LIBRO: JUICIO CRÍTICO SOBRE LA EDUCACIÓN ANTIGUA Y LA MODERNA

El libro que compartimos con nuestros lectores, titulado “JUICIO CRÍTICO SOBRE LA EDUCACIÓN ANTIGUA Y LA MODERNA” fue escrito por el sacerdote jesuita Pablo Hernández en 1886, y publicado en la Argentina, esa hermana nación tan amiga de la buena literatura católica.

Como su propio título lo indica, su temática está relacionada con la Pedagogía, la Educación y la Enseñanza. Su autor trata de demosmontar los mitos y calumnias que contra la llamada educación antigua o tradicional, han vertido los nuevos pedagogos roussonianos (seguidores de Jean-Jacques Rousseau) quien en su tristemente famosa obra “El Emilio” configuró y sentó las bases de la Nueva Pedagogía Moderna cuyas principales postulados son los siguientes:

a) El niño debe alejarse de sus padres, de la sociedad y de los “muertos, más temibles que los vivos”.
b) El niño debe despreciar la inteligencia, sofocarla con el sentimiento.
c) El niño no debe conocer la obediencia ni la autoridad.
d) El obrar por la sola honestidad o valor moral de la acción le es desconocido.
e) La noción del vicio le es extraña y no determinada como valor moral.
f) El niño no puede ser precavido por el maestro para evitar la posibilidad de formarse una consciencia errónea.
g) La libertad del niño consiste en poder seguir los impulsos de su naturaleza.

Además, dicha obra tiene un segundo objetivo, defender el aprendizaje de las lenguas clásicas (latín y griego) tan denostadas y relegadas al olvido por la pedagogía moderna. A manera de testimonio quiero dejar dicho que la lectura de los argumentos que en favor de dichas lenguas clásicas hace este libro, quedé convencido de la necesidad de estudiarlas.

Esta es una obra elegante, de mucho estilo y profetiza el actual fracaso de la nueva pedagogía, tal y como lo estamos viviendo en nustros distintos países actualmente.

Para descargarlo pinchar el siguiente link:

1886. JUICIO CRÍTICO SOBRE LA EDUCACIÓN ANTIGUA Y LA MODERNA

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Objeciones al artículo del P. Basilio Méramo sobre Mons. Thuc

Objeciones al artículo del P. Basilio Méramo sobre Mons. Thuc y el mal llamado sedevacantismo visceral

Domingo de Ramos, 25 de marzo del 2018

Artículo en PDF

El pasado 19 de marzo del presente año, el padre Méramo publicó un artículo de nueve páginas titulado “EXTRAÑO PENSAMIENTO DE UN SUPUESTO TRADICIONALISTA Y SU CEREBRO GRIS EL P. GUÉRARD DES LAURIERS”. En dicho opúsculo el padre se propone tres objetivos claramente distinguibles:

  1. Divulgar la duda sobre la honestidad y coherencia doctrinal de Mons. Thuc que habiendo defendido posiciones modernistas en el Vaticano II, luego aparece como campeón del anti-modernismo, declarando la sedevacante.
  2. Lanzar la sospecha sobre la validez de las consagraciones episcopales de Mons. Thuc, recurriendo al ya viejo y refutado sofisma de su supuesto estado mental.
  3. Demostrar que la concepción teológica de Lefebvre y por tanto de los lefebvristas (uno de ellos el mismo P. Méramo) respecto al papado y a la crisis actual de la Iglesia es la más aceptable y sabia, cuya postura tiene a dos enemigos por la izquierda y por la derecha, los primeros los modernistas conciliares y los segundos los llamados por Méramo “sedevacantistas viscerales”, exagerando ambos, el respeto debido al Papa.

Tengo que reconocer que yo fui durante algunos años seguidor del Padre Méramo, en tanto que leía muchos de losescritos publicados en su sitio web, y escuchaba domingo tras domingo todos su sermones. Por tanto, conozco perfectamente la manera de argumentar que suele utilizar el padre y los lugares teológicos que acostumbra usar para fundamentar su postura.

Sobre el Método que emplea el padre Méramo

El padre Méramo usa un método sofístico en sí mismo. Él cita los escritos del padre Cekada, escritos por él antes de cambiar de opinión respecto a Mons. Thuc y los obispos de su linaje. Con esta táctica, el padre Méramo cree demostrar mucho, algo así como diciendo:

“Miren, el padre Cekada, que ahora es el campeón en la defensa de las consagraciones Thuc, hace mucho tiempo denunció todas estas cosas”.

Pero yo pregunto: ¿Qué pruebas aporta eso? ¿Qué tiene que ver que el padre Cekada haya pensado así? Para mí, es todo lo contario: el hecho de saber que el padre Cekada escribió y supo todo esto que ahora se cita (cual novedad periodística sacada de la última tesis de grado de no sé qué Universidad europea), es una prueba de que el mismo padre Cekada encontró mejores argumentos para explicar lo que él mismo criticaba, a no ser que se me demuestre que el padre Cekada es loco y es capaz de mudar de opinión sin fundamentos objetivos. Además, citar argumentos viejos presentándolos como nuevos, siempre ha sido una técnica filosóficamente pobre, pues cuando alguien va a investigar sobre cualquier asunto, en el capítulo primero del informe de dicha investigación se debe hablar de algo que se llama “el estado de la cuestión” donde se da noticia de la novedad de dicho tema y de su posible tratamiento por otras personas con anterioridad. Aquí el padre Méramo presenta citas del libro ¨Lo Sacro y lo Profano¨ del obispo Kelly (superior de la Sociedad Sacerdotal San Pio V). Pero dicho libro ya tiene varios años, como también tiene varios años la refutación que al mismo han realizado muchos teólogos relacionados con el linaje Thuc, siendo el P. Cekada precisamente el más famoso en defender con eficacia la validez de dichas consagraciones. [1]

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Libro: El Corazón de Jesús y el modernismo (1909)

Un nuevo libro para nuestros lectores. Esta vez se trata de “El Corazón de Jesús y el modernismo”, que recoge los sermones predicados en junio de 1908 por Reverendo Padre jesuita Aicardo en Sevilla y en la Iglesia del Sagrado Corazón de Madrid, España.

El libro es una joya pues está escrito en el mismo centro del huracán modernista que por esos años pretendía destruir la Iglesia. Fue en 1907 y 1910, cuando San Pio X condenó solemnemente la herejía modernista. Este libro está escrito entre esos dos años aproximadamente. La elocuencia del jesuita español, puesta al servicio de la fe católica más ortodoxa como siempre han acostumbrado los verdaderos jesuitas, es una gracia que permitirá al lector recrearse con este libro. Pareciera predicado hoy estos sermones, pues son las doctrinas de la secta conciliar del Vaticano II las que aquí son condenadas. Como dijo San Atanasio a los arrianos: “Uds. tienen los templos y las catedrales, pero nosotros tenemos la fe de siempre”. Aquí esta la prueba. Quien lea estos sermones podrá ver la fe católica tal como era creída en 1908 por la Cristiandad. Pregúntese luego si hoy día algún clerigo conciliar (por muy Opus Dei o conservador que sea) piensa en todo igual al jesuita que aquí predica. El que quiera entender que entienda. Por nuestra parte, confesamos que adherimos a TODO lo que en este libro se enseña. Esta es la fe de la Iglesia Católica y en esa fe queremos vivir y morir.

1908. El Corazón de Jesús y el modernismo. P. Aicardo S.J

 

Libro: El Movimiento litúrgico. (1982)

Presentamos el excelente libro “El Movimiento litúrgico de Dom Guéranger a Aníbal Bugnini o el Caballo de Troya en la Ciudad de Dios”, escrito por el padre Bonneterre.

Este libro esta destinado a todos aquellos modernistas de buena voluntad que por ignorancia son miembros de la secta conciliar del Vaticano II. Cuando terminen de leer este breve ensayo histórico sobre los origenes y desarrollo del movimiento litúrgico, entenderán las razones objetivas que tenemos los católicos para rechazar como espuria y bastarda a la Nueva Misa de 1969, que hoy es la forma “ordinaria” (según la expresión del anti-papa Benedicto XVI) del rito romano oficial del Vaticano usurpado.

El movimiento liturgico – Bonneterre

CALVINO Y LA RELIGION REFORMADA

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Edición de Cuba Católica [1]

Puede descagrar el presente artículo en formato PDF: CALVINO Y LA RELIGION REFORMADA

En la historia del protestantismo moderno, las iglesias de tipo calvinista (el presbiterianismo, el congregacionalismo y los grupos de reformados) ejercen —prin­cipalmente en el mundo norteamericano— una influencia extraordinaria. Desde el aspecto numérico, el total de sus seguidores se acerca al de las iglesias luteranas, y sus obras de misión, filantrópicas y educativas, se extienden por todo el mundo. Cuando hoy día se habla de influjo protestante en la moderna sociedad —excepto en el campo de la teología especulativa— nos referimos principalmente al papel jugado por esas iglesias. A su lado el predominio luterano, restringido en gran parte a Alemania y a los países escandinavos, es solamente relativo.

Sin embargo, genéticamente la aparición y los primeros pasos de las iglesias reformadas revisten una importancia mucho menor y ninguno de sus iniciadores es de la estatura de un Lutero. Cronológicamente los fundadores apenas se llevaban diferencia. Zwinglio era solamente unos meses más joven que el reformador alemán, y el mismo Calvino pudo asistir en Ratisbona y en Worms a algunas de las reuniones en que se discutía sobre las nuevas doctrinas. Pero en aquellos tiempos preñados de acontecimientos de portada mundial, no era la diferencia de los años, sino los hechos revolucionarios lo que contaba. Y antes de que Zwinglio, Calvino y los suyos se lanzaran a las reformas, el protestantismo en su fase luterana era una realidad. La ruptura decisiva, profunda, estaba consumada. Los calvinistas y demás reformados partirían de la negación luterana del primado pontificio; de la adopción de la Biblia como regla única de creencia; de la supresión del número tradicional de sacramentos; del valor único de la salvación por la sola fe, etc., para cons­truir sobre aquellas bases sus teologías particulares. Serían, propiamente hablando, continuadores de una revolución puesta ya en marcha o, si se quiere, perfeccionadores de un sistema que, en algunos importantes aspectos, dejaba bastante que desear. Por esto mismo quizás, la Santa Sede tampoco lanzaría nuevas bulas de excomunión contra ellos o contra sus doctrinas; quedaban incluidas en la Exurge Dominecomo en su germen, o recibirían debida atención en algunas de las sesiones del Concilio de Trento.

Lo dicho no obsta para que dediquemos nuestra atención a estos nuevos movi­mientos. Lo piden tanto la personalidad religiosa de Calvino, como la importancia que las ramificaciones de las iglesias y sectas derivadas de él están teniendo en las Américas, en ciertas naciones europeas y en las mismas tierras de misión. Dedica­remos también un breve apartado a Zwinglio y a su obra de reforma.

ZWINGLIO REFORMADOR DE ZURICH

El historiador advierte en seguida la importancia de la pequeña Suiza en los orígenes y en la gestación de diversos brotes de la Reforma. El país no sólo era el refugio de los descontentos y el nido de muchos conspiradores, sino también la tierra acogedora donde tenían cabida todos aquellos que trataban de inaugurar una revolución religiosa, sobre todo si era anti romana. Antes de la llegada de Calvino a Ginebra, pululaban por allí Farel y otros muchos propagadores del protestantis­mo. Los humanistas habían hecho de Suiza el lugar ideal para componer sus obras y lanzarlas a los demás mercados de Europa… La circunstancia se debía princi­palmente a la estructura política y administrativa de la nación. Suiza —que según Macchiavello era «el pueblo mejor armado y más libre del mundo»— formaba en el siglo XVI una entidad diversa de las del continente. Constaba de una confedera­ción de pequeñas repúblicas y ciudades de tipo teutónico primitivo en las que el poder ejecutivo estaba en manos del obispo, del cabildo o del magistrado local. Las unidades —o cantones— en la práctica independientes entre sí, se untan en una liga y tenían su bandera común con el mote: «Uno para todos y todos para uno». Aquella independencia mutua dio a cada uno de los trece cantones su fiso­nomía peculiar, su lengua o al menos su dialecto propio. Unos recibían mayor in­fluencia del imperio alemán, otros de Francia o de Italia, y esto no solamente en el campo cultural, sino también en el estrictamente religioso.[2] Dicha configuración contribuía también a que los partidarios de la religión reformada hallaran fácil asilo en el país y que aquéllos que se asignaban como meta la protestantización de una ciudad o de un grupo de ellas —como sucedió tanto con Calvino como con Zwinglio— se vieran libres de las dificultades encontradas en otras naciones de gobierno central más fuerte, como en Francia y en el mismo imperio.

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