Comentario de un teologo católico sobre el P. José Vicente

[Nota de David Martínez: A nuestra página web llegó este excelente comentario de un teologo católico. Lo compartimos con nuestros lectores como un artículo independiente por la gran cantidad de aspectos que toca de forma elegante. Muchas gracias a su autor.]

El Padre José Vicente, o José Ramón, demuestra, con su falsa teología y doctrina personal, contraria a los sagrados cánones del Concilio de Trento, citados en el artículo sobre el que se hace este comentario, que es hereje especialmente antitridentino.

Su concepto de “Ordenación, o consagración”, “conferido válidamente con la intención que tiene la Iglesia” es completamente distinto a la fórmula católica dogmática de “Ordenación con la intención que tiene la Iglesia”, no el ordenante”, es decir “la impartición del Sacramento del Orden, con intención de ordenar, pero no con la intención de objeto subjetivo intelectualmente equivocado del ministro puramente humano ordenante, sino “con la intención de la Iglesia”, intención eclesial, y del Ministro Principal ordenante causal (Jesucristo), intención divina de la Cabeza de la, Iglesia, e intención eclesial eminente, que tiene el remate del objeto real sacramental que conoce ortodoxamente Jesucristo y la Iglesia, no el hereje, ministro instrumental activo y, por tanto, secundario, de la Ordenación Sacramental.

“Suplet Ecclesia”, para bien de su grey, à la que no abandona, ni bajo el empuje de los herejes metidos en las instituciones del aparato externo de la Iglesia Santa. Es eficaz y, por consiguiente, válida la impartición del Sacramento del Orden Presbiteral y de la consagración Episcopal, hecha por un obispo válido hereje, ateo, comunista, etc., pero que tiene la intención de ordenar, o consagrar, según la intención que tiene la Iglesia, principalmente su “Cabeza Invisible”, Sumo y Eterno Sacerdote ordenante causal eficiente, no instrumental, teniendo esas intenciones, sin conocimiento del hereje ministro secundario instrumental del Sacramento, un objeto real propio en cuya definición y comprensión dogmáticas católicas no cree el hereje, que cree pues, que la intención de éste, oficiando la ceremonia pertinente, tiene por objeto (extramental, real) el que piensa erróneamente dicho hereje, pero que, como digo, en realidad, es un objeto extramental conocido como verdadero exclusivamente por la Iglesia que lo concibe dogmáticamente, y que es distinto al que piensa el hereje, o ateo. De lo contrario carece de sentido la fórmula de “ordenar, o consagrar, al menos con la intención que tiene la Iglesia”, fórmula aplicada al hereje oficiante, que no cree en la Iglesia, ni conoce, como lo conoce Cristo y el católico instruido, el verdadero y real objeto del acto ceremonial sacramentario, ni la índole acertadamente católica del acto ritual en cuestión.

José Ramón substituye esta doctrina católica, por una crítica salida de su racionalismo particular, de su mente individual y desvinculada de la Iglesia, es decir, una concepción de librepensador real e inconfeso, espuria, no magisterial, privada o particular, no auténtica, hereje, no católica, de él, no de Cristo, ni de su Iglesia. No es ni católico, ni teólogo católico, sino donatista, anticatólico, especialmente antitridentino.

Además se opone a la Constitución Dogmática De Eclesia, del Concilio Vaticano I, en cuanto este extraviado, que pretende extraviar con sus argumentos humanos erróneos, y su herética pravedad, a los católicos, niega que haya Jurisdicción en la Iglesia terrenal, durante la Sede Vacante, si los Obispos católicos, que permanecen durante ella, carecen de mandato previo pontificio, previo a su consagración Episcopal, mandato que José Ramón afirma indispensable para que el Obispo tenga jurisdicción. Niega la jurisdicción proveniente de la potestad de régimen conferida “ex opere operato”, en germen, en el Sacramento del Orden, en los tipos de Episcopado y Presbiterado, pervirtiendo, José Ramón, la idea del Sacramento del Orden, y confundiendo “simpliciter” la “Potestas Clavium” papal, con toda la potestad de régimen, no reconociendo a ésta última origen sacramentario alguno, el cual está incluido en cada obispo válido.

Niega la jurisdicción eclesiástica en un período de sede papal Vacante que José Ramón afirma ser el actual, pero se zambulle (como súbdito y en sumisión que llama, erradamente, obediencia) en una jurisdicción efectiva, de regimiento de uno a quien cree Obispo Católico sin jurisdicción eclesiástica, pues éste no ha sido Consagrado con mandato papal. Si ese obispo no tiene jurisdicción eclesial ni eclesiástica, y el José Ramón ese la reconoce, necesariamente como no eclesiástica ¿De dónde procede esa jurisdicción? ¿De Dios? ¿Una jurisdicción no eclesiástica pero divina, no procedente de la Iglesia ni perteneciente a Esta, pero otorgada por Dios directamente a esa persona? Ni Dios la da directamente, sino a través del Sacramento del Orden, y determinada ordinaria y externamente cuando la concreta o delimita históricamente el papa, ni toda potestad de régimen y toda jurisdicción eclesial procede de la “Potestas Clavium” papal. Ni los Obispos reciben toda su potencialidad rectora, del sucesor de, Pedro, como los apóstoles no la recibieron de Pedro, sino directamente de Jesucristo, en la, Sagrada Cena y en el mandato y misión que dio a sus apóstoles antes de la, Ascensión, confirmada y reforzada por Pentecostés, no dado a Pedro y éste a los demás apóstoles, sino directamente el Espíritu Santo a cada uno de los apóstoles y su colegio.

José Ramón es teologito mediocre que hace teología intrusa, reemplazadora herética del Magisterio católico Tradicional; no sabe , ni reconoce lo que es el Sacramento del Orden, sus efectos, ni lo que es la Iglesia, ni profesa el dogma católico íntegro, o sea, la Fe Católica, a la que activamente se opone, enseñando herejías. Su posición, estrategia y política, son la de sentenciar inválidos a los Obispos católicos, el bondadosísimo Monseñor Squettino Schattenhofer y el honrado Mons. Loya, que no ven, ni pueden ver, porque son inteligentes, cristianos de espíritu, catolicidad en esos hombres sectarios.

Si la jurisdicción a que se somete Pepe Ramón, para ser ordenado ahora, no la da Dios, ni es eclesiástica, ¿De quién procede? Del Diablo. ¿Si no viene de Cristo y su orden eclesial de regimiento? ¿De quién viene? De un hombre, de su dominio puramente humano, disfrazado de Divino, de directamente elegido por Dios para ser “Obispo jefe” de los católicos, aunque se trata de jefe de una presunta turba de herejes que se dicen católicos sedevacantistas “conclavistas”; de uno que niega la jurisdicción eclesiástica actual, y niega que el episcopado sea Sacramento, o Sacramento del Orden, o sea, de un anticatólicismo antitridentinismo, sectarismo, antitradicionalismo, revestidos de imágenes lujosas de pomposo Barroco, del que, por tanto, es enemigo oculto y radical en el espíritu genuino, no en las formas exteriores artísticas de cuya grandiosidad hace alarde como cosa suya, e inmenso imperio suyo de riqueza tradicional, sin pruebas, por supuesto, sin que nadie ajeno sepa – porque no lo dice al público- ni la calle ni el número de ni una sola de las capillas, seminarios, colegios, inmensos palacios o edificios, montón de Clérigos, y montón de frailes y monasterios que afirma existen y sobre los que dice reinar. Es el preparador del advenimiento del Anticristo, a quien se asemeja profundamente, es el ariete ostentoso contra la Iglesia del pequeño rebaño del Señor en la Tierra, es el instrumento hipertrofiado diseñado para el extravío de los últimos católicos restantes, es el valido del Maligno, vestido de pastor, revestido de poses de bondad. Es el blanco por fuera, y oscuro dentro.

Habéis dicho bien, Señor Martínez, oscuro, muy oscuro, en la era de las tinieblas del infierno, sobre la Tierra.