Las mentiras de Pablo Rojas y su epígono el P. José Vicente

11 de abril del 2021 (Domingo In Albis)

Muchos buenos católicos piensan que he dedicado demasiado tiempo a las inmundicias relacionadas con la Impía Desunión de Pablo Rojas y sus íntimos servidores. Y quizás tengan razón. Pero les diré por qué continúo: nunca antes había visto mayor maldad, profunda y demoníaca (en acepción técnicamente religiosa), contra la Iglesia y su apostolado.

Los métodos de ataque que emplea Rojas, para asustar y disuadir a los católicos que como yo, censuran, con objetividad, la falsa propaganda de su persona y de su hermética secta, la cual hace pasar por católica tradicional, son simple y llanamente diabólicos en sumo grado, según mi humilde percepción.

Por ello quienes con atentados criminales hacen apología de este sujeto debe ser descubiertos y denunciados públicamente, ante el tribunal de la Iglesia y del Orbe, cual banda criminal que a los católicos serios, ataca horrendamente, como si de un proyecto diseñado por el Príncipe de este Mundo para desvirtuar, corromper, adulterar la ortodoxia y rectitud integral de la Iglesia Católica, se tratara.

Pues sépanlo bien todos, y sépalo el susodicho Pablo Rojas, a quien desde aquí advierto, a él y a sus dos o tres seguidores, una vez más: TENDRÁN QUE MATARME PARA QUE ME CALLE. NO LES TENGO MIEDO. ¡VERDAD O MUERTE!

Todo lo que he publicado de Pablo Rojas estaba, o está, a los ojos del público y resulta demostrable. No se está haciendo ninguna revelación de secretos informáticos, pues está todo en Internet. Repetimos, toda la farsa de Pablo Rojas es pública, y cualquiera puede verificarlo. Y por lo menos yo, lejos de temerle a la supuesta querella legal, la deseo vivamente, pues esta nos dará la oportunidad de que salgan a la luz más atrocidades, ardides y mentiras, que una vez puestas en actas judiciales públicas, podrán ser mostradas legalmente al mundo entero.

Breve repaso de las últimas mentiras

El 3 de enero 2021 «la Pía Unión» publicó por Facebook y todas sus redes sociales (durante todo el mes) un Comunicado contra mí, donde me acusan entre otras cosas de estar separado de Mons. Squetino. También daban a entender que Mons. Squetino aprobaba ese Comunicado en mi contra. ¡Y AL FINAL LO QUE DIJERON ERA FALSO!

Ese mismo día, 3 de enero 2021, el padre José Vicente le envió este mensaje a un amigo mío: «David es un seglar que ha molestado a varios obispos: Squetino, Pablo Rojas, Korab, Simón Sharf, Hubert.» Pero de todos esos obispos al único que he «molestado» es a Rojas. Por lo tanto, ¡LO QUE DIJO ERA FALSO!

El 25 de enero del 2021 en la página web del Padre José Vicente aparece un comentario a nombre de un tal «Leganin» que se dice francés y me acusa de haberle estafado dinero bajo el pretexto de la Campaña de la Compra de la Capilla en Cienfuegos. ¡Y AL FINAL LO QUE DIJO ERA FALSO!

El 26 de febrero del 2021 el padre dijo que yo le había ofendido por enviarle este mensaje:

«Eres un crápula sinvergüenza, y no es acorde a tu condición infernal estar diciendo que no permitirás estafadores en Francia: deberías comenzar por salir tú mismo de Francia para que en dicho país haya un parásito menos.»

Pero la verdad es que dicho mensaje no iba dirigido a él, sino al comentarista anónimo «Leganin» que él permitió que me calumniara en su blog. Por lo tanto, ¡LO QUE DIJO ERA FALSO!

El 19 de febrero 2021 «la Pía Unión» dijo que el “Comunicado Oficial de Mons. Squetino” del 11 de febrero donde me defendía de las calumnias era espurio e invento mío.  ¡Y AL FINAL LO QUE DIJERON ERA FALSO!

El 21 de febrero de 2021, Mons. Squetino, vuelve a publicar otro comunicado, titulado “A modo de Aclaración II”, (aquí) donde desaprueba los métodos y actitudes del padre José Vicente. Y es partir de aquí, que al ver que no podían utilizar a Mons. Squetino para denigrarme y decir lo que les diera la gana en mi contra, entonces empezaron a atacar a Monseñor. Dicho ataque a Monseñor tuvo 2 momentos:

Primero, cuando el padre José Vicente se separó de su legítimo obispo Squetino, cosa que hizo pública el 26 febrero del 2021 a través de su escrito titulado «RÉPLICA A «A MODO DE ACLARACIÓN II» DE M. SQUETINO Y RESOLUCIONES»

Segundo, cuando en menos de un mes, el 17 de marzo, el padre José Vicente publicó su escandaloso escrito titulado: «¿ES JOSÉ VICENTE RAMÓN SACERDOTE?» donde declara nulo el episcopado de Mons. Squetino. ¡Qué descubrimiento tan rápido hizo el padre José Vicente! El 26 de febrero trataba de obispo a Mons. Squetino y unos días después, el 17 de marzo, ya le había quitado la mitra. ¡Qué ejemplo de honestidad!

Sobre Don Ricardo de Perea

En el artículo titulado «Querella criminal interpuesta en el juzgado decano de Bilbao contra David Martínez» publicado el 10 de abril del 2021 en la página del padre José Vicente González Cipitria, este declara que Don Ricardo de Perea es mi aliado teológico, y además escribe:

«Es muy probable que la querella pudiera ser ampliada a la luz del nuevo artículo aparecido en el blog de este laico intitulado «Comentario de un teólogo católico sobre el P. José Vicente», donde se infama a José Vicente Ramón y al Obispo D. Pablo de Rojas, que con toda seguridad está escrito por el «sacerdote» del Novus Ordo, D. Ricardo de Perea, reducido al estado laical por su «obispo» Yangüas, y cuyo blog no es apto para personas que quieren abrazar la pureza, ya que las denigra tratándolas de puritanos y más insultos, y en el que se muestran hombres desnudos en estado de máxima excitación. No es apto  ver los blogs de este «sacerdote» a personas modestas que aman la virtud de la templanza y quieren mantener la pureza del corazón y de los ojos, pero considerando  que a los fans del laico David no les importa mucho pecar al seguir sus heréticas doctrinas y hacerse eco de sus calumnias, sumadas ahora a las de D. Ricardo de Perea- cuya doctrina sobre la jurisdicción de los obispos estando la Sede Vacante es la misma herética sostenida por conciliábulo Vaticano II y David,  no tendrán inconveniente éstos, casi de seguro, en ver el tipo de blog de este “sacerdote”».

Pues yo le respondo al padre José Vicente lo siguiente:

1. No conozco personalmente a Don Ricardo de Perea. Simplemente él me escribió por email por primera vez el 5 de marzo de 2021 diciéndome esto:

«Desde la línea del celular de Rojas se me conminó para que de ningún modo me pusiese en contacto con Ud., y borrarse toda mención del Sr. D. David Martínez y Cuba Católica, de cualquiera de mis blogs. No teniendo nadie derecho a prohibirme tal cosa, desde luego nadie de ese grupo de Bilbao, hago uso de mi derecho y libertad de comunicarme con Ud.»

2. Desde ese día, Don Ricardo se enteró de que yo estaba recibiendo una serie de mensajes criminales, que él asoció enseguida con los que había recibido él, todos con el denominador común de una criminal defensa de Pablo ante cualquier crítica. En el caso de Don Ricardo, para obligarlo a pertenecer a la Pía Unión, y en el mío para que yo no siguiese denunciando las mentiras de Pablo Rojas. En el mismo tiempo Don Ricardo se entera de que Mons. Squetino es igualmente víctima. Mismo tipo de crímenes, mismo origen y semejantes objetivos.

3. Don Ricardo tiene en sus blogs tres contenidos con los que no estoy de acuerdo, y a él se lo he manifestado, llegando incluso a tener largos debates con él sobre esto, a saber:

a) su aprecio de un determinado nacionalsocialismo;

b) su tesis denominada euetnista (Racismo sin odio, ni vulneración de Derecho Natural) y Euetnismo Arianista,

c) su defensa de la licitud y moralidad de desnudos explícitos en los Blogs, artículos científicos, de cuestionarios de Ética y Moral (católica), Derecho antiguo, arqueología y Humanidades. Aunque también es cierto que él tiene esos artículos reservados a personal estudioso sin interés carnal y con gravísimos advertencias previas, por el solo hecho de que estén accesibles a todo público que pueda visitarlos, constituye, según mi opinión, algo peligroso e imprudente desde el punto de vista pastoral.

En ninguno de esos temas pienso como él, y es una deshonestidad de Pablo Rojas, de José Vicente y de cualquiera que secunde sus pasos, incurrir en la falacia infundada, de falsa asociación deliberada, imputándome, con plena falsedad y mezquindad, a mí, las cosas que hace o publica Ricardo de Perea en sus páginas webs. Soy responsable de lo que publico en mi página web, pero no lo soy de lo que otros publiquen fuera de mi ámbito de dirección divulgativa. Esto es de sentido común.

4. Sobre la afirmación de que Don Ricardo de Perea y González, ha sido privado del estado laical, por la secta Montiniana, dejo que sea él quien se defienda. No obstante, aclaro que no reconozco validez a los actos que se dicen “canónicos”, de la secta Conciliar. Por otra parte no me compete juzgar a nadie en esa materia. Sin embargo es justo añadir que tengo noticia de que no hubo proceso judicial penal, y la denominada “pena” en cuestión no ha sido ejecutada por el Anti papa Francisco, y además en el “decreto” definitivo no se atribuye a don Ricardo, delito o delitos, ni se le menciona imputación alguna de pederastia. Sin remisión a fuentes oficiales, sin pruebas auténticas a la vista, y sin que la Autoridad Eclesiástica competente, verdaderamente católica, que yo reconozca, conozca y juzgue el caso, no se puede juzgar en ámbito canónico, máxime sin acceso a toda la documentación original. Lo obligadídimo, pues, en el actual estado de cosas, en Moral católica, bajo pena de pecado mortal muy grave, es abstenerse de juzgar, y presumir la inocencia del acusado; “in dubio, pro reo”.

5. Todo católico serio defiende que en sedevacante los obispos consagrados válida y legítimamente, incluso sin mandato papal (¿de quien lo van a recibir si no hay Papa?) tienen la jurisdicción y la legitimidad de los obispos católicos de la Iglesia, y no creen, como afirman los acéfalos, los Cassiciacum y el Padre José Vicente, que son unos meros expendedores de sacramentos, quienes teniendo el solo poder del orden están privados de jurisdicción. Podríamos citas diferentes autores anti-conclavistas, pero creo que es suficiente con citar el artículo del Padre Francesco Ricossa, «La elección del Papa» publicado en 2002, donde dice literalmente lo mismo que opina el padre José Vicente:

«Los Obispos consagrados sin mandato romano en las condiciones excepcionales de la actual vacante (formal) de la Sede Apostólica, han sido consagrados válidamente e incluso, en nuestra opinión, al menos en algunos casos, legalmente; pero sin embargo, están, de la manera más absoluta, privados de jurisdicción por el hecho de que el Obispo recibe la jurisdicción de Dios sólo por intermedio del Papa, un intermediario excluido en nuestro caso»

6. La verdad dígala quien la diga, procede del Espíritu Santo, decía Santo Tomas de Aquino. Pues bien, si un protestante, un veterocatólico o un modernista incluso, dicen una verdad teológica, dicha verdad viene del Espíritu Santo, en la medida que ellos tienen vestigios de la fe verdadera de cuando fueron parte de la Iglesia Católica. Así por ejemplo los protestantes defienden la Santísima Trinidad, y los veterocatólicos defienden la veneración de las imágenes, y los modernistas defienden el sacramento de la confesión, por poner solo algunos ejemplos.

Pero también en la medida en que conozcan realidades o verdades naturales, por vía filosófica, y conceptos y argumentos, o bien palabras en que podamos trasvasar nuestros conceptos, sean útiles, y podamos convertirlas en doctrina nuestra, conexa con nuestros principios metafísicos. De ahí que desde Parménides, Platón, Aristóteles, Escoto y Suárez en sus respectivas filosofías, Kierkegaard y el nacionalsocialista Heiddeger (útiles al tomismo del gran Cornelio Fabro), Nietzsche, Unamuno, cualquiera nos puede proporcionar material aprovechable sin que aceptemos ni los principios últimos desviados que tengan, ni sus respectivos sistemas filosóficos.

7. Desde el punto de vista eclesial, Don Ricardo de Perea no es ni siquiera un sedevacantista clásico, sino más bien un opinionista. Él sostiene que la realidad de la Sedevacante no es objetivamente constatable para todos en la Iglesia y que por lo tanto solo obliga a mi conciencia particular (quoad me), pero no a los otros (quoad alios), postura muy similar a la defendida por el padre Basilio Méramo, quien dice que el sedevacantismo es evidente quoad sapientes, pero no quoad omnibus.

8. Don Ricardo de Perea no es tampoco conclavista, porque sostiene que el Conclave, como figura jurídica y realidad, es en esencia y por definición la reunión de Cardenales, Clero Romano propio, para la elección de Papa durante la sede papal vacante.

Según él, la reunión de todos los Obispos verdaderamente católicos para tomar una resolución dogmática (con presidencia de Papa), o disciplinar, es por esencia, concepto, definición y nombre propio: Concilio Ecuménico. No ha concluido su estudio sobre el tema.

Aclaramos que él no es sacerdote sometido oficialmente a disciplina de Mons. Squetino, de Mons. Loya, o de algún otro obispo conclavista. No obstante, por honestidad intelectual y viendo que tanto Mons. Squetino, cuanto Mons. Loya son católicos tradicionalistas que desean vivir virtuosamente y no son bandidos, los defiende, por su propia iniciativa, por su cuenta, voluntad, libertad, caridad cristiana eclesial, comunidad dogmática católica, disciplina vigente hasta Pío XII, y por la justicia que ello impone, como a obispos, católicos y tradicionalistas.

Tras experiencias de conocimiento progresivo respecto de Pablo Rojas, durante el período de marzo de 2019 a febrero de 2021, decidió finalmente alejarse de él e irreversiblemente, por motivos gravísimos que dice de honor y Catolicidad, y continúa, pues, solitario, su andadura católica y de investigación.

9. Gracias a su formación académica en Ciencias Sagradas, y su versación en lenguas, y otras disciplinas de Humanidades, Don Ricardo de Perea y González está de acuerdo con lo que enseñan los conclavistas, cuando, con la mente del Concilio Vaticano (1870), decimos que los obispos consagrados en un período largo de Sedevacante, tienen la jurisdicción, recibida en germen en el Sacramento del Orden, pero desligada en función del estado de necesidad, y delimitada por la estructura organizativa y jerárquica de la Iglesia, como no podría ser de otra manera. Negamos que esto sea una doctrina modernista como dice el padre José Vicente en su artículo. Sobre si esto mismo es lo que enseña el Vaticano II, remitimos al excelente estudio de Griff Ruby sobre este particular, el cual pueden encontrar aquí.

10. Por lo tanto, cuando yo le publiqué a Ricardo de Perea su comentario en mi página, cuyo estilo inconfundible identificó Pablo Rojas al leerlo, lo presenté como un «teólogo católico» porque lo que ahí explicaba era teología católica pura y dura, y no porque yo considere que todo lo que defiende Don Ricardo sea correcto, como acabo de explicar anteriormente. Fue una mera cuestión de título del artículo. No estaba yo declarando «teólogo católico» nadie. No obstante, aclaro que el texto escrito por él, no es de mera Teología propiamente dicha, sino una explicación y aplicaciones de la dogmática católica.

11. Don Ricardo ha sido habitualmente mi adversario radical en temas como la fiesta de los toros y otras cuestiones, por encargo, al parecer, de Pablo Rojas bajo el alias de Don Alberto (otro personaje ficticio que al igual que Pedro Gangoiti, utiliza Pablo Rojas para comunicarse con algunos), que le pidió le hiciera el favor de redactar los textos polémicos contra mis posiciones (el 28 de abril del 2020), pero sin que Don Ricardo me conociese siquiera, ni supiese que yo era el administrador de «Cuba católica».

12. Por lo tanto, declaro lo siguiente para tranquilidad de mis buenos lectores:

a) No apoyo la inclusión de fotos de desnudos humanos integrales, en artículos de ética, o moral, que él ha publicado en sus Blogs, pero que ha retirado del acceso del público. Los ha suprimido, por motivos de conveniencia pastoral, y le felicitamos.

b) No apoyo sus conclusiones de investigación sobre nacionalsocialismos y camaradería con algunos Nacionalsocialistas que afirma perfectamente católicos.

c) No me identifico con su defensa de la “Limpieza de Sangre“, a pesar de que él afirme que fue adoptada por los Reyes Católicos y vigente en España hasta la Revolución de 1834. Tampoco comparto su «linajismo», que él cree detraído del “Tractatus bipartitus” del Ilustrísimo Señor Inquisidor de LLerena, Fray Escobar del Corro, O.P. Tampoco secundo su concepción y política racial o «Euetnismo» que cree apoyado en Vázquez de Mella, ni el «nordicismo racial o euetnista» que dice tomar de José Antonio Primo de Rivera.

¿Entonces que es Ricardo de Perea para mí?

Es co-víctima de atentados inauditos demoníacos de criminales indiciariamente secuaces acérrimos de la secta de Pablo Rojas, pues ambos hemos sido víctima de mismos métodos, calumnias y terribles amenazas. Somos co-víctimas, y por fuerza de la Caridad y de la lógica, co-defensores contra el mismo conjunto de delitos atroces.

Por lo demás, cada uno en su casa y Dios en la de todos. Cada cuál su idea, y su camino. Como con cualquiera, si dice algo útil me lo quedo, si no, lo descarto. Como con cualquiera, así de sencillo.

ÚLTIMA ACLARACIÓN

Los conceptos usados por mí y sus palabras, como moral, justicia, secta, herejía, maldad, bondad, honestidad, etc. todos los juicios de valor, todos los pensamientos y expresiones mías en esta declaración son exclusiva, específica, estrictamente CATOLICOS, de pura Religión mía, y no coinciden, o no tienen que coincidir, con los conceptos y juicios que, usando los mismos términos literales, pertenecen a la ideología general o común de los Estados Modernos.

Termino rogando a Dios por todos: por Don Ricardo, por el padre José Vicente y por su nuevo obispo, Pablo Rojas.

David Martínez Espinosa.

2 comentarios en “Las mentiras de Pablo Rojas y su epígono el P. José Vicente

  1. CONCILIO TRIDENTINO
    sesión XIV

    Cap. VII. De los casos reservados.
    Y por cuanto pide la naturaleza y esencia del juicio, que la sentencia recaiga precisamente sobre súbditos; siempre ha estado persuadida la Iglesia de Dios, y este Concilio confirma por certísima esta persuasión, que no debe ser de ningún valor la absolución que pronuncia el sacerdote sobre personas en quienes no tiene jurisdicción ordinaria o subdelegada. Creyeron además nuestros santísimos PP. que era de grande importancia para el gobierno del pueblo cristiano, que ciertos delitos de los más atroces y graves no se absolviesen por un sacerdote cualquiera, sino sólo por los sumos sacerdotes; y esta es la razón porque los sumos Pontífices han podido reservar a su particular juicio, en fuerza del supremo poder que se les ha concedido en la Iglesia universal, algunas causas sobre los delitos más graves.

    Ni se puede dudar, puesto que todo lo que proviene de Dios procede con orden, que sea lícito esto mismo a todos los Obispos, respectivamente a cada uno en su diócesis, de modo que ceda en utilidad, y no en ruina, según la autoridad que tienen comunicada sobre sus súbditos con mayor plenitud que los restantes sacerdotes inferiores, en especial respecto de aquellos pecados a que va anexa la censura de la excomunión.

    Es también muy conforme a la autoridad divina que esta reserva de pecados tenga su eficacia, no sólo en el gobierno externo, sino también en la presencia de Dios. No obstante, siempre se ha observado con suma caridad en la Iglesia católica, con el fin de precaver que alguno se condene por causa de estas reservas, que no haya ninguna en el artículo de la muerte; y por tanto pueden absolver en él todos los sacerdotes a cualquiera penitente de cualesquiera pecados y censuras. Mas no teniendo aquellos autoridad alguna respecto de los casos reservados, fuera de aquel artículo, procuren únicamente persuadir a los penitentes que vayan a buscar sus legítimos superiores y jueces para obtener la absolución.

    sesión XIV DECRETO SOBRE LA REFORMA
    Cap. IV. No se exima clérigo alguno de la corrección del Obispo, aunque sea fuera de la visita.
    Todos los Prelados eclesiásticos, cuya obligación es poner sumo cuidado y diligencia en corregir los excesos de sus súbditos, y de cuya jurisdicción no se ha de tener por exento, según los estatutos de este santo Concilio, clérigo ninguno, con el pretexto de cualquier privilegio que sea, para que no se le pueda visitar, castigar y corregir según lo establecido en los Cánones; tengan facultad residiendo en sus iglesias, de corregir, y castigar a cualesquier clérigos seculares, de cualquier modo que estén exentos, como por otra parte estén sujetos a su jurisdicción, de todos sus excesos, crímenes y delitos, siempre y cuando sea necesario, y aun fuera del tiempo de la visita, como delegados en esto de la Sede Apostólica; sin que sirvan de ninguna manera a dichos clérigos, ni a sus parientes, capellanes, familiares, procuradores, ni a otros cualesquiera, por contemplación, y condescendencia a los mismos exentos, ningunas exenciones, declaraciones, costumbres, sentencias, juramentos, ni concordias que sólo obliguen a sus autores.

    Sesión VI
    Cap. V. No ejerzan los Obispos autoridad episcopal, ni hagan órdenes en ajena diócesis.
    No sea lícito a Obispo alguno, bajo pretexto de ningún privilegio, ejercer autoridad episcopal en la diócesis de otro, a no tener expresa licencia del Ordinario del lugar; y esto solo sobre personas sujetas a este Ordinario: si hiciese lo contrario, quede el Obispo suspenso de ejercer su autoridad episcopal, y los así ordenados del ministerio de sus órdenes.

    Sesión XXIII
    Cap. IV.[…]los Obispos, que han sucedido en lugar de los Apóstoles; que están puestos por el Espíritu Santo, como dice el mismo Apóstol, para gobernar la Iglesia de Dios; que son superiores a los presbíteros; que confieren el sacramento de la Confirmación; que ordenan los ministros de la Iglesia, y pueden ejecutar otras muchas cosas, en cuyas funciones no tienen potestad alguna los demás ministros de orden inferior.[…

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  2. CATECISMO ROMANO DEL CONCILIO DE TRENTO
    XXVIII. El Romano Pontífice por derecho divino es superior a todos los Obispos.
    661. Sobre todos estos siempre ha venerado la Iglesia Católica al Sumo Pontífice Romano 931

    Parte Nota_931
    […]―Por lo cual, apoyados en los testimonios manifiestos de las Sagradas Letras, y adheridos a las manifiestas y claras decisiones, ya de los Romanos Pontífices nuestros Predecesores, ya de los Concilios generales, renovamos la definición del Concilio Ecuménico Florentino, según la cual debe creerse por todos los fieles de Cristo, que la Santa Apostólica Sede y el Romano Pontífice poseen el primado en todo el orbe y que el mismo Pontífice Romano es el sucesor del bienaventurado Pedro, príncipe de los apóstoles, y el verdadero Vicario de Cristo y Cabeza de toda la iglesia, el padre y doctor de todos los cristianos, y que al mismo en la persona del bienaventurado Pedro, fue dada por nuestro Señor Jesucristo potestad plena de apacentar, regir y gobernar a la Iglesia universal; como se contiene también en las Actas de los Concilios ecuménicos y en los sagrados Cánones.

    Enseñamos, por tanto, y declaramos que la Iglesia Romana, por disposición del Señor posee el principado de la potestad ordinaria, sobre todas las demás y que esta potestad de jurisdicción del Romano Pontífice, la cual es verdaderamente episcopal, es inmediata; y por consiguiente que a ella están ligados por deber de subordinación jerárquica y de verdadera obediencia los pastores del cualquier rito y dignidad, y los fieles todos y cada uno no solo en las cosas pertenecientes a la ley a las costumbres, sino también a la disciplina y gobierno de la Iglesia difundida por todo el orbe; de modo que mantenida la unidad con el Romano Pontífice, tanto de comunión como de profesión de la misma fe, la Iglesia de Cristo sea un solo rebaño bajo un solo pastor supremo.

    Esta es doctrina de verdad católica, que nadie puede abandonar sin detrimento de su fe y sin comprometer su salvación. Esta potestad del Sumo Pontífice, tan lejos se baila de perjudicar a aquella otra potestad de jurisdicción episcopal ordinaria e inmediata, en cuya virtud los obispos que puestos por el Espíritu Santo han sucedido a los apóstoles, apacientan y rigen como verdaderos pastores, cada cual su grey respectiva, que antes bien es ella por el supremo y universal Pastor afirmada, robustecida y vindicada, según aquello de S. Gregorio Magno: ―Honor mío es el honor de la Iglesia universal. Honor mío es la sólida fuerza de mis hermanos. Entonces son verdaderamente honrados cuando a cada cual de ellos no se niega la honra debida.

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