separaron de la Iglesia de siempre y negando los dogmas abrazan todos los errores y herejías?

Otros dicen que estoy fuera de la Iglesia. Yo respondo:

       ¿Qué estoy fuera de la Iglesia? Primero hay que aclarara qué Iglesia se refieren; porque de la Iglesia fundada por Cristo, fuera de la cual no hay salvación, nunca he querido salir, y por estar dentro de ella estoy dispuesto a padecer  y morir.  Si se refieren a la iglesia post-conciliar, quiero decirles que no quiero pertenecer a ella puesto que es incompatible con el Catolicismo Romano.

Y otros comentan que no obedezco al Papa. Yo respondo:

¿Qué no obedezco al Papa? Aclaremos, yo estoy con la Iglesia de Cristo, con su Doctrina, con su Magisterio, con todos los Concilios y con todos los Papas desde San Pedro hasta Pío XII. No puedo estar con el resto  porque no son papas, empezando por Juan XXIII por haber sido masón y el autor de la crisis por la que atraviesa la Iglesia y terminando con Jorge Mario Bergoglio, alias Francisco, que dice no creer en un Dios católico, promueve el homosexualismo, dice que la Alianza de Dios con los hombres no se ha cumplido aún y encabeza el peor anticatolicismo que se haya conocido hasta hoy.

No puedo obedecer a éstos, porque al abrazar el modernismo -suma de todas las herejías-  dejaron de ser católicos, y alguien que deja de ser católico no pude ser papa. Así de fácil. San Pablo dice: “es menester obedecer primero a Dios que a los hombres”. Yo pregunto a todos los que se han apartado de la Iglesia fundada por Cristo: ¿Dónde está la bula de San Pío V  sobre la santa Misa?  ¿Dónde quedó el juramento anti-modernista de San Pío X? ¿Quiénes entonces están excomulgados y fuera de la Iglesia? ¿Quiénes andan mal?

¿Nosotros que conservamos el legado de la fe tal como la entregó Cristo a sus apóstoles o los que se han apartado de esa fe atacando los dogmas católicos?

¿Los que luchan de frente contra los pérfidos enemigos de  Nuestro Señor Jesucristo que lo clavaron en la cruz o los que fraternalmente se abrazan a ellos en las sinagogas?

¿Los que reconocemos la Divinidad y la Trinidad de Dios Nuestro Señor, o  los que ponen al mismo nivel a Cristo con los ídolos (demonios) de las sectas como Buda  y Mahoma?

¿Los que conservan los altares para celebrar el Santo Sacrificio de la Misa, o los que destruyeron los altares para sustituirlos por mesas?

¿Los que seguimos creyendo en el Santo Sacrificio de la Misa como el mismo sacrificio de la cruz,   o los que ya no creen y ahora le llaman simplemente asamblea?

¿Los que continuamos manteniendo el sagrario en el centro del altar, o los que lo tienen escondido en algún rincón del templo?

¿Los que con todo respeto le damos solemnidad y recogimiento al Santo Sacrificio de la Misa, o los  que al ya no creer que la Misa es el sacrificio de Cristo en la cruz, la han convertido en una verdadera pachanga?

¿Los que seguimos venerando las sagradas imágenes, o los modernistas de corazón protestante que las retiraron de los templos?

¿Los que recibimos la sagrada comunión piadosamente de rodillas y de manos de un sacerdote, o los que  la reciben de pie, de manera irreverente y de manos de un laico?

¿Los que seguimos pronunciando sermones para el Reinado de Cristo en la tierra, o los que convierten el púlpito  en una tribuna política?

¿Los que defendemos que fuera de la Iglesia no hay salvación o los que siguen un falso ecumenismo diciendo que todas las religiones son iguales, válidas y en todas se alcanza la salvación?

Por último quiero responder a los que dicen que yo “le estoy haciendo daño a la iglesia de la cual soy hijo”.

  1. Si algún día fui hijo de la falsa iglesia que se dice católica pero no lo es, renuncio a esa filiación que me conduce a la muerte eterna. No quiero ser hijo de una impostora ni que se me reconozca como tal. Por tanto, abjuro de ella y manifiesto mi deseo de ser hijo para siempre de la Iglesia Católica, reducida hoy a expresiones domésticas e individuales. En cambio, quiero estar fuera de la comunión con los herejes que ponen por obra el Vaticano II.
  2. No estoy haciendo ningún daño a la Iglesia Católica, pues en ningún momento he fundado una secta con nuevas doctrinas que contradicen la enseñanza católica. En todo caso, los que sí le hacen daño a la fe de las personas sencillas son los lobos con piel de oveja, los falsos pastores que no enseñan ya el camino de la salvación sino de la eterna condenación, disfrazándose de autoridad cuando en realidad no son católicos sino unos usurpadores de lugares que no le corresponden.
  3. Yo no hago más que lo que los sacerdotes católicos de todos los tiempos han hecho: celebro el Santo Sacrificio de la Misa tal y como la Iglesia lo hizo siempre; enseño el Catecismo Tradicional y la Doctrina Cristiana; llevo la sotana porque es el signo visible de mi consagración a Dios y a la salvación de las almas y no me avergüenzo de mostrarme ante todos como lo que soy: sacerdote de Jesucristo por toda la eternidad.
  4. Soy consciente de la crisis sin precedentes que vive Nuestra Santa Madre Iglesia Católica; crisis profetizada por el Apocalipsis. Esta crisis no es más que el comienzo de la Gran Apostasía que nos conducirá a la Gran Tribulación y que será el cardo de cultivo para la llegada del Anticristo. No obstante, el triunfo será de Cristo Rey en su Parusía. A nosotros nos toca Resistir en la prueba y perseverar en la Fe. No olvides la promesa de Nuestra Señora en Fátima, si es que te han hablado de esto en tu iglesia modernista, y que es causa de esperanza en estos tiempos aciagos: ¡Al final, mi Corazón Inmaculado triunfará!
  5. Creo que los que hacen mal a la Iglesia están en otra parte: seguramente muy ocupados en cursos de corte y costura, computación, guitarra y Dios sabe qué más; o también preparando brebajes; o quizás arreglando sus buenos carros; o atacando la verdadera Misa, la Misa de Siempre, la Misa de los Santos. Mientras tanto, las sectas protestantes hacen estragos en tantísimas almas. Hacen daño los que desconocen la Fe Católica y entretienen con historietas y reunioncitas a la gente; los que venden rosarios en cuarenta y cincuenta pesos; los que no enseñan la moral y la religión; los que promueven el sacrilegio en el Templo y diciendo ser monjas desprecian su hábito.

¿Cuál debe ser entonces nuestra posición como católicos?

RESISTIR A LOS HEREJES MODERNISTAS

  1. Profesar que el Vaticano II y las reformas doctrinales, disciplinarias y litúrgicas que han provenido de él, son alteraciones sustanciales de la Fe católica. Esas reformas heréticas, dañinas y blasfemas no pueden proceder de la Iglesia Católica Apostólica y Romana, ya que ella es infalible (no se equivoca) en sus doctrinas, sus disciplinas y en su el culto litúrgico.
  1. el rechazo completo de este concilio como un concilio falso, incluyendo sus decretos y promulgaciones. El Concilio Vaticano II se manifestó para ser un concilio falso, y falto de la asistencia del Espíritu Santo, por el hecho que promulgó doctrinas que fueron previamente condenadas por la Iglesia.
  1. profesar que los miembros de la jerarquía del Novus Ordo, a pesar de cualquieras apariencias de autoridad, no son los Papas católicos verdaderos ni los obispos católicos verdaderos, y no poseen la autoridad para regir, pues son los autores de las abominaciones doctrinales, disciplinarias y litúrgicas que han invadido nuestros lugares sagrados. Es decir, son falsos pastores, usurpadores de los lugares que no les corresponden y deben ser denunciados como tales abiertamente.
  2. La Resistencia que oponemos al Vaticano II y a sus cambios no tiene por fin la obtención de “una capilla lateral tradicional en el interior de la gran catedral modernista”. No, nuestra voz se eleva para rechazar y denunciar la herejía, es la voz de la Fe contra estos herejes que han invadido nuestros edificios sagrados y los han colmado de la abominación herética.No puede haber compromiso con los herejes de las cancillerías vaticanas y episcopales. Es el deber de la Iglesia denunciar a los modernistas y a los impostores que pretenden tener la autoridad católica e incitar a los católicos a no darles crédito, a rehusarles el nombre de católico. Esta denuncia de su falsa autoridad es esencial a la indefectibilidad de la Iglesia, pues la Iglesia sería defectible si aceptara como católicas las doctrinas, disciplinas y liturgias no-católicas que emanan del Vaticano II.
  3. Rechazar la nueva misa y negarnos a participar en ella, puesto que no es la Misa de Siempre, la Misa de los Santos, sino que es una misa impía, una misa falsa que Dios aborrece porque no es el culto que Él instituyó para perpetuar por los siglos el Sacrificio de su Hijo.

P. Darovis Caballero Sosa

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