Libro: LA PREDESTINACIÓN DE LOS SANTOS – GARRIGOU-LAGRANGE O.P

Ofrecemos a nuestros amigos y lectores la edición final de uno de los libros que más tiempo nos ha tomado editar. Es un tema de capital importancia en el debate con los protestantes calvinistas que han querido adueñarse del termino predestinacion, dando a entender que los católicos no creemos en eso. La lectura de este libro, escrito por uno de los grandes tomistas del siglo XX, el padre dominico Garrigou-Lagrange, permitirá entender que lejos de eso, la doctrina católica más segura y ortodoxa (San Agustín y Santo Tomás) defienden la predestinación, lo que por supuesto, no en el sentido heretico de Calvino y otros protestantes. Las diferentes escuelas admitidas dentro de la ortodoxia católica se explican ampliamente en este excelente libro. Aunque un poco extenso, se lo recomendamos a todo apologista y por supuesto, a todos los sacerdotes y religiosos que por su labor pastoral necesitan conocer a la perfección este tema tan obscuro a la inteligencia humana y que tantos dolores de cabeza a causado a algunos.

Para descagrar el libro en PDF: LA PREDESTINACIÓN DE LOS SANTOS Y LA GRACIAS

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Contestación a una vieja calumnia contra el linaje de Mons. López-Gastón

Cuba, 8 de mayo del 2018

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En el sitio web “Foro Católico”, al igual que en otros foros de tradicionalistas, o mejor dicho de “tradi-locos” (aquellos pseudo-católicos que piensan que para ser católicos solo se necesita defender la “Tradición” y asistir a cualquier capilla donde se celebre la misa tridentina, sea independiente, cismática o acéfala) hay abundantes calumnias contra los obispos relacionados con el linaje episcopal que desciende de Mons. Datessen. Me refiero específicamente a Mons. Pierre Sallé, Mons. Mamistrá, Mons. López-Gastón, Mons. Urbina y Mons. Squetino.

En el presente post, contestaré brevemente a las principales calumnias que contra ellos hay por la Red de Redes, dejando para un posterior opúsculo más extenso y acabado, el análisis exhaustivo de toda la “mitología anti-Squetino” que esparcen los tradi-locos.

1) “En una lista conocida sólo aparecen 14 sacerdotes ordenados por Mons. Carmona, y López-Gastón por ninguna parte”

Este tipo de sofismas es el que generalmente usan los tradi-locos, aludiendo a supuestas listas exhaustivas de ordenados al sacerdocio por Mons. Carmona. Ahora bien, esto no significa nada pues dichas listas han sido elaboradas por “católicos” obsesionados con criticar y denostar el episcopado de Mons. Squetino. Cualquier alusión a los obispos que entroncan con Mons. Squetino, serán calumniados para anular su apostolado y esparcir la duda sobre los fieles asociados a dicho obispo, que por su conocida prudencia, sabiduría y santidad, es uno de los pocos obispos serios que tiene Hispanoamérica.

Pero si fuera insuficiente todo esto que digo, les presento una foto donde aparecen sentados juntos, Mons. Carmona y el padre (todavía no era obispo) José Ramón López-Gastón, vestido de sacerdote. Por tanto, dicha foto demuestra como mínimo, que el obispo Carmina tenía por sacerdote válido a López-Gastón. Es una prueba de que él lo trataba como tal. En ese caso… que cada quien saque sus propias conclusiones.

Carmona y Lopez Gaston

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COETUS FIDELIUM – Dr. Homero Johas

“La Iglesia es la congregación de los fieles” (Santo Tomás)

          Las herejías generalizadas actuales son de dos clases:

A) El Ecumenismo del Concilio Vaticano II, elimina la unidad de fe divina y católica, principio de fe divina y católica, principio firme y único de toda la Iglesia (Trento, D.S. 1500). El Magisterio de Pío XI, en “Mortalium animos”, ya repelió tal secta como: “falsa religión cristiana”. Toleran un primado papal, honoris causa, por Derecho meramente humano, no divino. Herético.

B) El Anti-conclavismo. Un puñado de obispos, sacerdotes, laicos; con una decena de falsos argumentos ya refutados, se niegan a cumplir el deber gravísimo de extinguir la vacancia del cargo papal. Quieren permanecer acéfalos, como los herejes monofisitas después del Concilio de Calcedonia, con los cuales Sergio hizo acuerdo ecuménico, con el apoyo del Papa Honorio I.

          No quieren el primado de jurisdicción del Sucesor de Pedro, dogma de fe. Dicen: “No es necesario”, “falta la profesión de fe en retorno de un Papa fiel”, “falta un Pontífice que transmita el poder a los obispos.”

          Las dos herejías convergen para la destrucción de la fe universal divina, de modo especial, del primado monárquico del Sucesor de Pedro. Apartan al Pastor supremo de los otros pastores y de las ovejas. Apartan a los dos fundamentos de la Iglesia, la unidad de fe de la unidad de régimen. Quieren o las herejías, o una Iglesia acéfala, “sin solución”.        

  1. PRINCIPIOS GENERALES DEL DERECHO.

          San Pío X, en la Constitución “Vacante Sede Apostolica” mostró el “deber gravísimo y santísimo de elegir un Sucesor de Pedro, en la vacancia”: Ese deber de obrar no viene del Derecho humano; viene de la esencia y naturaleza de la Iglesia instituida por Cristo. Él se funda en el dogma de fe: la Iglesia de Cristo, por naturaleza, por voluntad de Cristo debe tener “perpetuos sucesores de Pedro en el primado sobre la Iglesia, en la fe y en el régimen.” (D.S. 3058)

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¿Dónde está la Iglesia? – Parte II – Mons. Squetino

Primera Parte de este artículo de Mons. Squetino: https://cubacatolica.wordpress.com/2017/10/04/donde-esta-la-iglesia-mons-squetino/

          Hace un tiempo publicamos en el blog un artículo sobre la unidad de la Iglesia, y mostramos que al ser una nota la Unidad, si ella faltara, faltaría la Iglesia pues la Iglesia de Cristo es dogmáticamente UNA, SANTA, CATÓLICA Y  APÓSTOLICA, teniendo como un propio la visibilidad. La Iglesia de Cristo es Una y Única y además, como dice S.S. Pio XII, debe ser visible. Donde falte una de éstas notas, falta la Iglesia de Cristo.

          Nos dice Su Santidad León XIII en su encíclica “Satis Cognitum“: “Ahora bien, si se mira lo que ha sido hecho, Jesucristo no concibió ni formó a la Iglesia de modo que comprendiera pluralidad de comunidades semejantes en su género, pero distintas, y no ligadas por aquellos vínculos que hicieran a la Iglesia indivisible y única, a la manera que profesamos en el Símbolo de la fe: Creo en una sola Iglesia… Es pues, la Iglesia de Cristo única y perpetua. Quienquiera de Ella se aparta, se aparta de la voluntad y prescripción de Cristo Señor y, dejado el camino de la salvación, se desvía hacia su ruina.”

          En ese artículo decíamos que, ante la crisis actual, cuando uno se pregunta dónde está la Iglesia Católica, deberíamos afirmar que estaba en aquella congregación de fieles (Coetus Fidelium) que quisieran eficazmente la elección del Papa para acabar con la vacancia que se prolonga desde la muerte de S.S. Pío XII.

          Últimamente, el P.Basilio Méramo está predicando en sus sermones sobre la validez de las ordenaciones y consagraciones de Mons. Thuc, ataca su obra argumentando que estaba loco, y defendiendo a capa y espada a Mons. Lefebvre y su actuar, separando a Mons. Lefebvre de su Fraternidad San Pío X diciendo que es resultado del P. Schmidberger y los obispos consagrados por Mons. Lefebvre.

          Yo, personalmente, no hago un santo de Mons. Thuc, sí cometió errores en su obrar, errores de los que Dios se sirve para continuar su Iglesia, aunque a muchos no les guste.

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Sobre Lefebvre – por el Ing. Roberto Gorostiaga

Revista Roma N° 107 – Diciembre de 1988

ESTAD FIRMES Y GUARDAD LAS TRADICIONES

Roberto Gorostiaga

«Estad firmes y guardad las tradiciones» ( II Tes. 2, 15)

            Gorostiaga junto a Lefebvre

(Foto: Ing. Gorostiaga junto a Mons. Marcel Lefebvre)

Las ordenaciones episcopales del 29 de junio último en Ecóne han traído la división entre los católicos tradicionalistas, o sea, los que sostenían la Fe, la Misa, la moral de siempre frente a las innovaciones conciliares.

            Conocimos a Mons. Lefebvre en Roma, en mayo de 1962, pues sabíamos que era uno de los prelados que creía en Cristo Rey y se oponía al “humanismo” que cundía. Las “nuevas teologías” que condenara Pío XII en “Humani Generis” levantaban cabeza a su muerte.

            Durante el Concilio se opuso al triunfante humanismo, pidió la Consagración de Rusia al Inmaculado Corazón de María y la condena del comunismo ateo y después del Concilio fue llevado, ante la angustia de muchos jóvenes seminaristas, que estaban como ovejas sin pastor, a fundar el Seminario de Ecóne.

            Estuvimos en Ecóne en 1975 y hablamos de la situación de nuestra Patria y de la eventual fundación de una casa en Buenos Aires.

            En 1977 lo invitamos a visitar la Argentina y como resultado de esa visita quedó fundado el priorato de Buenos Aires; la obra de la Tradición se extendió rápidamente por la Argentina e Hispanoamérica y en pocos meses funcionaba un seminario con estudiantes de la Argentina, México, Colombia y otros países, el que luego se instalaría en La Reja.

            Durante diez años pusimos nuestra Cabeza y nuestro corazón al servicio de esa Obra, en la que veíamos un pilar de la Tradición bimilenaria.

            Algunas posiciones poco claras de Mons. Lefebvre y el comienzo de nuevas tratativas con el Vaticano nos trajeron inquietud, como también a no pocos tradicionalistas. Le escribimos al respecto; incluso una carta, a los dos obispos, antes de que las consagraciones fueran realizadas. Ellas significaron un corte profundo.

            La documentación que la propia Fraternidad hizo pública, mostró la hondura de ese corte que hirió nuestro corazón, que no es de piedra.

            San Jerónimo escribió a Heliodoro, invitándolo a vivir en el desierto: “Aunque vuestra madre, desgreñada y rotas las vestiduras os muestre los pechos con que os alimentó y aunque vuestro padre se tienda en el suelo sobre el umbral de la puerta; pasad por encima y seguid adelante…! Aquí el cariño exige ser cruel.” [1]

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Tercera respuesta al P. Meramo

El Padre Basilio Méramo me acusa de cobardía por no publicarle su última “réplica”, he aquí mi respuesta.

Padre Basilio:

No es cuestión de pantalones, sino de honestidad intelectual e integridad católica. Yo no soy un liberal, y no tengo por qué publicarle sus errores y diatribas teológicas, frutos no del estudio sereno sino del apasionamiento sectario que lo aflige. Estudie el asunto con integridad y entonces será escuchado por los católicos serios. Mientras tanto solo en su capilla será tenido en cuenta. La Iglesia Católica no es un circo.

Su gigante sabiduría pretendiendo refutar la objeción que pone el padre Altamira a la cuestión de la validez del episcopado de Mons. Lefebvre es de humo, pues no aplica lo que usted dice de que un obispo masón siempre pretende trasmitir el episcopado porque los satanistas quieren conservar el poder en sus sectas para burlarse de la Iglesia y de Cristo. ¿Por qué no aplica ese argumento? Sencillo, porque los obispos masones infiltrados en la Iglesia sólo trasmitían ese poder episcopal válidamente a quienes seguirían sus pasos y formarían parte de ese complot cabalístico y masónico contra la Iglesia. Por el contrario, si los ordenados no serían proclives a las ideas masónicas de Lienart, ¿por qué Lienart estaría interesado en trasmitirle el episcopado válidamente? ¿Acaso le interesaba a Lienart consagrar obispos válidamente para la Iglesia Católica? ¿Estaba muy interesado en eso? ¿No es precisamente eso, acabar con las sagradas órdenes, lo que han pretendido desde el siglo XIX los carbonarios y demás sociedades secretas? Lo otro sería lanzar la especulación de que Lienart le trasmitió el episcopado a Lefebvre porque pensó que este era de su partido masónico, y en ese caso, ¡!ay!!, sería mejor ni seguir el argumento.

Por tanto padre, lo que dice Altamira lejos de ser una objeción satánica, es totalmente plausible y válida. La que viene del infierno para confundir a los fieles es la suya, tratando de pintar a su excelencia Mons. Thuc, contra viento y marea, como  un loco o desquiciado. Calumniar es pecado, y grave, peor si la persona calumniada es un obispo de la Iglesia.

Gústele a Ud. o no, los errores tácticos de Mons. Thuc son NADA, comparados con la concepción herética y galicana del papado y de la Iglesia que tenía Mons. Lefebvre. Usted recibió el “sacerdocio” de él, pero eso no quita que usted pueda analizar la cuestión con objetividad. Sea valiente, y si descubre que necesita reordenarse, acuda a cualquier obispo “thucista”, de los que tanto ha calumniado, para que no exponga a la duda a sus feligreses.

Usted me dice en su correo que yo fui quien se metió con usted sin que nadie me hubiera llamado a emitir mi opinión, pero:

  1. a) Usted está cuestionando un asunto que compete a toda la Iglesia Católica (la validez del linaje episcopal de Mons. Thuc)
  2. b) No es mi opinión, sino la de la mayoría de los tradicionalistas, y por tanto, en ese sentido, no hablo solo, sino que escribo en nombre de muchos que por falta de tiempo en este mundo tan agitado y siniestro, apenas pueden tomarse unos minutos para responder a sus diatribas tenebrosas.

Por tanto, si usted tiene derecho a que yo le publique sus “réplicas” en mi blog, yo también tengo el mismo derecho a que mis escritos contestando a sus argumentos, sean publicados en el suyo. De lo contrario, usted estaría aplicando algo que aparentemente critica mucho en sus sermones: la ley del embudo, ancho para usted y estrecho para mí. Sea justo y honrado.

Que Dios le permita serenarse en esta polémica, y pueda ver la Verdad.

PD – Conocido es que en la consagración episcopal de Mons. Lefebvre estuvieron presentes otros obispos además de Lienart, por lo que el verdadero problema fue su ordenación sacerdotal, en la cual si estuvo exclusivamente Lienart. Siendo dudosa su ordenación sacerdotal, el episcopado sería dudoso, pues no puede recibir el obispado quien no ha recibido previamente el sacerdocio. No obstante, el argumento que hago se aplica igual: ¿Estaba muy interesado Lienart en aportarle sacerdotes validos a la Iglesia Romana?

Contra-réplica al P. Bailio Méramo

Carta abierta al P. Basilio Méramo

Cienfuegos, 18 de abril del 2018

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Padre:

No pretendo ser teólogo, ni filósofo, y mucho menos un sabio. Mis conocimientos de teología católica son fruto del estudio de muchos libros católicos que algunos sacerdotes me han recomendado. No pretendo igualarme a usted, pues no soy sacerdote y no tengo la ciencia sagrada que tienen ustedes. No pretendo humillarlo en público ni en privado, refutándole y haciéndole quedar mal parado. Simplemente quiero mostrarle los argumentos que yo he encontrado a favor de la validez y legitimidad de Mons. Thuc, contrariamente a lo que usted últimamente viene diciendo.

Escribo yo, pero no estoy solo, y con esto lo que quiero decir no es que algún sacerdote u obispo dirija mis escritos, sino que en ellos no expreso otra cosa que el común pensar de muchos católicos del mundo entero. He hecho mis averiguaciones y diligencias pertinentes, para no escribir tonterías. Jamás me hubiera atrevido a polemizar en un tema sin tener los elementos. De lo contrario sería esto una falta de respeto al tiempo que tanto usted como yo tenemos que dedicar a seguir esta disputa.

Yo quiero suponer que usted más que malicia y deshonestidad intelectual, simplemente desconoce algunos elementos del asunto que analiza (me refiero principalmente al linaje Thuc pero indirectamente también al conclavismo). Y digo esto, porque teniéndole por un sacerdote culto y preparado (sus opúsculos teológicos son bien fundados), no encuentro otra explicación que el que usted desconoce la versión adecuada de los hechos y por eso ahora sale con esa cantidad de verdades a medias y sofismas, para terminar en algo que hace mucho tiempo está refutado.

Le quiero poner una analogía de otra cuestión que en el mundo tradicionalista es muy mal vista, criticada apriorísticamente y sin tomarse el trabajo de hacer muchas averiguaciones: el milenarismo. Los argumentos que usted emplea para criticar a Mons. Thuc tienen el mismo valor, que los argumentos que usan los anti-milenaristas para criticar el Milenio (que si el Santo Oficio declaró no ser segura la enseñanza del milenarismo, que la obra del padre Lacunza fue puesta en el Índice, etc.). Así como usted ha demostrado muy bien, aquellos argumentos contra el milenio son puros sofismas, pero aun así hay muchos que por su “tirria” anti-apocalíptica y anti-milenarista, siguen repitiéndolo sin saber que ya están refutados. Algunos conocerán esos argumentos, pero por deshonestidad intelectual prefieren dar a entender que no existen. Pues verá usted que lo mismo pasa con la cuestión del linaje de Mons. Thuc: hace muchos años, más de 20 aproximadamente, se levantó una serie de calumnias y mentiras contra Mons. Thuc para desprestigiarlo y confundir a los católicos sedevacantistas que recibían los sacramentos de los sacerdotes y obispos “thucistas”. Algunas de estas acusaciones vertidas contra Mons. Thuc eran verdades injustamente consideradas y sacadas de su contexto, otras eran verdades a medias y algunas por supuesto, eran simples calumnias.

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