Carta de Mons. Squetino a los obispos sedevacantistas – y III

CARTA A LOS OBISPOS SEDEVACANTISTAS (continuación)

Antes que nada quiero decir que voy a seguir intentando y peleando por la reunión de un cónclave para la elección del Papa. Treinta y ocho años se tardaron (estudiando, discutiendo los teólogos de entonces) para que lo que se llamó el “Gran Cisma” terminara con la elección de Martín V, pero llegaron en su amor por la unidad de la Iglesia y de los fieles católicos a terminarlo con el concilio imperfecto de Constanza. Cincuenta y cuatro años pasaron ya desde la muerte de S.S. Pío XII y todavía no se ha hecho nada, o muy poco.  Que persevere lo que me reste de vida, que solo Dios sabe cuánto será, tratando de poner mi cuota para la unidad de la Iglesia, aunque algunos no lo vean así, no es nada. Si no se logra, en conciencia sé que no habrá sido por mi negligencia como Obispo Católico

            Cuando publiqué las cartas a los Obispos Sedevacantistas, muchos entraron en pánico, pensaron que íbamos a elegir un Papa en la cocina del Seminario durante el desayuno. Qué ridículos por favor no me subestimen. Para mí fue y es una sorpresa ver cuánta división  y espíritu de independencia hay en las almas, de todos, laicos y clérigos. Lo que sí me queda más claro que nunca, es que hay muchos enemigos que tiemblan ante la posibilidad de la unidad católica, y por eso usan un arma judeo-masónica: la calumnia, la mentira, la difamación. Como decían los iluministas franceses: “Miente, miente que algo quedará” (“Mentez, mentez, quelque chose restera”) .

            También, por favor, les pido que no se refieran a mí como un Obispo Sedevacantista. No soy sedevacantista, si el llamarme católico no les parece, hoy que tan de moda están las etiquetas, por favor llámenme “conclavista”, que es una condición sine qua non parar llamarse “católico”.

            Siendo la Iglesia una sociedad perfecta, que no es parte de ninguna otra, ni está subordinada directamente a ninguna, tiene como tal cualidades que le son propias. La primera de esas cualidades, es la potestad de jurisdicción. Es decir, el nexo entre los miembros que la hace sociedad perfecta es el poder de régimen o de gobierno. Sin jurisdicción, no hay sociedad perfecta, no hay Iglesia. Sin Primado y sin Jerarquía que de derecho tenga poder de gobernar súbditos incluso imperativamente, aún con penas y sanciones que obliguen en conciencia y no solo en el fuero externo, no habría Iglesia como sociedad perfecta. ¡Cuánto más destruye la definición de sociedad perfecta la imposibilidad de elegir la cabeza cuando ella falte, es decir, quedar acéfalos y poder seguir viviendo en unidad, una unidad que la da no solo la Fe y el culto (es más, sin el gobierno, la Fe y el Culto se desvanecen), sino también necesariamente el gobierno uno, en este caso, el Papa y los obispos en sus diócesis unidos al Papa!

            La elección del Papa es necesaria para poder seguir llamándonos católicos.

            Decir que no se puede o que no es conveniente, es lo mismo que decir que la Iglesia no es perfecta sino imperfecta.

            Poder se puede, es más, se debe hacer. Si no es conveniente por las circunstancias actuales de división tras división y de espíritu de independencia e individualismo de la mayoría; pues hay que tratar de cambiar las cosas y hacerlo conveniente.

            Si estamos viviendo un período de anarquía total, y los que nos decimos católicos no nos enfocamos en la elección del Papa, debemos dudar de nuestra catolicidad.

            Lo malo de este espíritu individualista que reina en los que se dicen católicos es que mató la confianza de los unos para con los otros. Tantas cosas se han dicho, algunas verdaderas otras falsas, tanto chisme, tanta habladuría sin espíritu de caridad ha minado la confianza que se pueden tener entre sí las almas de buena voluntad. Pues hay que tratar de recuperarla con hechos, no solo con palabras y saber tener un verdadero espíritu cristiano. Saber perdonar, sin rencores y mirando hacia adelante es obra de virtuosos; tenemos que serlo, por amor a Dios, a las almas y a la Iglesia.

            Cuando Nuestro Señor Jesucristo instituyó a su Iglesia, en su voluntad la hizo Jerárquica y con un Primado en San Pedro, que deben ser perennes, perpetuos, es sentencia de fe católica, definida. Para asegurar esta perpetuidad de los sucesores de San Pedro es necesario que esté asegurada la perpetuidad de los electores de sus sucesores hasta el fin del mundo. Si habrán perpetuos sucesores de Pedro, habrán perpetuos electores.

            S.S. Pío XII en su constitución sobre la Sede Vacante, cierra la puerta a que se hagan actos jurisdiccionales que sean propios del Papa en tiempo de Sede Vacante, porque obliga a los electores a que elijan al sucesor de Pedro cuanto antes. Y pone un freno a los abusos de autoridad de aquellos que pensarían que sin el Papa, pueden hacer como si lo tuvieran utilizando la epiqueya, la jurisdicción suplida y así de a poco, pasando el tiempo pensarían que definitivamente el Papa ya no es necesario. Cualquier parecido con el pensamiento del movimiento sedevacantista, es mera coincidencia.

            Hoy, si un Obispo sedevacantista excomulga a alguien o dicta alguna medida de autoridad episcopal, a nadie le importa, como si un Obispo fuera solo para confirmar y ordenar sacerdotes. Para darse cuenta de que no es así, basta ver los textos del Pontifical Romano para la consagración de un Obispo. Todo conduce al gobierno de su grey.

            También sucede con los sacerdotes en las capillas, me consta de muchos casos. Si el sacerdote indica al fiel algo que le molesta,  se retira de la capilla y busca otra donde encuentre alguien que alague sus oídos y le diga lo que quiera escuchar y critique al sacerdote anterior.

            Una Iglesia sin Papa y donde los Obispos solo pueden, como algo propio ejecutar el poder de orden, es absurdo. La Iglesia como sociedad jurídicamente organizada queda en la nada y caemos en las definiciones de Iglesia condenadas por Ss.Ss. León XIII y Pio XII. “Iglesia de la caridad”, “Iglesia pneumática” (sólo espiritual, donde la unión entre los fieles es un vínculo invisible, y no jurídico), términos ya condenados, pero que hoy han vuelto a nacer con toda la fuerza de la mentalidad postmoderna. ¿Dónde? En el movimiento sedevacantista.

            En el movimiento sedevacantista, el fiel elige al sacerdote que va a seguir, mientras le agrade y no le contradiga, ni le imponga obligaciones pesadas, ni le diga que faltar a Misa el domingo sin causa justa es pecado mortal; el sacerdote elige al obispo a quien va a obedecer, siempre que el obispo mande lo que no le moleste ni se meta mucho en sus asuntos y lo visite poco para que no se de cuenta de los abusos de autoridad que comete; y el obispo es feliz así siendo un cero a la izquierda con las bases y sin tener que dar cuentas a nadie arriba, y finalmente todos tienen poder de gobernarse a sí mismos. Definitivamente es otra iglesia, no es la Iglesia fundada por Nuestro Señor. Se parece  más a la constitución modernista de la Iglesia con las comunidades de base y la colegialidad o a algunas sectas protestantes.

            Todo esto es consecuencia de la no voluntad de elegir al Papa.

            ¿Qué pasaría en un Estado cuyo Poder Judicial no pueda castigar, ni dictar sentencia, cuyo Poder Legislativo no pueda dictar leyes y cuyo Poder Ejecutivo no exista o no pueda hacerlas cumplir en orden al bien común, propio de toda sociedad perfecta? Sería un caos, una anarquía. Lo mismo que sucede actualmente en el sedevacantismo, en el cual todos los grupos se jactan de ser católicos, y están todos divididos, y algunos van más lejos diciendo que son los únicos católicos y cada cual tirando para su lado; anarquía total, democratización de la autoridad, subversión del orden natural del gobierno y de la constitución divina de la Iglesia. Jamás a Nuestro Señor Jesucristo se le cruzó por la mente al instituir la Iglesia, como dice S.S.León XIII, el movimiento sedevacantista, que al hacer de la Sede de Pedro vacante una acefalía perenne, hace que la unidad entre grupos similares en su género provenga de una unión meramente moral y no jurídica y así permanezcan separados.

            Esto no es una crítica destructiva de nadie, ni va contra nadie en particular, sólo quiero manifestar lo que creo y estoy convencido es la verdad. ¡Católicos que ven muy bien que la sede de Pedro está vacante, no se queden en esa postura, den un paso más, tenemos que trabajar por la unidad y la elección del Papa!

            La Sede Vacante no puede instituirse como un estado de cosas como viene pasando desde hace cincuenta y cuatro años; sino que es una transición entre la Sede Vacante por los motivos que nos da el Código Canónico y la ocupación por el elegido sucesor de Pedro.

            Los obispos sedevacantistas, tienen el poder de orden y ejercen la jurisdicción extraordinaria de una manera provisional, hasta que la Sede de San Pedro sea ocupada por un Papa verdadero. Y DE NINGUNA MANERA LES ES LÍCITO PERPETUARSE INDEFINIDAMENTE AL AMPARO DE LA NECESIDAD, A TRAVÉS DE LA VIRTUD DE LA EPIQUEYA, SIN PONER LOS MEDIOS ADECUADOS PARA ACABAR CON LA VACANCIA DE LA SEDE APOSTOLICA.

            En Cristo y María,    + Mons. Juan José Squetino S.

A modo de aclaración:

            A Mons. López Gastón SÍ lo ordenó sacerdote Mons. Carmona y Rivera, me consta personalmente. Fue Mons. Carmona quien recibió la renuncia del vínculo matrimonial por parte de su esposa, pues Mons. López Gastón estaba casado. Yo personalmente escuché a Mons. Carmona alabarlo como sacerdote.

            Nunca fue seminarista de la Iglesia Modernista. Fue Hermano Marista, que se desempeñó como tal en Cuba, además era Doctor en Teología, Historia y Derecho Canónico de la Universidad Gregoriana de Roma bastante antes del CVII. Fue dispensado de sus votos cuando el Conciliábulo Vaticano.

            Yo jamás pertenecí a ninguna secta vetero-católica, ni estuve ni estoy en comunión con ninguna. Soy un obispo Católico, Apostólico, Romano. En mi niñez y adolescencia  fui modernista, a los 18 años ingresé en la Fraternidad San Pïo X, de la cual salí voluntariamente y no expulsado y abracé el catolicismo al entender el problema de la vacancia de la Sede Apostólica. Siempre, como obispo, directa o indirectamente, propuse la reunión de un cónclave pues nunca pude entender una Iglesia sin Papa.

            Nunca quise ni le pedí a Mons. Carmona que me consagra obispo, como dijeron en un comentario en un foro anticatólico de internet; primero porque ya teníamos uno que valía por mil obispos sedevacantistas de hoy, Mons. Moisés Carmona y Rivera (que además sí quería positivamente promover la elección de un Papa, también me consta), y segundo porque yo tenía 25 años cuando me ordenó en 1991,(hoy tengo 47)  y él falleció seis semanas después, de hecho la última administración del sacramento del Orden fue con la consagración de Mons. Pivarunas el 24-9-1991; el 1-11-1991 Mons. Carmona entregó su alma al Señor.

            Si los herejes y cismáticos no confieren el sacramento del Orden válidamente por el hecho de ser herejes aún usando el  Pontifical Romano, entonces TODOS los obispos del Conciliábulo Vaticano y sus sucesores no ordenaron ni consagraron a nadie válidamente después, pues fueron todos apóstatas. Por ejemplo en el caso del decreto formalmente herético de la libertad religiosa, diciembre de 1965, (donde con certeza se confirma la carencia de autoridad papal en Montini), el ACTA FINAL fue firmada por TODOS y CADA UNO de los obispos asistentes (2386), AÚN PUDIENDO NO HACERLO; incluídos Mons. Thuc, Mons. Lefebvre y Mons. de Castro Mayer.

            Mons. Thuc proviene de una línea episcopal nestoriana sirio-caldea (herejes), cuya reconciliación plena con Roma ocurrió apenas en 1830. Los obispos nestorianos de la rama caldea que volvieron a la unidad Romana, nunca fueron reconsagrados.

            La línea de Mons. Duarte Costa fue siempre tenida por Roma como válida, basta demostrarlo con un hecho: Mons. Duarte Costa fue excomulgado por S.S.Pío XII en 1945, pocos años después, Mons. Salomao Ferraz, consagrado por Duarte Costa, fue recibido por el mismo Pío XII y se reconcilió con Roma sin ninguna re-consagración bajo condición posterior y fue nombrado obispo titular de Eleuterna, con esto Roma mostró “de jure” y “de facto” la validez de la consagración episcopal de Mons. Salomao Ferraz, quien además estaba casado.

            Los Anglicanos dejaron de tener validez en el sacramento del Orden cuando cambiaron la forma de Consagración Episcopal y de la Ordenación Sacerdotal como lo dice S.S.León XIII en la encíclica “Apostolicae curae” pues ese cambio en la forma del sacramento implicaba un cambio en la intención (como en el modernismo); durante el tiempo que usaron la forma del Pontifical Romano, sus consagraciones episcopales y sus ordenaciones sacerdotales fueron consideradas válidas, aunque ya no estaban en comunión con la Iglesia Romana.

            A los fieles: “no den crédito a todo viento de palabras”, como dice la imitación de Cristo; no alimenten con su lectura o intervención directa a blogs anónimos que sólo siembran la división y la confusión, pues para ellos “dividir es reinar”, mentirosos, calumniadores hijos del Diablo, pues él es el padre de la mentira.

            Cuando hablen de mí, todos tienen mi e-mail para preguntarme directamente. No crean lo que dicen gentes anónimas que ni siquiera me conocen y que inventan calumnias para que no sigamos adelante con el trabajo de unidad que nos propusimos, pues no quieren que los católicos nos unamos.

            “EL QUE TENGA OÍDOS PARA OÍR QUE ENTIENDA” (Nuestro Señor Jesucristo)

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