¿Dónde está la Iglesia? – Mons. Squetino

vaticano

“Debe existir en la Verdadera Iglesia perfecta unidad de régimen, o sea: debe haber al frente de esa sociedad religiosa una autoridad suprema y visible, de institución divina, a la cual obedezcan todos los miembros que la forman.

No basta una especie de política de amistad o buena vecindad entre un montón de jefaturas eclesiásticas desconectadas jurídicamente, es decir: independientes entre sí, SIN OTRA CABEZA SUPREMA QUE UN CRISTO INVISIBLE Y CELESTIAL CUYAS PALABRAS Y MANDATOS INTERPRETA CADA UNO A SU GUSTO.”

(R.P. Fernando Lipúzcoa. Breviario Apologético. 1954)

Todos aquellos que vimos, por gracia de Dios, los frutos nefastos del Concilio Vaticano II y su doctrina del “aggiornamiento” (puesta al día), nos encontramos, sin quererlo, en la triste situación de elegir. Seguir a Dios manteniendo la fe de siempre o seguir a los hombres en la creación de una nueva religión más humana que divina como es el modernismo. La decisión no se podía dudar, abandonar el aparato conciliar con todas sus herejías manifiestas y seguir a Cristo en su Iglesia guardando las tradiciones bimilenarias y sobre todo su doctrina inmaculada, era más que evidente.

Ya han pasado casi 60 años desde que la Iglesia católica quedó sin cabeza visible por la pérdida del Oficio del Soberano Pontífice, y muchos fieles – eclesiásticos y seglares- que combatimos en esta dura batalla en defensa de la fe, quizás la última antes del triunfo definitivo (solo Dios lo sabe), nos encontramos con otro obstáculo doloroso, que a simple vista parece insuperable: el desgarramiento de la Unidad, en el que se fue cayendo casi imperceptiblemente a causa, a lo mejor, de la duración del combate; con la ayuda también de la mala voluntad de algunos que solo buscan destruir, bajo apariencia de bien, lo poco que queda de la reacción.

Uno de los argumentos más fuertes y sólidos de los enemigos en sus ataques, es justamente, que el movimiento tradicionalista está tan dividido en pequeños grupos con tantas y tantas opiniones teológicas diversas y tan alejados, en la práctica, de la caridad bien entendida, que se asemeja a las sectas protestantes, donde cada secta es una iglesia.

Desgraciadamente y haciendo honor a la verdad… TIENEN RAZÓN.

Muchos tradicionalistas utilizan, para justificar su actitud sectaria, el siguiente pasaje evangélico: “Heriré al Pastor y se dispersarán las ovejas”. Forzando el sentido de la frase, quieren hacer decir a Nuestro Señor: “Heriré al Pastor y se dividirán las ovejas”, sentido absolutamente falso.

Es una interpretación puramente de conveniencia, adaptando la definición de las palabras a su antojo y no al verdadero sentido escriturístico ni al nominal; dejando pensar que la palabra “dispersar” tiene el mismo significado que “dividir”.

“Dispersar”, según la Real Academia Española quiere decir: “Diseminar lo que está unido” y “dividir” quiere decir: “Partir, separar en partes, desunir”, en su sentido figurado es mucho más claro rara nosotros el sentido de “dividir”: “Desunir los ánimos, sembrar discordia”.

Para cualquiera que se precie de ser católico, ver la situación actual del tradicionalismo debería ser realmente alarmante. Hemos llegado a un punto tal de divergencias graves y divisiones aún peores que tenemos todo el derecho de preguntarnos: ¿Es el “tradicionalismo” actual un movimiento católico?¿Cuál de todos los pareceres e interpretaciones tan contradictorios que nos presentan los diversos grupos debemos seguir para estar ciertos de mantenernos dentro de la Iglesia?¿Debemos conformarnos con sólo asistir a la “Misa en latín”?

Para darnos cuenta un poco mejor de la necesidad de buscar la unidad (que debe estar en alguno de esos grupos tradicionales), a pesar de las fallas humanas, tenemos que estar perfectamente conscientes  que LA UNIDAD DE LA IGLESIA CATÓLICA ES UNA NOTA DE SU ESENCIA COMO INSTITUCION DIVINA; no un principio humano sino divino. Es una nota que distingue a la Iglesia de Jesucristo de todas las otras falsas iglesias o sectas. La Iglesia, para ser la verdadera, debe ser UNA Y ÚNICA, fuera de la cual no hay salvación. Sin importarnos el número, sean pocos o muchos, debemos formar un solo cuerpo y una sola alma.

Nos dice Su Santidad León XIII en su encíclica “Satis Cognitum“: “Ahora bien, si se mira lo que ha sido hecho, Jesucristo no concibió ni formó a la Iglesia de modo que comprendiera pluralidad de comunidades semejantes en su género, pero distintas, y no ligadas por aquellos vínculos que hicieran a la Iglesia indivisible y única, a la manera que profesamos en el Símbolo de la fe: Creo en una sola Iglesia… Es pues, la Iglesia de Cristo única y perpetua. Quienquiera de Ella se aparta, se aparta de la voluntad y prescripción de Cristo Señor y, dejado el camino de la salvación, se desvía hacia su ruina.”

¿Acaso no nos encontramos hoy más que nunca ante esta situación que “Jesucristo no concibió para su Iglesia” como nos lo dice Su Santidad? ¿No estamos frente a esa “pluralidad de comunidades semejantes en su género, pero distintas” (como son las sectas protestantes) viendo los tantos y tan diversos grupos tradicionalistas que gritan todos por separado “Somos católicos!!!” pero que no pueden hacer nada juntos?

Es contradictorio proclamarse “católico”(universal), sin el deseo de comulgar con los demás que “dicen” guardar los mismos principios y que “dicen” también ser católicos pero, que pertenecen a “grupos distintos”. Canónicamente, esta actitud renuente de comunión entre los que “se dicen católicos” se llama CISMA. Dice el canon 13Z5: “…finalmente, si rehúsa (el fiel que ha recibido el bautismo) someterse al Sumo Pontífíce o se niega a comunicar con los miembros de la Iglesia que le están sometidos, es cismático.” Por desgracia, en general, no es culpa de las ovejas, sino de la soberbia de los pastores. Pero, sigamos adelante.

Para entender más profundamente estos principios de uni(ci)dad y pertenencia a la Iglesia, vamos a profundizar un poco en otros conceptos que es necesario manejar para captar mejor el problema actual del tradicionalismo.

Comencemos por la definición de lo que es una “nota” de la Iglesia, luego, cuáles son las “notas” de la Iglesia y finalmente, qué es la “nota” de unidad y cómo debe ser.

1- “¿Qué es una “nota”?

“Propiedades o criterios de legitimidad, son signos sensibles por medio de los cuales podemos distinguir la verdadera Iglesia de las falsas. Algunas son accidentales o contingentes, que se manifiestan extrínsecamente como podrían ser los milagros. Otras son esenciales o necesarias intrínsecamente y son las que llamamos “nota”por ejemplo las cualidades de la Iglesia que la hacen visible como tal.

NOTA DE LA IGLESIA, ES ENTONCES, LA PROPIEDAD NECESARIA Y VISIBLE POR LA CUAL LA IGLESIA DE CRISTO ES RECONOCIDA COMO TAL Y DISTINGUIDA DE LAS FALSAS IGLESIAS.

La nota de la Iglesia, por lo tanto, tiene las siguientes cualidades:

a- Una propiedad necesaria de la Iglesia para poder reconocerla como la verdadera.

b- Visible, por lo menos, mediata o indirectamente, de otra manera, no se distinguiría de las falsas,

c- Capaz de hacernos conocer la Iglesia en cuanto tal, en con­creto, como la verdadera.

d- Fácilmente reconocible, pues una nota debe hacer conocer a la Iglesia a todos, pues, es necesario pertenecer a Ella.” (Cfr. P. Salaverri S.I., “De Ecclesia Christi” T.III, L.3, C.3, A.2 ed BAC)

2- ¿Cuántas v cuáles son las notas de la Iglesia?

a- Citaremos la definición del Concilio Vaticano I con respecto a las notas de la Iglesia: “Ahora bien, para que pudiéramos cumplir el deber de abrazar la fe verdadera y perseverar constantemente en ella, instituyó Dios la Iglesia por medio de su Hijo unigénito y la proveyó de notas claras de su institución, a fin de que pudiera ser reconocida por todos como guardiana y maestra de la palabra revelada.” (Dz. 1793)

b- Es de doctrina católica definida que la Iglesia está constituida por cuatro notas como rezamos en el Símbolo de la fe y confirmada por el Papa Pío IX en el decreto de la Sede Apostólica contra los Anglicanos donde dice:

“La verdadera Iglesia de Jesucristo se constituye y reconoce por autoridad divina con la cuádruple nota que en el Símbolo afirmamos debe creerse; y cada una de estas notas, de tal modo está unida con las otras, que no puede ser separada de ellas.” (Dz. 1686)

c- Tomadas en conjunto, es doctrina cierta en teología, que estas notas muestran la verdadera Iglesia de Jesucristo y que la distinguen de las falsas iglesias.

d- Las cuatro notas esenciales de la Iglesia son: la unidad, la catolicidad, la apostolicidad y la santidad.

Estas notas tienen todos los elementos de la definición: son propiedades esenciales, son visibles, fácilmente reconocibles y más patentes para reconocer a la Iglesia como tal

  • Unidad. social de hecho que se manifiesta en la misma profesión de fe, en el mismo régimen de obediencia y en la práctica     del mismo culto.
  • Catolicidad (universalidad) es la gran difusión numérica y geográfica de los fieles de la Iglesia por todo el mundo.
  • Apostolicidad. continua sucesión Romana desde San Pedro y los Apóstoles.
  • Santidad, moral, perfecta y heroica, que se manifiesta por la caridad en las obras, a la cual siempre está unida.

Dice el Concilio Vaticano I: “Si alguno negare que solo la Iglesia Romana, verdadera Iglesia de Cristo, es Una Santa, Católica y Apostólica, SEA ANATEMA” (Esquema “De Ecclesia” en. 16)

Habiendo visto muy someramente la constitución esencial de la Iglesia de Jesucristo en sus cuatro notas fácilmente reconocibles, nos queda claro que si no poseemos una de ellas, no poseemos ninguna de hecho y no pertenecemos a la verdadera Iglesia.

No es, entonces, asunto de gustos o de impresiones personales, ni es tampoco cosa de poca importancia preguntarnos si realmente el tradicionalismo es en todas y cada una de sus manifestaciones grupales una posición católica.

Es una pregunta fundamental para la salvación del alma y para el orden de la Iglesia (en lo que de nosotros depende) si lo que estamos profesando con las obras en la tradición sirve para salvarme y para salvar a otros.

En orden a esta cuestión sigue la exposición más precisa sobre la nota de unidad de la Iglesia, que es en general, el punto débil del tradicionalismo.

3- ¿Qué es la nota de unidad? ¿Cómo debe ser la unidad de la verdadera Iglesia?

Veremos, primeramente, unas nociones generales sobre la unidad para luego aplicarlas a la Iglesia.

Nociones:

-Unidad es la propiedad por la cual una cosa es indivisa en sí misma y divisa o distinguible de cualquier otra.

-La unidad excluye, entonces, la posibilidad de que la cosa sea intrínsecamente dividida y no sufre ser separada en partes.

Trasladados estos principios a la Iglesia, podemos decir que:

-La Unidad de la Iglesia es la propiedad por la cual la verdadera Iglesia es indivisa en sí misma y perfectamente distinguible de las falsas.

– La Unidad de la Iglesia excluye, entonces la posibilidad de ser dividida y no sufre ser separada en partes.

Por eso, aquí sí podemos utilizar la frase del Evangelio y comprenderla con más claridad “Heriré al Pastor y se dispersarán las ovejas” (Faltando el Sumo Pontífice, la Iglesia se dispersa, pero NO se divide).

Ahora bien, la Unidad de la que hablamos se basa en la ordenación de  los católicos hacia un fin común bajo una potetad suprema.

Veamos que nos dice el Papa Bonifacio VIII en su bula “Unam Sanctam” sobre la unidad de la Iglesia: “Por apremio de la fe, estamos obligados a creer y mantener que hay Una sola y Santa Iglesia Católica y la misma Apostólica… y fuera de Ella no hay salvación ni perdón de los pecados… Ella representa un solo cuerpo místico, cuya cabeza es Cristo, y la cabeza de Cristo, Dios. En Ella hay un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo…Esta es aquella túnica del Señor, inconsútil que no fue rasgada, sino que se echó a suertes. La Iglesia, pues, que es una y única, tiene un solo cuerpo, una sola cabeza y no dos, como un monstruo, es decir, Cristo y el vicario de Cristo, Pedro y su sucesor, puesto que dice el Señor: Apacienta mis ovejas’.

En la Iglesia, esta unidad debe ser triple: de fe, de régimen (o de gobierno) y de culto, esto es, unión de inteligencia, de voluntad y de obra, como lo enseña el Papa León XIII en la encíclica “Satis Cognitum”: “Más el que fundó la Iglesia, la fundó también una, es decir, de tal naturaleza que cuantos habían de formar parte de ella habían de estar unidos entre sí por tan estrechísimos vínculos, que de todo punto formaran una sola nación, un sólo reino, un solo cuerpo…Más el necesario fundamento de tan grande y absoluta concordia entre los hombres es el acuerdo y unión de las inteligencias, de donde naturalmente se engendra la conspiración de las voluntades y la semejanza de las acciones.”

Es imposible aplicar de hecho estas enseñanzas de León XIII al tradicionalismo actual. Quien no lo quiera ver es como el que “viendo no ve y oyendo no oye”. Hay que ser muy necios para afirmar que el tradicionalismo tomado en su conjunto expresa la unidad de la Iglesia, y por lo tanto, es también de necios afirmar que todos los tradicionalistas son católicos. ¿Dónde está la sola nación, el solo reino, el solo cuerpo del que habla Su Santidad?

Sin embargo, en alguna parte debe  estar, pues es promesa de Jesucristo que estará con su Iglesia hasta el fin de los tiempos.

Para contestar este aparente dilema, sigamos estudiando más el punto de la Unidad:

  1. La Unidad de fe, es el concurso de las inteligencias en la misma profesión de fe, bajo el supremo Magisterio de la Iglesia.
  2. La Unidad de régimen (o gobierno) es la ordenación de las voluntades hacia el mismo fin social bajo la suprema potestad de gobierno de la Iglesia.
  3. La Unidad de culto es la convergencia en la celebración del Sacrificio y en el uso de los Sacramentos y actos litúrgicos, bajo la suprema potestad de santificación de la Iglesia.

Esta triple unidad social ha sido instituida por Cristo en el Primado de San Pedro y sus Sucesores.

Estos tres principios de unidad han sido atacados por los adversarios de la Iglesia en todos los tiempos, veamos un poco más en detalle:

1- LA UNIDAD DE FE, fue atacada por todos los herejes y apóstatas de la fe católica, quienes negándola con pertinacia fueron amputados del Cuerpo Místico. Por ejemplo, los protestantes y los calvinistas, los utraquistas, arríanos, pelagianos, etc.

CON RESPECTO AL TRADICIONALISMO ¿TENEMOS UNIDAD DE FE?

Unos, por ejemplo, con respecto al Soberano Pontífice “opinan” que se le puede desobedecer por sistema, cuando enseña errores contra la fe, suponiendo que un Papa puede errar contra la fe y proferir herejías sin dejar de ser Papa, como es el caso de la Fraternidad San Pío X. Este caso merece un estudio mucho más amplio que dejaremos para más adelante. De todas la “posiciones” tradicionales, es la peor y francamente no es católica. Dice Bonifacio VIII en la bula “Unam Sanctam”: “Ahora bien, someterse al Romano Pontífice, lo declaramos, lo decimos, definimos y pronunciamos como de toda necesidad de salvación para toda humana criatura.” La posicion de la Fraternidad San Pío X es insostenible.

Otros dejan a la Iglesia en un estado de deseperación, de inacción, de muerte, impropia de cualquier sociedad perfecta, cuánto más de la sociedad la más perfecta, como lo es el Cuerpo Místico de Cristo, como por ejemplo los Britones, que prácticamente niegan aún al mismo Dios la posibilidad de dar un Papa a su Iglesia.

Otros como los que “opinan” que la Sede de Pedro está ocupada por una sucesión casi interminable de “Papas materialiter” (Papas materialmente Papas) dejando la solución de la falta de cabeza a merced de la conversión de una monstruosa secta herética como lo es el modernismo, es decir que la continuidad de la Iglesia como formal y materialmente Una, depende de la conversión de un hereje, en este caso el “Papa materialiter” que ni siquiera es miembro del Cuerpo Místico de Cristo. Teoría completamente nueva e innovadora. (Esta posición ya ha sido suficientemente refutada por el Dr. Homero Johas.)

Otros que en su deseo de arreglar la situación “opinan” que debemos darle a la Iglesia a como de lugar, su cabeza visible, es decir, un Papa, y nos encontramos entonces en la triste realidad que hay “elegidos” 11 “Papas” actualmente la mayoría de ellos por elección “milagrosa” con intervenciones de la Ssma. Virgen María o inspiraciones místicas.

Otros que en definitiva no les importa el problema de la fe, de la pertenencia a la Iglesia mientras no afecte su “dolce vita” (dulce vida, cómoda y apacible), de esos, como dice San Benito: “Más vale callar que hablar“.

Ponemos la palabra “opinan” entre comillas, pues, en la práctica no son “opiniones”, sino, en realidad convicciones tenaces mezcladas con mucha soberbia y espíritu de independencia.

Lo peor es que todas estas “opiniones” van apoyadas en la “Misa en latín”.

2- LA UNIDAD DE GOBIERNO, la atacaron, se opusieron a ella y la negaron todos aquellos que llamándose cristianos, propugnaron por la autonomía e independencia sectaria. Por ejemplo los orientales conocidos como las “iglesias autocéfalas” (cabezas propias), los Protestantes y todos los Anglicanos y actualmente los Modernistas y Racionalistas.

VAMOS AL TRADICIONALISMO: ¿HAY UNIDAD DE GOBIERNO?

¿No aparecemos, acaso, como esas sectas protestantes o esas “iglesias autocéfalas” donde cada sacerdote es el “Papa” de su feligresía; dónde los Obispos no gobiernan, sino que son utilizados por los sacerdotes para la administración de ciertos Sacramentos; dónde el Obispo no quiere y positivamente se niega a tener autoridad para no tener responsabilidades y tomar decisiones que en realidad le tocan en conciencia delante de Dios (como otros tantos Pilatos)? ¿No estamos en el punto de esas comunidades eclesiásticas de base que tanto pregona el modernismo y van tan en contra del sentir de la Iglesia, donde el valor de la jerarquía está invertido?

Para qué seguirle, no acabaríamos más de enumerar “opiniones” y “posiciones” diferentes.

Otros, lo que es peor, se dejan gobernar y manejar por laicos poderosos e influyentes, rebajando así la dignidad de la Iglesia.

Lo peor es que todas estas “opiniones” van apoyadas en la “Misa en latín”.

3- LA UNIDAD DE CULTO, fue atacada, se opusieron a ella y la negaron los Protestantes, los Latitudinarios, los Racionalistas y los Modernistas. Al ser para ellos la fe algo puramente interno y fiducial (de confianza) no era necesario un culto único, siendo que en la unidad del Sacrificio y Sacramentos y ritos, se ve claramente el mismo obrar que caracteriza a la Iglesia de Cristo.

VAMOS AL TRADICIONALISMO: NO PODEMOS DECIR QUE TENGAMOS UNIDAD DE CULTO.

Cada grupo posee sus características propias. En cuanto al Sacrificio, por ejemplo la Fraternidad San Pío X nombra a un hereje (Juan Pablo II) en el canon de la Misa como si la Iglesia fuera “Una cum” un hereje. Reconociendo los ritos de Juan XXIII, toman de ellos lo que les parece.

Algunos siguen los ritos de San Pío X, y aunque asintiendo que el último Papa fue Pío XII, escudriñan en su pontificado errores y fallas humanas que no tocan a la fe para no aceptar sus reformas litúrgicas. El error de éstos es que se convierten en jueces de todos los Papas y que relativizan el Papado según sus afirmaciones personales.

Otros toman de S.S. Pío XII lo que les gusta, “total, no hay Papa” dicen ellos. Otros, lo que es peor, siguen en partes importantes de la liturgia los ritos de Juan XXIII, con sus reformas modernistas y ecuménicas que dieron el primer paso para la destrucción de la liturgia y con el pretexto de “acomodarse a la exigencia de los fieles” se “desacomodaron a las exigencias de Dios”.

Pero lo peor es que todas estas “opiniones” van apoyadas en lo más sagrado que tiene la Iglesia: “la Misa en latín”.

Este trabajo no es una crítica de nadie en especial, sino que todos, en lo que nos corresponde debemos darnos cuenta que nuestra actuación puede ser un “granito de arena” en la confusión actual. Por eso le pedimos a Dios encarecidamente y con instancia que no nos hagamos sordos a la “voz del Señor que nos llama”, ni ciegos a la luz del Espíritu Santo, que desea en cuanto Amor Infinito la Unidad de los católicos, fruto de la fe informada por la caridad.

Todos vemos y aceptamos que esta falta de unidad que pone en juego nuestra salvación eterna viene como consecuencia de no tener una cabeza visible única, de no tener un Papa. Dice el dogma: “Ubi Petrus, ibi Ecclesia” (Donde está Pedro, está la Iglesia); hoy podemos decir: “Donde está ese deseo eficaz tener a Pedro, ahí está la Iglesia.” Hagamos todo lo que esté de nuestra parte para lograrlo, al menos busquemos la unidad, de a poco, por el bien de las almas, muchas de las cuales han perdido la fe a causa de nuestras divisiones.

Es en esta disposición efectiva y eficaz de buscar la unidad donde está el verdadero católico. Es aquí y sólo aquí donde se encuentra la verdad, en el deseo eficaz de recuperar la unidad; no solamente en palabras sino en obras. El trabajo apostólico hecho en la división “no recoge, sino que desparrama”. Es en la búsqueda de la elección del Papa donde se encuentra la pertenencia a la Iglesia Católica.

Como decia Santa Teresita antes de morir : “Que Dios nos encuentre con las armas en las manos”. Si es su voluntad santísima que nunca lo logremos a causa de los pecados de la humanidad, que no quede en nuestras conciencias el no haberlo intentado. Dejemos de lado toda la soberbia que el demonio inspira en nosotros, todo particularismo sectario que divide y desune. No hagamos como los modernistas que para unirse con los herejes y cismáticos buscan lo que los une, sin ver lo que los separa; no, nosotros vamos a ver lo que nos separa, para que, con humildad y caridad de parte de todos podamos llegar a un entendimiento católico para poner fin a la situación actual, pero sin ceder en la obligación de elegir al Papa para que nos gobierne y nos una.

No importan las divergencias, antes de decidir podemos y debemos hablar; hablando se entiende la gente, cuánto más los católicos. Tratemos con la gracia de Dios de reunir a los “dispersos” y de unir a los “divididos”.

De nuestra parte, la Fundación San Vicente Ferrer con todos sus miembros, estamos dispuestos a dialogar de manera caritativa con quien quiera hacerlo. Muchos de entre nosotros no nos conocemos más que por referencias, muchas veces mal intencionadas para lograr  justamente la división.

Nosotros solamente queremos el bien de la Iglesia y ponemos a Dios y a la Santísima Virgen por testigos de que es así. La situación actual es catastrófica, sin precedentes en la historia de la Iglesia, no aumentemos con nuestra soberbia el dolor de la Esposa Inmaculada de Jesucristo.

Estamos seguros de que muchos de los que lean esta trabajo, se van a burlar de nuestras intenciones, o simplemente no harán caso alguno, pero, que Dios juzgue a cada quien. Lo que sí queremos, es hacer nuestra una frase que el R.P. Castellani (r.i.p.) dirigió a aquellos que lo perseguían en una situación similar: “Con Ustedes; sin Ustedes o contra Ustedes, vamos a tratar de ayudar a la Iglesia. Y si fracasamos, salvaremos nuestra alma, que es en definitiva lo que importa.”

LAUS DEO

Mons. Juan José Squetino Schattenhofer.

20160703_113325

 

 

 

 

 

 

 

Nota. Los obispos sedevacantistas, sólo tienen el poder de orden y ejercen la jurisdicción extraordinaria sólo de una manera provisional, hasta que la Sede de San Pedro sea ocupada por un Papa verdadero. Y DE NINGUNA MANERA LES ES LÍCITO PERPETUARSE INDEFINIDAMENTE AL AMPARO DE LA NECESIDAD, A TRAVÉS DE LA VIRTUD DE LA EPIQUEYA, SIN PONER LOS MEDIOS ADECUADOS PARA ACABAR CON LA VACANCIA.

Anuncios

FRANCISCO CONTRADICE LA LETRA DEL CONCILIO DE TRENTO

HEREJÍA: Francisco contradice directamente el Concilio de Trento nuevo

Francis-chocolate Luther

Una de las cosas mejores de Francisco es que en comparación con sus cinco predecesores de triste memoria, es bastante directo y mucho más claro en su negación del dogma, por lo que es más fácil condenarlo por herejía. He aquí un ejemplo reciente.

El 13 de octubre de 2016, el 99 aniversario del Milagro del Sol en Fátima y de la revelación del Tercer Secreto por la Virgen, el “Papa” Francisco recibió a “peregrinos” luteranos de Alemania en el Vaticano. La británica Catholic Herald informa de las palabras de Francisco de la siguiente manera:

“No se puede ser cristiano sin vivir como un cristiano,” [Francisco] dijo. “No se puede ser cristiano sin la práctica de las bienaventuranzas. No se puede ser cristiano sin hacer lo que Jesús nos enseña en Mateo 25. “Esta es una referencia al mandato de Cristo de ayudar a los necesitados por tales obras de misericordia como alimentar al hambriento, vestir al desnudo y acoger al extranjero.

“Francisco: No se puede defender el cristianismo estando ‘contra los refugiados y las otras religiones” , Catholic Herald 13 de Oct., 2016)

En caso de que usted se está preguntando qué está mal en estas declaraciones, es que  no está lo suficientemente familiarizado con el dogma católico. A pesar de que sea necesario para la salvación  vivir como cristianos y no meramente profesar ser seguidores de Cristo (cf. Mt 7,21), sin embargo es herético decir que un hombre bautizado que profesa la verdadera fe, pero vive inmoralmente, no es cristiano.

El Concilio de Trento lanzó un anatema a cualquiera que profese este error:

Si alguien dice que con la pérdida de la gracia por el pecado, la fe también se pierde con él, o que la fe que permanece no es una fe verdadera, aunque no sea uno fe viva, o que el que tiene fe sin caridad no es cristiano, sea anatema .

(Concilio de Trento, Sesión VI,  Canon 28 )

Esta no es la primera vez que Francisco ha lanzado al aire esta negación del dogma en particular, por lo que no es “nuevo” en ese sentido, pero el hecho particular que comentamos es muy reciente. Benedicto XVI también profesa esta herejía particular, por cierto, y Michael Voris la pronunció también ( ver la evidencia de tanto aquí ).

Vamos a tomarnos un momento y explorar por qué este punto de la doctrina – un hombre que está bautizado y profesa la verdadera fe es un verdadero cristiano, incluso si está en pecado mortal y por lo tanto carece de la gracia santificante – es tan importante.

En pocas palabras, los hechos son los siguientes: Si la gracia santificante es necesaria para tener una fe genuina, entonces esto significaría que cada vez que un católico cae en pecado mortal, ya no es católico. Esto querría decir que cualquier pecado mortal echaría a uno de la Iglesia y cancelaría su pertenencia a ella.  Y esto a su vez significaría que ya que no podemos saber quién está o no está en estado de gracia en un momento dado, nunca podríamos saber quién en realidad es católico, quién es miembro de la Iglesia. El resultado inevitable sería que  la visibilidad de la Iglesia desaparecería  y tendríamos  una “iglesia invisible” … que, por cierto, es precisamente una de las herejías de la reforma protestante, según la cual la Iglesia es una comunión invisible de todos los salvados (cf.  Denz. 627 ). No es de extrañar que Francisco pronunciase esas palabras ¡en presencia de luteranos alemanes!

Contra esta doctrina herética, el Papa Pío XII enseñó lo siguiente en su hermosa encíclica sobre la Iglesia:

No se puede imaginar que el cuerpo de la Iglesia, simplemente porque lleva el nombre de Cristo, está compuesto durante los días de su peregrinación terrena únicamente por miembros conspicuos por su santidad, o que conste únicamente de aquellos a quienes Dios ha predestinado a la felicidad eterna. Se debe a la misericordia infinita del Salvador de que haya  permitido a los prcadores estar en su Cuerpo Místico y no estén eccluídos del banquete. Porque no todo pecado, por grave que sea, es tal que por su propia naturaleza separe al hombre del Cuerpo de la Iglesia, como sucede con el cisma o la herejía o la apostasía.  Los hombres pueden perder la caridad y la gracia divina por el pecado, convirtiéndose así incapaces de mérito sobrenatural, y sin embargo sin quedar  privados enteramente de vida si se mantienen firmes en la fe y la esperanza cristiana , y si, iluminados desde arriba, animados por las sugerencias interiores del Espíritu Santo por un temor saludable estén movidosc a la oración y penitencia por sus pecados.

(Pío XII,  Encíclica  Mystici Corporis , n 23;. El subrayado es nuestro.)

La enseñanza católica es muy clara en este punto. La fe no está esencialmente ligada a la gracia santificante; ya que puede existir en el alma sin ella.

Como ya se ha señalado, es cierto que la fe  por sí sola no  es suficiente para la salvación,  porque es absolutamente necesario contar además de la fe con la caridad (gracia santificante) para salvar la propia alma. La caridad es lo que da vida a la fe, hace que sea fecunda y salvífica. Uno puede tener toda la fe en el mundo, y sin embargo, si uno muere sin caridad, irá al infierno por toda la eternidad (ver 1 Cor 13: 1-3). Con cada pecado mortal, la caridad se pierde por lo que ya no posee la vida sobrenatural de la gracia; Sin embargo,  la fe no se pierde , a menos que, por supuesto, el pecado grave sea contra la  misma fe, como es la herejía o la apostasía.

 

Así, con esta última negación del dogma católico, Francisco simplemente añade  otra más  a su creciente pila de herejías destructoras, y errores, blasfemias y ultrajes, que hemos recogido aquí . Por todo ello ataca, destruye e impide la verdadera fe en las almas, por lo que es responsable de llevarlas a la condenación, porque “sin fe es imposible agradar a Dios” (Hebreos 11: 6).

De Novus Ordo Watch

¿PUEDE CAMBIAR LA DOCTRINA CATÓLICA?

Fuente: https://moimunanblog.wordpress.com/2016/08/13/puede-cambiar-la-doctrina-catolica/

[Yo entiendo el siguiente artículo teniendo en cuenta que como establece el Concilio Vaticano I, en la Costitución  Dogmática Dei Filius, el Magisterio ordinario universal de la Iglesia es infalible. Si hubiera enseñanzas de la a Iglesia que no participaran en algún  momento de esta infalibilidad, vale lo que establece el artículo sobre que los fieles deben aceptar internamente las decisiones no infalibles.

En mi opinión uno de los problemas que finalmente dieron lugar a los  errores  del Vaticano II fue precisamente la reducción de la infalibilidad de la Iglesia, a su mínima expresión, condensada en la falsa expresión tan manida de la enseñanza “Ex cathedra” como opuesta a la enseñanza del magisterio ordinario del papa  y de la misma Iglesia. Al final to el mundo se creyó con derecho a dudar o  negar el magisterio secular de la Iglesia y el ordinario del Papa]

Claridad sobre un tema muy mal entendido

Francis-connell.jpg


¿Puede cambiar la Doctrina Católica?

Hay mucha confusión y malos entendidos, especialmente en estos días, sobre si la enseñanza católica  puede cambiar alguna vez, o si se ha cambiado en el pasado. Pero si fuera así, ¿Cómo se concilia esto con la Iglesia infalible?

En un sucinto artículo fácilmente legible “¿Puede cambiar la doctrina  católica?”, publicado en 1947, el P. Francis J. Connell, de la Universidad Católica de América aborda el tema de frente y, utilizando las necesarias calificaciones y distinciones, muestra qué parte de la enseñanza católica puede cambiar, lo que no puede cambiar, y cómo esto se relaciona con la infalibilidad de la Iglesia y de su misión divina para obtener la salvación de las almas.

Ponemos a su disposición este insuperable ensayo en formato PDF para su descarga gratuita a continuación:

“¿Puede cambiar la Doctrina Católica?” Por el P. Francis J. Connell, C.Ss.R. (Descargar PDF aquí)

American Ecclesiastical Review
vol. 117 (Nov. 1947), pp. 321-331

No hace falta decir, que el tratamiento del P. Connell carece por completo del necio concepto de Francisco acerca del “dios de las sorpresas” que habla por medio del magisterio sorpresa bergogliano. Éstos son algunos aspectos destacados del artículo del P. Connell:

Por supuesto, ningún católico puede aceptar sin reservas la afirmación de que la enseñanza de la Iglesia Católica está sujeta a cambios …. Pero también, excluir todo tipo de cambio de las enseñanzas de la Iglesia en diferentes épocas y en diferentes circunstancias sería contrario tanto a la historia como a la teología.
El propósito de este trabajo es establecer los principios generales sobre este tema y apuntar la vía de solución de la mayoría de los problemas que hay sobre la inmutabilidad o mutabilidad de las enseñanzas de la Iglesia.… El magisterio aprueba tácitamente una sentencia enseñada universalmente durante un considerable período de tiempo.… En la enseñanza dogmática o moral de la Iglesia, que está incluída prácticamente en todo lo que se manda, con aprobación o autorización [de la Iglesia] para el bien espiritual de los fieles, en virtud de la protección del Espíritu Santo, no se puede encontrar nada falso o perjudicial para las almas.
Los fieles están obligados en conciencia a aceptar internamente las decisiones aunque sean no infalibles, a pesar de que su exactitud no está garantizada por el carisma de la infalibilidad, pues su formulación y promulgación, sin duda, han sido hechas con la ayuda del Espíritu Santo.
… Sin embargo, a veces oímos a algunos católicos criticar tales enseñanzas, al parecer con la idea errónea de que ellos están obligados a aceptar solamente los pronunciamientos infalibles de la Iglesia.

En otras palabras: Si la Secta del Vaticano II fuera la Iglesia Católica y Francisco fuera el Papa, entonces el “juego ha terminado”.

El ensayo del P. Connell es una excelente herramienta contra la secta del Vaticano II, que clara y sustancialmente ha alterado la doctrina católica, ha impuesto leyes disciplinarias impías y perjudiciales, y ha emitido enseñanzas no infalibles  heréticas, erróneas, impías y absurdas. Por tanto, de manera irrevocable y definitivamente ella se ha descalificado a sí misma para afirmar que es la Iglesia Católica fundada por nuestro Señor Jesucristo.

Sobre este tema, es muy útil revisar el análisis de los errores del Vaticano II de Mons. Donald Sanborn mostrando cómo difieren sustancialmente de la doctrina católica preconciliar.

La consecuencia lógica de todo esto está presentada por Mons.  Sanborn en esta charla informativa y convincente:

La conclusión es, sencillamente, que sabemos que  la Iglesia del Vaticano II no es la Iglesia Católica porque Dios nos ha dado garantía de que la Iglesia Católica no puede hacer lo que la Iglesia del Vaticano II ha hecho. Para más detalles, nuestro artículo  “¿las puertas del infierno han prevalecido?” Es muy instructivo.

P. Francis J. Connell, C.Ss.R. (1888-1967) , fue uno de los mejores teólogos católicos nunca habidos en la Iglesia en los Estados Unidos. Fue un colega cercano a Mons. Joseph C. Fenton (1906-1969) y Mons. George W. Shea (1910-1990), quienes se enfrentaron al jesuita modernista P. John Courtney Murray sobre el error de la libertad religiosa  antes del Vaticano II, el cual hizo del error de Murray su propia enseñanza.

 Ver también:

 10 aug, 2016, 21:11

Sigue leyendo

NO ES NUEVO LO DE FRANCISCO …PERO ES NUEVO EL DESCARO CON QUE TODO LO DESTRUYE

Fuente: https://moimunanblog.wordpress.com/2016/08/11/no-es-nuevo-lo-de-francisco-pero-es-nuevo-el-descaro-con-que-todo-lo-destruye/

[El siguiente artículo de The Remnant es bueno describiendo la actual situacíón, pero sus presupuesto de “Reconocer y Resistir” anula la sana reaccion y llega a ser cómplice de lo que ataca. Nuestras divergencias con Chris Ferrara son claras y profundas por lo que creemos que merece nuestro rechazo, pero la descripción que hace, sobre todo lo que atañe a los dos “papas” conciliares anteriores (podía haber extendido la lista) es perfecto. Hay reacciones de “católicos” anti-bergoglianos, que cuando les tocan este punto sensible de su veneración por los dos papas anteriores, están más cerca del fanatismo que del Amor de la Verdad] image

EN DEFENSA DE FRANCISCO

Por Christopher A. Ferrara 

Los lectores de The Remnant se habrán dado cuenta de que en los últimos tres años no sólo este periódico sino la prensa católica en general, junto con la blogosfera católica, están cada vez más dedicados a los comentarios sobre “la última bomba sin precedentes de Francisco” (Flubpor sus siglas en inglés=Francis’s Latest Unprecedented Bombshell). Esto es lo que  desea Francisco, ya que sin una “Flub” casi semanal,  caería del ciclo de noticias tan asiduamente explotado por “el mago de los medios de comunicación” Greg Burke, ex miembro de FOX News, que acaba de sustituir como portavoz de prensa papal al astuto spinmeister[maestro  de la manipulación] padre Lombardi, rey de la “negación oficial” que no niega nada y la “aclaración oficial” que no aclara nada.

Sigue leyendo

Coetus Fidelium – Dr. Homero Johas

“La Iglesia es la congregación de los fieles” (Santo Tomás)

Las herejías generalizadas actuales son de dos clases:

  1. A) El Ecumenismo del Concilio Vaticano II, elimina la unidad de fe divina y católica, principio de fe divina y católica, principio firme y único de toda la Iglesia (Trento, D.S. 1500). El Magisterio de Pío XI, en “Mortalium animos”, ya repelió tal secta como: “falsa religión cristiana”. Toleran un primado papal, honoris causa, por Derecho meramente humano, no divino. Herético.
  2. B) El Anti-conclavismo. Un puñado de obispos, sacerdotes, laicos; con una decena de falsos argumentos ya refutados, se niegan a cumplir el deber gravísimo de extinguir la vacancia del cargo papal. Quieren permanecer acéfalos, como los herejes monofisitas después del Concilio de Calcedonia, con los cuales Sergio hizo acuerdo ecuménico, con el apoyo del Papa Honorio I.

No quieren el primado de jurisdicción del Sucesor de Pedro, dogma de fe. Dicen: “No es necesario”, “falta la profesión de fe en retorno de un Papa fiel”, “falta un Pontífice que transmita el poder a los obispos.”

Sigue leyendo

EN LA IGLESIA ECUMÉNICA NO HAY SALVACIÓN

Por Homero Johas 
“Es una falsa religión cristiana, totalmente ajena a la única Iglesia de Cristo.”
Pío XI (Mortalium Animos)
1. Escepticismo y ateísmo: las bases de la nueva religión
Tiempo atrás, publicaron los diarios una declaración de Juan Pablo II: “La ciencia debe reconocer sus límites y su impotencia para alcanzar la existencia de Dios. Ella no puede afirmar ni negar esta existencia (…) Querer una prueba científica de la existencia de Dios significa reducir a Dios a las dimensiones de nuestro mundo y por lo tanto, equivocarse metodológicamente sobre lo que es Dios” (O Globo, 17-11-85).
La afirmación es tan absurda en los labios de un “papa” que sería necesario obtener la confirmación de las fuentes para tener certeza sobre el hecho. El Vaticano I enseña que Dios “puede ser conocido de modo cierto por la luz natural de la razón humana a partir de las cosas creadas…” (D.S. 1785). La afirmación atribuida a Juan Pablo II es la de los modernistas que sostienen: “el hombre no es capaz de elevarse hasta Dios; tampoco puede conocer su existencia ni siquiera por las cosas que se ven”, refirió San Pío X (D.B. 2O72). Y el Modernismo, en eso, muestra su base sobre la filosofía agnóstica, contraria a la capacidad de la razón y que la juzga impotente para ir más allá de los sentidos. Es la doctrina de los materialistas y ateos, de los agnósticos, de los escépticos, de los sin Dios. El Creador pasa a ser el objeto de un irracional “sentimiento religioso”, tan subjetivo como la infatuada “ciencia” contradictoria de los agnósticos. ¿Cómo podría la Iglesia Católica tener un “papa” que se coloca al lado de los ateos y del agnosticismo?
Sin embargo, si miramos bien el lenguaje de Juan Pablo II, él hace ahí sólo una repetición de la doctrina del Vaticano II: el agnosticismo es el fundamento doctrinario de la Libertad Religiosa y de la “Iglesia” ecuménica. En el Concilio se predicó un “derecho” natatural de no seguir la verdad, la “igualdad jurídica” entre la religión verdadera y las falsas, el “sentimiento religioso”, la “no discriminación por razones religiosas”, el derecho de cada uno a seguir “su fe”. El pluralismo religioso es sostenido como “fundado en la naturaleza del hombre”. Entonces, en vez de seguir las leyes de Dios, cada uno sigue “su propia verdad” subjetiva. Estamos, por lo tanto, tétricamente, delante de una religión agnóstica, escéptica, que no afirma una ciencia objetiva, una revelación externa, un Dios exterior. Por eso Juan Pablo II relativizó la ciencia al “mundo nuestro” personal, utilizando para eso las mismas palabras de los ateos. Cada cual tendría su “mundo” propio, interior, subjetivo.

Sigue leyendo

Concilio VS Posconcilio

Tomado de: https://moimunanblog.wordpress.com/2014/08/16/concilio-vs-posconcilio/

[El artículo que traigo es interesante porque denuncia un intento más por parte de la “iglesia conciliar” o sus epígonos para exonerar al Concilio Vaticano II, de los malos frutos innegables sobrevenidos después de él. Se oye con frecuencia decir ” no fue el Concilio sino el Posconcilio” el causante de los excesos. O también se endosa la responsabilidad a un supuesto “espíritu del concilio”. Ahora toca el turno al ” Concilio Virtual” o de los media, frente al verdadero Concilio “real” de los Padres conciliares. Éste estaría libre de responsabilidad y limpio de cualquier mácula causante  de los males que siguieron.  ¿Dónde dice el Concilio que…? Es una pregunta oída con frecuencia en los medios y blogs conservadores.

Tampoco van a la zaga los esfuerzos de la falsa “resistencia” para crearse un ” Concilio Pastoral” en el que pudiera haber mala doctrina, pero  que al fin y a la postre no sería infalible ni obligatoria.

Todo ello tiene la misma finalidad “Salvemos al concilio”  junto con la ” iglesia conciliar” que seguría siendo la iglesia sin mancha y sin arruga.

Ahora bien los que tal hacen, ciegos a la verdad de las cosas, se hacen cómplices de los malos frutos  del Concilio. Ellos tendrán que ver en el futuro las consecuencias de las que ellos son responsables y cómplices. “Todo árbol malo da frutos malos”.]

De Mattei «olvidó» la Revolución  de Juan XXIII

Patrick Odou

Como he mostrado en un artículo anterior, Roberto de Mattei intentó salvar el Concilio Vaticano II, en un discurso pronunciado en Cracovia. Trató de convencer a su público de la existencia de un supuesto Concilio virtual creado por los medios de comunicación, del que Mattei afirma que “no era menos real que el que tuvo lugar en la Basílica de San Pedro.”

mattei

Roberto de Mattei afirma que los medios de comunicación crearon la crisis que vino después del Vaticano II

Mattei utiliza este supuesto Concilio virtual o de los medios de comunicación como chivo expiatorio para explicar los muchos problemas habidos en la Iglesia desde el Concilio Vaticano II: “. Tantos desastres, tantos problemas, tanto sufrimiento, seminarios cerrados, conventos cerrados, liturgia banal” Él considera este Concilio virtual como la causa de las “calamidades” del Concilio Vaticano II. Es cierto que también mencionó en su discurso algunas omisiones de lo que llamó el Concilio real, omisiones que nosotros los que hemos  solicitado la anulación del Concilio Vaticano II, hemos sabido desde hace años . (1) Sin embargo, él receta que lo que los católicos tienen que hacer es rechazar este Concilio malo, creado por los medios de comunicación, y reponer las omisiones del Concilio Vaticano II, y voilà! – el Concilio se limpia y se adopta el intento de Mattei de señalar su Concilio Virtual como responsable de las consecuencias desastrosas del Concilio Vaticano II. Él trata de salvarlo, lo que sólo puede dar lugar a la continuación de la Revolución Conciliar que ha sido la plaga de  la Iglesia durante los últimos 50 años.

Con el fin de dar al traste las pretensiones de Mattei, he mostrado  que el origen de los cambios radicales que se produjeron en la Iglesia no era ninguna acción particular maquiavélica de los medios de comunicación, sino más bien el trabajo de los mismos papas  Conciliares.

Sigue leyendo