REVOLUCIÓN Y RELIGIÓN – 2da parte

Autor: Jose Luis Uribe Fritz

che_web

Los frentes de este ataque que hemos señalado y sus fases más determinantes, son los siguientes:
1.-Proceso revolucionario Filosófico-Ideológico-Político (primera fase): revolución francesa 1789.
-Persecución religiosa cruel y sanguinaria (primera fase).
-Prohibición legal de las instituciones religiosas (primera fase).
-Infiltración masónica-revolucionaria de la Iglesia (primera fase).
-Modificación del orden político-legal-institucional: leyes laicas (primera fase).
-Negación de la Revelación y la religión (primera fase).
Siglos XVIII y XIX. Esfera de acción: local y regional; Francia y Europa.

2.- Racionalismo cientificista naturalista: evolucionismo
-Negación del origen divino de la creación (primera fase).´
-Negación de la naturaleza espiritual del hombre (primera fase).
-Negación de la posibilidad del milagro como afirmación de las verdades religiosas.
-Negación del origen divino de la Iglesia.
-Negación de la divinidad de Cristo (primera fase).
-Negación de la revelación y de la religión (segunda fase).
Siglo XIX mayoritariamente. Esfera de acción; mundial.

3.- Gobiernos liberales-radicales.
-Infiltración masónica-revolucionaria de la Iglesia Católica (segunda fase).
-Modificación del orden político-legal-institucional (segunda fase): Secularización del Estado y sus instituciones.
-Separación Iglesia-Estado.
-Concilio Vaticano Segundo (primera fase: proceso de demolición interno de la iglesia).
Siglos XIX y XX. Esfera de acción; mundial.

4.-Proceso revolucionario Filosófico-Ideológico-Político (segunda fase): revolución comunista bolchevique 1917.
-Modificación del orden político-legal-institucional: leyes laicas (segunda fase) y su proyección a los cinco órdenes sociales: político, cultural, moral, económico y social.
-Construcción de los socialismos reales: Estados ateos y anticristianos (primera fase).
-Extinción de la religión por decreto y prohibición de las instituciones religiosas (segunda fase)
-Persecución religiosa cruel y sanguinaria (segunda fase).
-Negación de la naturaleza espiritual del hombre (segunda fase).
-Negación del origen divino de la creación (segunda fase).
-Negación de la Revelación y de la religión (tercera fase).
Siglo XX. Esfera de acción, mundial.

mason_darwinism

5.-Proceso revolucionario Filosófico-Ideológico-Político (tercera fase): revolución comunista neosocialista 1989.
-Construcción de un nuevo socialismo: Estados ateos y anticristianos (segunda fase).
-Extinción de la Revelación y la religión por medio de la modificación de las categorías trascendentales del pensamiento metafísico (nueva teoría revolucionaria. Cuarta fase).
-Persecución religiosa cultural (nueva praxis revolucionaria).
-Negación de la naturaleza espiritual del hombre (segunda fase, nueva teoría revolucionaria).
-Negación del origen divino de la creación (segunda fase, nueva teoría revolucionaria).
-Concilio Vaticano II (segunda fase: convergencia con el proceso revolucionario neosocialista a nivel mundial)

Desde Fines del siglo XX proyectado al siglo XXI. Esfera de acción, mundial.
Antes de seguir, debemos señalar que en este condensado cuadro de la cronología revolucionaria que hemos realizado, omitimos algunos datos ideológicos que consideramos accesorios y no preponderantes del eje analítico que estamos desarrollando; la revolución en su accionar en torno a la religión. Que sin embargo, mencionaremos explicando los motivos de esta omisión, y que vendrían a ser los siguientes:

1.- El liberalismo históricamente, no aparece en forma de “vanguardia revolucionaria”, pues es un rol que nunca ha tenido desde la perspectiva de la revolución contra la religión. Ni en lo teórico como informador de una elaborada doctrina antirreligiosa, ni en lo práctico en la acción sistemática y persistente en el tiempo en su afán destructivo para extirpar de las sociedades, la idea de Dios y el ejercicio social (público y privado) de la religión, cualquiera sea esta, a escala mundial. Salvo el papel que jugó en algunos casos históricos puntuales, cuando la masonería y su consigna doctrinaria, “el libre pensamiento”, se condenso en partidos políticos que produjeron la separación Iglesia-Estado y la promulgación de leyes laicas (matrimonio civil, registro civil, cementerios laicos, escuela laica, etc.). Y es en este sentido, que el liberalismo es posicionado y comprendido dentro de este cuadro.

2.- Otro hecho fundamental que omitimos, porque, reiteramos la razón; no forma parte de este análisis, sino de otro que relaciona a la revolución con la política, sus nuevos atributos y alcances; es la serie de convergencias ideológicas que se están dando a nivel mundial. Una de estas convergencias, y de las más importantes, es la que se está produciendo entre los “liberales de derecha” con los “liberales de izquierda” (neoliberalismo y neosocialismo). Pero que se encuadra en una síntesis ideológica que forma parte del Nuevo Orden Mundial y cuyas particularidades, aunque relacionadas íntimamente con un sincretismo religioso, traza complejidades de codificación en cuanto a sus ramificaciones y objetivos, que se deben estudiar en forma independiente. Porque este NOM, es un ciclo revolucionario tan integral en sus componentes e inédito y definitivo en sus fines, como nunca lo había sido. De allí su gran importancia y al mismo tiempo extrema peligrosidad. Pero no obstante, podemos afirmar por ahora, que la suma de está síntesis ideológica en sus particularidades referidas al derecho internacional que está elaborando este NOM, se puede condensar en la siguiente sentencia: “¡libertad para todo… menos para lo cristiano!”.

3.- Histórica e ideológicamente, el liberalismo ha sido el compañero de ruta de la revolución y la circunstancia de que hoy como ayer; carece de fuerza para oponerse a la revolución de izquierdas, su supuesto antagonista; es por qué siempre ambas posiciones políticas han descansado y operado sobre una base ideológica común: el racionalismo, el ateísmo, la inmanencia y el anticristianismo. La única diferencia que los separa es de forma, no de fondo. Más aún, la renovación ideológica del marxismo se complementa a la perfección con el neoliberalismo, tanto así; que son los políticos de derecha liberales los que están aprobando con su voto, las leyes coercitivas que están limitando la práctica religiosa católica y sancionando a su vez, también legalmente; los nuevos parámetros culturales que están reinformando y reordenando, la educación y la costumbre social, V. gracia; matrimonios homoparentales y el nacimiento de “familias” lésbico-homosexuales, la adopción legal de hijos por parte de estas mismas “nuevas familias”, la no discriminación por “opción sexual”, religión, objeción de conciencia, etc., libertad de cultos, aborto, legalización de las drogas “blandas” como la marihuana, eugenesia, etc.
Por otro lado, históricamente la guerra a la religión en estos dos últimos siglos, ha tenido dos polos claramente definidos desde donde pública y abiertamente se ha irradiado. Uno lo constituye el racionalismo cientificista-naturalista libre-pensador, cuyo eje ha sido la masonería (revolución francesa), y el otro; la ideología liberal, socialista, ácrata y comunista y su práctica revolucionaria-partidista que se ha concentrado en torno al Partido Comunista (revolución bolchevique).

La diferencia, no sustancial, sino de carácter; que se deriva de estos dos polos de irreligiosidad, se puede explicar a modo de dos ateísmos, que podríamos definir a uno laico y al otro político; que finalmente han terminado por superponerse el uno al otro. Por una razón obvia, en ambos operan los mismos agentes y las mismas motivaciones. En efecto, el ateísmo laico desde el racionalismo ha gestado el intento de eliminar “científicamente” lo sobrenatural-revelado de la religión, pretendiendo “racionalizar” empíricamente la religión, para deslegitimizar las verdades doctrinarias y dogmáticas que la sustentan (la revelación, el milagro, la naturaleza divina de Cristo y de la Iglesia, etc.) y de esta forma, explicar al hombre y el mundo, sin Dios y religión, por medio de la “ciencia y el progreso científico” que relegaban al pensamiento religioso, (obstáculo para el “verdadero” progreso humano) al reino de los mitos, arguyendo que la religión en verdad es, una evolución que va del animismo ligado al “miedo” a la naturaleza y sus fenómenos, como consecuencia del desconocimiento de las fuerzas de la misma, hasta el monoteísmo inspirado en una necesidad de control social por las fuerzas políticas que detentan el poder.
La idea que el cristianismo podía haber empezado sin un Jesús histórico empezó a aparecer por primera vez a finales del siglo XVIII por algunos filósofos de la Revolución Francesa. En Alemania, unas pocas décadas después, D.F. Strauss y Bruno Bauer sientan las bases para la teoría que etiquetaría gran parte de la historia de Jesús como “mitología” y los evangelios como “invenciones literarias.” Bauer llegó a dudar de la historicidad de Jesús. Y Strauss por su parte, es quien lanza el grito de combate; “Solo hay una cosa que odiamos, o solo hay una cosa contra la que luchamos, declarándole guerra a muerte. Queremos designar así el único enemigo que el mundo tiene: lo sobrenatural, el más allá”.

Por su parte, el ateísmo político, es un intento de racionalizar el mundo sin Dios y religión, en el cual, desde la revolución comunista bolchevique primero; se intentó eliminar por decreto, directamente el objeto de la religión: Dios. Para que este desapareciera de la sociedad. Y en el neosocialismo ahora, indirectamente, se intenta eliminar el sujeto de la religión: el hombre y su naturaleza espiritual, para que Dios sea eliminado de la conciencia de las personas. Este “ateísmo político”, se manifiesta por medio de un “odio ideológico; que como tal, es plenamente razonado y racionalizado”, no en función de una especulación supuestamente “científica” de negación de Dios y la religión, sino que tiene como causa primera de este odio, a Dios, por ser quien es; y que tiene como objetivo, sustraer al hombre y a la creación de la subordinación a Dios, como relación de causa y efecto, y Creador y creatura; por medio de una subversión en todo orden de cosas y a nivel de todos los seres que pueblan el mundo. De qué forma se produce esta subversión integral que nos afecta, en su ataque contra la religión, es lo que constituye el hilo conductor que relaciona a estos dos ateísmos desde el racionalismo científico original, a las complejas sutilezas del estructuralismo (antropológico y lingüista) que hoy es uno de sus relevos.
Continuando con el análisis de estos hitos revolucionarios que aludimos, es evidente que tienen como parámetro analítico de su secuencia evolutiva, la circunstancia de la modificación del carácter que adquiere la revolución, de una época a otra. Lenin lo declara explícitamente afirmando que, “El carácter de la época, determina el carácter de la revolución”. De esta manera, la nueva forma revolucionaria, da inicio a una nueva etapa del proceso revolucionario, en donde esta nueva manifestación; necesariamente se presenta revestida de una mayor acción en su radio de influencia, producto del sustantivo aumento en la profundidad de su dialéctica ideológica, adaptándose de esta forma, por la misma subjetivación que tiene de la lectura de la realidad, a las condiciones objetivas de cada época histórica. Renovándose mediante la crítica y autocrítica, de aquello que como “praxis revolucionaria” ha demostrado ser ineficaz en la gestación de una “modificación destructiva” del orden socio-cultural, porque ha sido mal formulado en su teorización. Lo que implica que se sumen a la “praxis revolucionaria” en cada periódico histórico, nuevos arquetipos ideológicos (feminismo, existencialismo, indiferentismo, feísmo, utilitarismo, et.) y nuevos sujetos históricos como agentes del proceso de transformación social, como lo son por ejemplo: los indígenas, homosexuales, ecologistas, objetores de conciencia, etc.; y que se desarrolle a su vez, una nueva institucionalidad revolucionaria que los acoge: consejos, asambleas, coordinadoras, movimientos sociales, etc. Lo que es posible percibir nítidamente, en el último ciclo revolucionario de los señalados, (que es el que nos ha tocado vivir) y al cual no siempre se vinculan con la claridad necesaria; en lo que tiene de constitutivo esencial el proceso revolucionario neosocialista; como “praxis revolucionaria” visualizada, conocida y entendida; a partir de sus nuevos prototipos ideológicos, sus nuevos sujetos como agentes de cambio socio-cultural y sus nuevas agrupaciones políticas ejemplificados anteriormente, y su definitiva relación con la destrucción de la religión, desgraciadamente tan desconocida y desestimada.

Como se infiere de lo que venimos analizando de la práctica de la revolución moderna, y que acabamos de indicar más arriba, se desprenden dos grandes polos de acción revolucionaria: uno que promueve una síntesis ideológica y otro que promueve un sincretismo religioso. Y es este sincretismo religioso el que a modo de nueva directriz ideológica, viene a su vez; operando desde distintos frentes, tanto al interior de las Naciones, como en el ámbito internacional. Retroalimentándose con acciones de una nueva práctica revolucionaria, directas e indirectas, personales y sociales, desde la “sociedad civil” hacia el Estado y la Iglesia, desde el hombre y por y para él hombre; y que van constituyendo nuevas vivencias culturales, éticas, educacionales y de costumbre social; mediante la “deconstrucción” de las vigentes, y que finalmente terminan por sancionar un nuevo ordenamiento jurídico, que respaldado por la nueva costumbre social (que es la fuente subjetiva del derecho) coarta en forma sutil, no perceptible en un principio, la práctica religiosa (específicamente la católica), hasta que finalmente la sanción judicial termina teniendo como respaldo externo de su aplicación, el fuero interno de la conciencia de las personas, antes incluso que la ley se haya escrito.

Esta es, a grandes rasgos; la forma táctica, mediante la cual la nueva estrategia revolucionaria, ha venido en gran medida aplicándose. Y entenderla, es comprender en gran parte, el cómo y el porqué, de la energía, el vigor y el avance arrollador del proceso revolucionario. Porque la profundidad ideológica de este neosocialismo, y su eficacia revolucionaria; estriba en que ya no es, la aplicación de una fuerza política de cuadros revolucionarios, que vuelcan la “fuerza violenta guerrillera para-militar” de su acción sobre el orden político, el Estado Capitalista y el capitalismo mismo, para producir el quiebre de las instituciones que los sostienen, y lograr la “liberación” de la clase obrera oprimida “material y económicamente”; que debemos recordar, hace mucho ya junto a la lucha de clases, dejaron de ser el epicentro motivacional que articulaba la revolución. Sino que opera, en su reorientación estratégica-ideológica, con nuevos conceptos de “fuerza”, sobre la persona humana y el sistema religioso-cultural que lo determina en su naturaleza, carácter, origen, fin y trascendencia, y que es necesario reiterar tantas veces como sea necesario; involucra la conciencia de las personas mediante un complejo proceso de “liberalización”, que como veremos, es de “desnaturalización ontológica”, como nueva forma preponderante de subversión revolucionaria comprendida como una también nueva, “irreligiosidad”. Y este sistema religioso-cultural que sostiene al hombre y al mundo, tal cual como son y existen, no es otro, que el que informa Dios mismo, como creador del mundo y del hombre y que los sostiene en su ser y existir; a Cristo, como Dios personal, salvador y redentor del hombre; y a la Iglesia Católica, Apostólica, Romana, en su doble manifestación divina, estos es; como la única y verdadera fuente por donde fluye la eficacia salvífica de la gracia deiformante y como el cuerpo místico de Cristo.

Los grandes –como dicen ellos mismos- nuevos “paradigmas” ideológicos, que constituyen a su vez, esta nueva “praxis” revolucionaria antirreligiosa, son el modelo hegemónico gramnsciano y las dos estrategias revolucionarias nacidas de la Escuela de Frankfurt: el estructuralismo y el deconstruccionismo. Pero además, se agregan a estos principales componentes de la renovación socialista, el marxismo-freudiano y la relectura del joven Marx. Y es precisamente allí, en los textos revolucionarios precoces del joven Marx, en donde la gran mayoría de sus herederos han bebido, reformulado y puesto a la orden del día; la guerra contra la religión. En ellos Marx asegura que, “La misión de la historia consiste, pues, una vez que ha desaparecido el más allá de la verdad, averiguar la verdad del más acá. Y, en primer término, la misión de la filosofía, que se halla al servicio de la historia, consiste, una vez que se ha desenmascarado la forma de santidad de la enajenación humana, en desenmascarar la autoenajenación en sus formas no santas.” Y estas formas no santas deben ser comprendidas, como todo aquello que no constituye una relación formal religiosa con Dios, esto es; entendiendo como distintivos de esta formalidad, a la religión como institución, con sus jerarquías, instituciones, miembros, dogmas y doctrina, que ya no son objeto de un ataque manifiestamente directo, como frente único a atacar. Sino que indirectamente se le socaba también desde allí, desde el terreno que constituye su campo de acción y donde únicamente puede ejercer su fructífera labor: la persona humana (y por extensión obvia, la familia) en su calidad de naturaleza caída apta por lo mismo; para aplicarle los remedios e instrumentos sacramentales tendientes a regenerarla y volver a encauzarla hacia Dios y producir su salvación. He aquí todo el meollo del ataque revolucionario neosocialista a la religión: Todo aquello que tiene un sello divino, es violentamente atacado, para desnaturalizarlo, subvertirlo y finalmente sustraerlo a la subordinación de Dios, como Padre, Creador y Redentor.

De qué forma se ha llegado a esta nueva práctica revolucionaria, no es posible entenderla sin al menos mencionar escuetamente algunos de los hitos de la renovación socialista y que señalamos a continuación.

La complejidad de este ataque revolucionario, lo constituye no solo la enmarañada conceptualización ideológica en su nuevas categorías, sino además, porque se ha perdido la formalidad de precisamente “las formas revolucionarias” que ya no son tan nítidamente asociadas a grupos, partidos, nomenclatura y alianzas identificadas con la hoz y el martillo. Este difuminar de las formas tradicionales de los organismos revolucionarios y el surgimiento de otras, está íntimamente ligado a la renovación del socialismo, que se ha flexibilizado enormemente al desechar, por un lado; al materialismo histórico en su lectura economicista que anquilosó la teoría revolucionara en dogmas incuestionables y le otorgó a la economía, el rol de ser la única superestructura que causaba las contradicciones y condiciones de opresión de la clase obrera, y por otro; al descartar el modelo de revolución unipartidista de tipo soviético, que a su vez, burocratizo la práctica revolucionaria en una vía única de ejecución, haciendo caso omiso de las particularidades propias objetivas de la nación en la cual se pretendía “hacer” la revolución. Al respecto, quien dinamiza en forma extraordinaria la práctica revolucionaria, en el sentido señalado, es Palmiro Togliatti. Este socialista amigo, camarada y perfeccionador de Gramsci, afirma que “allí donde se está construyendo el socialismo…allí está la vanguardia”. De esta forma, el Partido Comunista pierde por primera vez en la historia, su rol de “vanguardia del pueblo”. Deja de estar a la cabeza como único organismo válido para hacer la revolución y deja de ser el epicentro de las alianzas y frentes en torno del cual se aglutinaban las fuerzas revolucionarias progresistas bajo su férrea directriz. Pero esta pérdida de influencia de cara a la revolución por parte del P.C., lo ha relegado no a un segundo plano, como se pudiera pensar, sino que lo ha reconcentrado en su rol de gestor de las nuevas estrategias revolucionarias. Es así, que indefectiblemente, cómo es posible comprobar en la mayoría de los países hispanoamericanos, las resoluciones programáticas de los P. C. locales, terminan por transformarse en las políticas públicas de los Estados. Por último, es imposible no terminar este incompleto análisis de la renovación socialista, sin ejemplificar lo señalado con la experiencia del “foquismo” del “che Guevara”. Este emblemático y despiadado prohombre de la revolución, en su inútil intento “subjetivo” por cierto, de hacer la revolución en Bolivia a partir de parámetros “dogmáticos” que se creían infalibles por su “objetividad científica”, sin tomar en cuenta para nada las condiciones propias del país en cuestión, y sus “habitantes”; llegó a señalar, que era “más fácil encontrar piedras revolucionarias que campesinos dispuestos a hacer la revolución” y terminó como todo el mundo sabe, siendo entregado a la policía, precisamente por esos mismos “campesinos” que pretendía “liberar” con su intento de sedición revolucionaria “científicamente comprobada”.
Se entiende así la autonomía de los movimientos ideológicos como feminismo, indigenismo, ecología. El polo de identificación revolucionaria ha sido removido de la “identidad de clase” a la de “identidad de anticristiano”.

En síntesis, tenemos que estos dos polos de la guerra contra la religión, uno que ha girado en torno a la masonería, y el otro; en torno al comunismo tradicional, ahora, neosocialismo, si bien es cierto, coinciden en sus objetivos y fines, se distribuyen la influencia de su acción en una forma que sin embargo, guarda inequívocas analogías en su estrategia de demolición de la religión, complementándose además, en la forma en que producen la dinámica del movimiento de retroalimentación ascendente del proceso revolucionario desde los organismos donde operan. En síntesis, la masonería ha atacado y demolido la doctrina en su tres puntos, verdad, rito y moral y lo que acata por su parte la revolución, desde fuera de las formalidades no santas, incluye el orden natural y la naturaleza misma de los seres tal cual como salieron de las manos de Dios. Por último, debemos señalar que lo que produce la dinámica del proceso revolucionaria, esta dado por la interacción de los que están dentro del proceso institucional formal, con los que están fuera de la formalidad política, esto es, la sociedad civil y los movimientos sociales. Iglesia-revolución. Estado-revolución.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s