Sobre la Reforma Litúrgica de Pablo VI

Réplica al artículo del “jesuita” Raúl Arderí sobre la Reforma Litúrgica de Pablo VI

Réplica a Raúl Arderí

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Mañana domingo 12 de enero del 2020 saldrá publicado en la hoja dominical de la iglesia modernista “Vida Cristiana”, la segunda parte del artículo “LA REFORMA LITÚRGICA DE PABLO VI”,  escrito por el “jesuita” Raúl Arderí, en calidad de ministro de la iglesia conciliar. No tenemos el gusto de conocer al autor, pero por los contenidos de su artículo se evidencia la carencia más elemental de nociones de historia de la Iglesia y de la Liturgia. Analizaremos oración por oración su artículo, destinado a confundir a los miles de inocentes “católicos” que todos los domingos leen acríticamente los artículos de Vida Cristiana con la ingenuidad de pensar que leen doctrina católica.

Nota: Las citas del artículo estarán entre comillas, en cursiva y color rojo.

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 “Cincuenta años atrás, el 3 de abril de 1969, el Papa Pablo VI promulgó la Constitución Apostólica con la cual se modificó el Misal Romano, uno de los frutos más importantes de la reforma litúrgica promovida por el Concilio Vaticano II (1962-1965).”

Los cambios se clasifican en dos tipos: cambios sustanciales (que modifican la esencia de las cosas) y cambios accidentales (que no la modifican). Un ejemplo de c. sustancial es la combustión de un papel, y un ejemplo de c. accidental es la pintura de un papal. En el primer caso, la esencia de “papel” desaparece, o mejor dicho, es destruida por la acción del fuego. En el segundo caso, la esencia de “papel” continúa siendo y existiendo (valga la redundancia), y el cambió de color no alteró ni modificó la naturaleza o esencial del papel.

Pio XII en la Mediator Dei enseña:

    1. La Jerarquía eclesiástica ha empleado siempre este su derecho en materia litúrgica, instruyendo y ordenando el culto divino y enriqueciéndole con esplendor y decoro siempre renovados para gloria de Dios y bien de los hombres. Tampoco ha dudado, por otra parte, salvo la sustancia del Sacrificio Eucarístico y de los Sacramentos, en cambiar lo que no creía apropiado y añadir lo que mejor parecía contribuir al honor de Jesucristo y de la Santísima Trinidad y a la instrucción y saludable estímulo del pueblo cristiano.
    2. La Sagrada Liturgia, en efecto, consta de elementos humanos y de elementos divinos: estos últimos, habiendo sido instituidos por el Divino Redentor, evidentemente no pueden ser alterados por los hombres; pero aquellos, en cambio, pueden sufrir varias modificaciones, aprobadas por la Sagrada Jerarquía, asistida del Espíritu Santo, según las exigencias de los tiempos, de las circunstancias y de las almas. De aquí nace la, estupenda variedad de los ritos orientales y occidentales, de aquí el desarrollo progresivo de particulares costumbres religiosas y prácticas de piedad, de las que apenas se tenía un leve conocimiento en tiempos anteriores; a esto se debe que con cierta frecuencia sean nuevamente empleadas y renovadas piadosas instituciones, borradas por el tiempo. Todo esto testimonia la vida de la Inmaculada Esposa de Jesucristo durante tantos siglos; expresa el lenguaje empleado por ella para manifestar a su Divino Esposo su fe y amor inagotables y los de los pueblos a ella encomendados; demuestra su sabia pedagogía para estimular y acrecentar de día en día en los creyentes el «sentido de Cristo».

Otras ideas nuestras. a) Los cambios accidentales de la liturgia siempre han sido hacia adelante, y nunca hacia atrás. Es como la evolución de una persona que cuando tiene 1 año es menor que cuando tiene 5 años, y a su vez que cuando tiene 15 años. Pero nadie puede “crecer” entre los 14 y 15 años retornando a la madurez, talla, peso y fortaleza que tenía cuando tenía 2 años. Todo progreso es hacia adelante, nunca hacia atrás.

b) La supuesta sencillez de la liturgia cristiana de los 3 primeros siglos no es por lo que alegan los modernistas de ahora y de siempre, esto es, porque aquellos cristianos eran menos clericales, más activos y participativos, sino por una sencilla razón circunstancial histórica: las persecuciones a las que estaba sometida la Iglesia. Como se sabe la Iglesia primitiva no tenía templos como los poseyó después de la Paz que le otorgó el emperador Constantino, por tanto, los sacramentos se celebraban en condiciones mínimas y muy precarias. Pero apenas tuvo paz la Iglesia para organizar sus acciones litúrgicas al aire libre, rodeó de venerables ritos a los sacramentos, consciente de la grandeza de los misterios que celebrara.

c) El papa Pio XII condenó la pretensión de simplificar la liturgia alegando la supuesta sencillez del cristianismo primitivo en la encíclica Mediator Dei de 1947. Dicha tendencia herética de simplificar la liturgia recibió el nombre de arqueologismo, precisamente porque pretende resucitar formas litúrgicas “muertas” muy antiguas, que la Iglesia enriqueció apenas tuvo condiciones para ofrecer el culto divino con entera libertad.

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Libro: El Movimiento litúrgico. (1982)

Presentamos el excelente libro “El Movimiento litúrgico de Dom Guéranger a Aníbal Bugnini o el Caballo de Troya en la Ciudad de Dios”, escrito por el padre Bonneterre.

Este libro esta destinado a todos aquellos modernistas de buena voluntad que por ignorancia son miembros de la secta conciliar del Vaticano II. Cuando terminen de leer este breve ensayo histórico sobre los origenes y desarrollo del movimiento litúrgico, entenderán las razones objetivas que tenemos los católicos para rechazar como espuria y bastarda a la Nueva Misa de 1969, que hoy es la forma “ordinaria” (según la expresión del anti-papa Benedicto XVI) del rito romano oficial del Vaticano usurpado.

El movimiento liturgico – Bonneterre

Hilo conductor de la heterodoxia de los papas conciliares hasta Francisco

Tomado de: https://moimunanblog.wordpress.com/2016/06/29/hilo-conductor-de-los-apas-conciliares-hasta-francisco/

[Magistral artículo de la revista SISI NONO (de la que hemos hecho alguna severa crítica sobre algunos de sus artículos) que demuestra la defección de la Fe católica de algunos de los 6 papas conciliares. No sería difícil traer sobre lo dicho en el artículo, las  posiciones ideológicas de Benedicto XVI que pueden también juzgarse como concausantes de la demolición de la Iglesia y de la Fe católica que contemplamos en nuestros días. Como dice el autor

Todo esto nos hace pensar que, llegados a este punto, sólo una intervención especial divina podrá volver a poner las cosas en su sitio. En efecto, el morbo modernista no sólo ha penetrado en la Iglesia, sino que ha llegado a su vértice. Ahora bien, por encima del Papa está solamente Dios y, como los artífices de la teología neo-modernista han sido cuatro Papas: Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo II y Francisco, sólo Dios puede detener la avalancha de errores que ha caído sobre el mundo eclesial a partir de 1959.

Este artículo debería ser ilustrado con todo lo dicho en los posts puestos bajo las categorías respectivas en las pestañas superiores, con los nombres de los “papas conciliares” – que implementaron el Concilio Vaticano II-  verdaderos artífices de la destrucción católica operada mediante el pensamiento modernista ya condenado por Pío X como “colector de todas las herejías” ]

Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo II, Francisco y la Modernidad

Juan XXIII

1º) Juan XXIII, en el Discurso de apertura del Concilio (11 de octubre de 1962), dijo: “hieren a veces el oído sugerencias de personas […] que en los tiempos modernos no ven sino prevaricación y ruina, van diciendo que nuestra edad, comparada con las pasadas, ha ido empeorando. […]. A Nos parece deber disentir de estos profetas de desventura [1], que anuncian siempre eventos infaustos […]. Siempre la Iglesia se ha opuesto a los errores, a menudo los ha condenado con la máxima severidad. Ahora, sin embargo, la esposa de Cristo prefiere usar la medicina de la misericordia más que la severidad. […]. No ya que falten doctrinas falaces […], sino que ahora parece que los hombres de hoy son propensos a condenarlas por sí mismos” (Enchiridion Vaticanum, Documenti. El Concilio Vaticano II, EDB, Bolonia, IX ed., 1971, p [39] y p. [47]).

Respondemos:

a) “Los tiempos modernos” comienzan con Descartes para la filosofía, Lutero para la religión y Rousseau para la política y sus sistemas están en ruptura con la Tradición apostólica, la patrística, la escolástica y el dogma católico. En efecto, la modernidad está caracterizada por el subjetivismo sea en filosofía: “Pienso luego existo” es la vía abierta por Descartes al idealismo, para el cual es el sujeto el que crea la realidad; sea en la religión: libre examen de la Escritura sin la interpretación de los Padres y del Magisterio y relación directa del hombre con Dios sin mediadores (Lutero: “sola Scriptura”, “solus Christus”); sea en política: el hombre no es un animal social por naturaleza, antes bien camina solo, y por tanto es el hombre el que crea la sociedad civil y temporal mediante el “pacto social”.

El subjetivismo de la modernidad, uniéndose a la doctrina cristiana, la transforma, la vacía desde dentro, la convierte en un producto del intelecto humano o del subconsciente y no ya una Revelación divina real y objetiva a la cual se tiene el deber de asentir.

La afirmación de Juan XXIII coincide con la esencia del modernismo así como la describe San Pío X en la Encíclica Pascendi (8 de septiembre de 1907): el connubio entre el idealismo filosófico de la modernidad y la doctrina católica, que se convertiría así en un producto del pensamiento o del sentimiento humano.

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Mitología modernista sobre la Misa Católica Tradicional

Refutación a un fragmento del artículo de Juan Manuel Martín-Moreno González S.J de la Universidad ¨Pontificia¨ de Comillas, de Madrid, sobre la ¨Constitución¨ SacrosanctumConcilium del Concilio Vaticano II.

El siguiente, quiere ser un artículo de análisis y refutación a las mentiras de los modernistas que hoy imperan en la Iglesia Oficial del Vaticano II, que al haber abandonado las verdades católicas de siempre, andan dispersos por el mundo y no saben que inventar para justificar la devastadora Revolución Litúrgica promovida por el falso y herético concilio Vaticano II.

Decimo que falso porque la Iglesia es infalible en los concilios ecuménicos, y en el concilio Vaticano II se dijeron y enseñaron doctrinas previamente condenadas por los papas anteriores. Ahora bien, es una regla de la fe católica, que las herejías condenadas una vez, no se pueden volver a proponer como posibles enseñanzas de la Iglesia: lo condenado una vez, condenado está para siempre. La Iglesia no se puede estar redefiniendo en función de los intereses ¨doctrinales¨ del papa de turno, del papa del momento. La Iglesia nunca ha funcionado así, y de hecho, es lógico que así no sea, pues la Iglesia es la guardianadel depósito de la fe revelada por Dios. Jesucristo le dio a la Iglesia que fundó la misión de custodiar sus doctrinas y de administrar los sacramentos que él instituyó que son los canales de la gracia divina para la santificación y salvación de los seres humanos.

Es importante señalar que la Revelación se cerró definitivamentecon la muerte del último apóstol, como lo enseñó el Magisterio de la Iglesia siempre durante 2000 años. No puede venir ningún papa o ningún concilio a cambiar el depósito de la fe y los dogmas previamente definidos. En el actuar de la Iglesia bimilenaria tiene que haber una unidad sustancial. Nunca se pueden dar cambios sustanciales, pues de ser así, aparecería una Iglesia Nueva distinta a la anterior y como Cristo fundó la Iglesia en el pasado, y no hoy, con esos cambios sustanciales en la Iglesia se estaría fundando una iglesia distinta a la que fundó Cristo y esto sería cismático, herético y una falta de respeto a Dios.

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