Coetus Fidelium – Dr. Homero Johas

“La Iglesia es la congregación de los fieles” (Santo Tomás)

Las herejías generalizadas actuales son de dos clases:

  1. A) El Ecumenismo del Concilio Vaticano II, elimina la unidad de fe divina y católica, principio de fe divina y católica, principio firme y único de toda la Iglesia (Trento, D.S. 1500). El Magisterio de Pío XI, en “Mortalium animos”, ya repelió tal secta como: “falsa religión cristiana”. Toleran un primado papal, honoris causa, por Derecho meramente humano, no divino. Herético.
  2. B) El Anti-conclavismo. Un puñado de obispos, sacerdotes, laicos; con una decena de falsos argumentos ya refutados, se niegan a cumplir el deber gravísimo de extinguir la vacancia del cargo papal. Quieren permanecer acéfalos, como los herejes monofisitas después del Concilio de Calcedonia, con los cuales Sergio hizo acuerdo ecuménico, con el apoyo del Papa Honorio I.

No quieren el primado de jurisdicción del Sucesor de Pedro, dogma de fe. Dicen: “No es necesario”, “falta la profesión de fe en retorno de un Papa fiel”, “falta un Pontífice que transmita el poder a los obispos.”

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Carta de Mons. Squetino a los obispos sedevacantistas – y III

CARTA A LOS OBISPOS SEDEVACANTISTAS (continuación)

Antes que nada quiero decir que voy a seguir intentando y peleando por la reunión de un cónclave para la elección del Papa. Treinta y ocho años se tardaron (estudiando, discutiendo los teólogos de entonces) para que lo que se llamó el “Gran Cisma” terminara con la elección de Martín V, pero llegaron en su amor por la unidad de la Iglesia y de los fieles católicos a terminarlo con el concilio imperfecto de Constanza. Cincuenta y cuatro años pasaron ya desde la muerte de S.S. Pío XII y todavía no se ha hecho nada, o muy poco.  Que persevere lo que me reste de vida, que solo Dios sabe cuánto será, tratando de poner mi cuota para la unidad de la Iglesia, aunque algunos no lo vean así, no es nada. Si no se logra, en conciencia sé que no habrá sido por mi negligencia como Obispo Católico

            Cuando publiqué las cartas a los Obispos Sedevacantistas, muchos entraron en pánico, pensaron que íbamos a elegir un Papa en la cocina del Seminario durante el desayuno. Qué ridículos por favor no me subestimen. Para mí fue y es una sorpresa ver cuánta división  y espíritu de independencia hay en las almas, de todos, laicos y clérigos. Lo que sí me queda más claro que nunca, es que hay muchos enemigos que tiemblan ante la posibilidad de la unidad católica, y por eso usan un arma judeo-masónica: la calumnia, la mentira, la difamación. Como decían los iluministas franceses: “Miente, miente que algo quedará” (“Mentez, mentez, quelque chose restera”) . Sigue leyendo

Carta de Mons. Squetino a los obispos sedevacantistas – II

CARTA A LOS SEÑORES OBISPOS SEDEVACANTISTAS (continuación)

Ave María!

Después de haber publicado la carta a los Sres. Obispos Sedevacantistas con nuestra postura acerca de la necesidad de poner los medios para acabar con la vacancia de la Sede Apostólica, lo único que nos queda es ir desarrollando nuestro pensamiento y nuestra convicción. En ella insto a los obispos que dicen todavía guardar la fe católica, pero, que hicieron de la “sedevacante” un estado permanente (hasta el punto, con el paso de los años, de formar en las almas la idea de una Iglesia sin la necesidad del Papa) y no una transición, a darse cuenta de que su intervención es esencial para poner fin a ese estado catastrófico de cosas

Creo que la carta habla por sí misma, no tengo nada que agregarle o quitarle, perfectamente transmite nuestro pensamiento, solo vamos a tratar de que sea leída por todos los obispos que nosotros conocemos personalmente y por referencias, sin excluir a ninguno, (porque de eso se trata y a ellos se dirige) , de crear una situación de discusión teológica con ellos para que tomando conciencia del fruto espantoso de división que se está recogiendo en la Iglesia y en las almas por querer perpetuar la vacancia de la Sede Apostólica, nos demos cuenta de que el árbol malo de la falta de unidad en una única cabeza el Papa, jamás dará buenos frutos y pongamos entonces manos a la obra para proveerlo. Sigue leyendo

Carta de Mons. Squetino a los obispos sedevacantistas – I

A los Señores Obispos Sedevacantistas

¡Ave María!

 “Debe existir en la Verdadera Iglesia perfecta unidad de régimen, o sea: debe haber al frente de esa sociedad religiosa una autoridad suprema y visible, de institución divina, a la cual obedezcan todos los miembros que la forman. No basta una especie de política de amistad o buena vecindad entre un montón de jefaturas eclesiásticas desconectadas jurídicamente, es decir: independientes entre sí, SIN OTRA CABEZA SUPREMA QUE UN CRISTO INVISIBLE Y CELESTIAL CUYAS PALABRAS Y MANDATOS  INTERPRETA CADA UNO A SU GUSTO.”                                                                                                                 

                                                                     (R.P. Fernando Lipúzcoa. Breviario Apologético. 1954)

Siendo Jesucristo Cabeza de la Iglesia Católica y principio de su vida, no hay nada en ella en que Él no opere y que no dependa de Él; la ha fundado como “verdadera y perfecta sociedad” (Pio IX) “dándole los  medios necesarios para su incolumidad y acción” (León XIII) e instituyó un órgano que Él mismo juzgó oportuno elegir y Él mismo creó para ejercer a perpetuidad el gobierno de su Reino sin mancha ni arruga de corrupción: el Papa; para gobernarla, hablarle incesantemente y parecer por esta señal indubitable para que estuviera siempre segura de su guía. Así pues, prometiéndole su asistencia hasta el fin de los tiempos, exigió en medio de ella el signo manifiesto y eficaz de su presencia. Esta maravilla la realizó mediante la institución de un Vicario, por quien el gobierno de la Iglesia se ejerce para siempre en su propio nombre y en su propia virtud; y que al sentir de San Jerónimo, negando su necesidad y dignidad “habrán en la Iglesia tantos cismas como sacerdotes.”

Ahora bien, es imposible siquiera imaginar una “sociedad verdadera y perfecta” no gobernada por un soberano, es así que la Iglesia Católica es “verdadera y perfecta sociedad”, por tanto necesariamente debe ser gobernada por uno solo: el Vicario de Jesucristo; pues no solo está edificada sobre Cristo, sino también sobre San Pedro como FUNDAMENTO VISIBLE de esa misma y única autoridad.

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LA ELECCIÓN DE LINO II

Por el Dr. Homero Johas

El 29 de junio de 1994, fiesta de San Pedro, en la capilla situada junto al Hotel Europa, en Asís, en el monte Subiaco, donde nació San Francisco, católicos de varias naciones, clérigos y legos, eligieron como papa al Reverendo Padre Víctor von Pentz, de  41 anos, del rito bizantino de San Juan Crisóstomo y que tomó el nombre de Lino II.

La razón de la elección fue el deber de Derecho divino, ligado al dogma de fe de los perpetuos Sucesores de Pedro: el deber de extinguir la vacancia. Esta era evidente por las herejías públicas del Concilio Vaticano II, obra de la Masonería, contra la Iglesia de Cristo. El Magisterio dogmático y canónico de la Iglesia enseña la vacancia “ipso facto” por el delito contra la fe, público y notorio, separando de la Iglesia el delincuente por la propia naturaleza de su pecado. El deber de extinguir la vacancia, en los casos de necesidad, faltando los electores designados por Derecho humano, desciende a los miembros inferiores de la sociedad de Derecho divino que, por eso mismo, no puede permanecer acéfala. Sin el vínculo del principio visible de la unidad la sociedad se disuelve.

Después de la refutación que hicimos en la revista “Roma”, de las herejías de Mons. Lefébvre y Dom Mayer, de Mons. Guerard des Lauriers y del “sedevacantista” inglés, John Dale, auxiliado por el Sr. Araí Daniele, el Dr. Roberto Gorostiaga, de Argentina tomó la iniciativa de promover un conclave para la elección de un Sucesor de Pedro.

Dr. Gorostiaga financió la mayor parte de los costos del Con­clave. Y Mons. López Gastón, de los Estados Unidos, invito las personas hacer el conclave. La cita fue para el 25 de junio de 1994.

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Refutación a la herejía de la Acefalía perenne de John S. Dalyp

Por el Dr. Homero Johas

INTRODUCCIÓN

1.– Después del Concilio de Calcedonia, en 451, que definió en Cristo dos naturalezas, la humana y la divina, vagaron por el Oriente, principalmente en Alejandría, los herejes monofisitas, seguidores de Eutiques, Severo, Juliano y Temístio. Confesaban sólo la naturaleza divina, invisible, de Cristo y negaban la naturaleza humana visible. Apartándose de la Sede Romana, de San León I y de sus Sucesores, fueron llamados acéfalos, sin cabeza.

2.- Actualmente, siguiendo a los herejes luteranos y jansenistas y del Vaticano II, resurgen nuevos acéfalos, que quieren una Iglesia unida sólo “en espíritu”, “neumática”, “en consciencia”, interior, sin una Cabeza visible, fiel, en la Iglesia, con unidad de fe y de gobierno. Quieren una “acefalía perenne” en la Iglesia, se apartan definitivamente de la Cabeza visible fiel de la Iglesia, de la unidad de fe y de régimen. Cada uno con “su Fe” y “normas propias”“obedece sólo a sí mismo”, será independiente y autónomo, con la libertad y la igualdad religiosa ecuménica, mundial.

El Concilio Vaticano II profesa ese Individualismo libre, igualitario y ese “ecumenismo”.

3. Ciertos obispos, aparentemente opuestos al Vaticano II; que se dicen “tradicionalistas” o “sedevacantistas”, profesan esa misma acefalía perenne, fundada en una igualdad y libertad individual. Uno reconoce a los papas heréticos, otro no los reconoce; pero ambos no quieren someterse a una Cabeza visible monárquica, sino a la independencia y autonomía individual en la fe y en el gobierno. Colocan los ritos de San Pio V al frente para aparentar “tradicionalismo” en cuanto prevarican en otros artículos del credo, principalmente este: “Creo en la Iglesia una”. La unidad de Fe y de gobierno es el punto central violado por todos ellos.

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