Entrevista a Julio Aonzo

Aonzo
Julio Aonzo

Agradezco la sinceridad y cordialidad con que Julio Aonzo me permitió entrevistarlo sobre asuntos de su vida entera. Este reportaje está hecho con el objetivo de desmentir muchas calumnias que sobre él circulan en las redes. Pedimos a Dios Nuestro Señor que haga justicia por este servidor de su Iglesia y de su Santo Nombre. Mis preguntas y comentarios van iniciadas por este código “-David:” mientras que los de mi entrevistado por este código “+Aonzo:”.

David Alejandro Martínez Espinosa

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1-David: Buenos días Julio, muchas gracias por permitirme la entrevista.

+Aonzo: Gracias a ti David, muy amable. De todo corazón le agradezco todo el bien que está procurando hacer, porque en definitiva lo que intentamos hacer es embellecer el rostro de la Iglesia.

2-David: Así es. Bueno, antes que nada quisiera saber ¿cuándo y dónde nació usted?

+Aonzo: Nací el 17 de diciembre de 1950 en Capital Federal, Villa Urquiza, Argentina. Tengo actualmente 69 y en diciembre próximo cumplo mis 70.

3-David: Cuéntenos un poco sobre su familia. Sus padres, abuelos, hermanos…

+Aonzo: Mi familia, gracias a Dios, es de católicos practicantes. Fueron creciendo a medida que iban viendo con claridad las cosas. Siempre me han acompañado en todo.

Mi padre se llamaba Julio Vicente Aonzo y mi madre Ángela Risa de Salvo, naturales ambos de Argentina. Ellos nacieron en 1921 y 1924 respectivamente. Mi mamá falleció el 3 de junio de 1995 y mi padre el 18 de enero del 2010. Mi mamá era ama de casa y mi papá era retirado de la Armada.

Mis dos abuelos maternos eran italianos. Yo a mi abuela materna no la conocí porque murió el día que nació mi mamá, pero a mi abuelo materno sí, quien era un italiano sensacional. Mis abuelos paternos eran argentinos, mi abuelo, hijo de italianos del Piamonte, y mi abuela, hija de españoles, una mezcla de sangre explosiva, sensacional.

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Sobre Lefebvre – por el Ing. Roberto Gorostiaga

Revista Roma N° 107 – Diciembre de 1988

ESTAD FIRMES Y GUARDAD LAS TRADICIONES

Roberto Gorostiaga

«Estad firmes y guardad las tradiciones» ( II Tes. 2, 15)

            Gorostiaga junto a Lefebvre

(Foto: Ing. Gorostiaga junto a Mons. Marcel Lefebvre)

Las ordenaciones episcopales del 29 de junio último en Ecóne han traído la división entre los católicos tradicionalistas, o sea, los que sostenían la Fe, la Misa, la moral de siempre frente a las innovaciones conciliares.

            Conocimos a Mons. Lefebvre en Roma, en mayo de 1962, pues sabíamos que era uno de los prelados que creía en Cristo Rey y se oponía al “humanismo” que cundía. Las “nuevas teologías” que condenara Pío XII en “Humani Generis” levantaban cabeza a su muerte.

            Durante el Concilio se opuso al triunfante humanismo, pidió la Consagración de Rusia al Inmaculado Corazón de María y la condena del comunismo ateo y después del Concilio fue llevado, ante la angustia de muchos jóvenes seminaristas, que estaban como ovejas sin pastor, a fundar el Seminario de Ecóne.

            Estuvimos en Ecóne en 1975 y hablamos de la situación de nuestra Patria y de la eventual fundación de una casa en Buenos Aires.

            En 1977 lo invitamos a visitar la Argentina y como resultado de esa visita quedó fundado el priorato de Buenos Aires; la obra de la Tradición se extendió rápidamente por la Argentina e Hispanoamérica y en pocos meses funcionaba un seminario con estudiantes de la Argentina, México, Colombia y otros países, el que luego se instalaría en La Reja.

            Durante diez años pusimos nuestra Cabeza y nuestro corazón al servicio de esa Obra, en la que veíamos un pilar de la Tradición bimilenaria.

            Algunas posiciones poco claras de Mons. Lefebvre y el comienzo de nuevas tratativas con el Vaticano nos trajeron inquietud, como también a no pocos tradicionalistas. Le escribimos al respecto; incluso una carta, a los dos obispos, antes de que las consagraciones fueran realizadas. Ellas significaron un corte profundo.

            La documentación que la propia Fraternidad hizo pública, mostró la hondura de ese corte que hirió nuestro corazón, que no es de piedra.

            San Jerónimo escribió a Heliodoro, invitándolo a vivir en el desierto: “Aunque vuestra madre, desgreñada y rotas las vestiduras os muestre los pechos con que os alimentó y aunque vuestro padre se tienda en el suelo sobre el umbral de la puerta; pasad por encima y seguid adelante…! Aquí el cariño exige ser cruel.” [1]

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