Mitología modernista sobre la Misa Católica Tradicional

Refutación a un fragmento del artículo de Juan Manuel Martín-Moreno González S.J de la Universidad ¨Pontificia¨ de Comillas, de Madrid, sobre la ¨Constitución¨ SacrosanctumConcilium del Concilio Vaticano II.

El siguiente, quiere ser un artículo de análisis y refutación a las mentiras de los modernistas que hoy imperan en la Iglesia Oficial del Vaticano II, que al haber abandonado las verdades católicas de siempre, andan dispersos por el mundo y no saben que inventar para justificar la devastadora Revolución Litúrgica promovida por el falso y herético concilio Vaticano II.

Decimo que falso porque la Iglesia es infalible en los concilios ecuménicos, y en el concilio Vaticano II se dijeron y enseñaron doctrinas previamente condenadas por los papas anteriores. Ahora bien, es una regla de la fe católica, que las herejías condenadas una vez, no se pueden volver a proponer como posibles enseñanzas de la Iglesia: lo condenado una vez, condenado está para siempre. La Iglesia no se puede estar redefiniendo en función de los intereses ¨doctrinales¨ del papa de turno, del papa del momento. La Iglesia nunca ha funcionado así, y de hecho, es lógico que así no sea, pues la Iglesia es la guardianadel depósito de la fe revelada por Dios. Jesucristo le dio a la Iglesia que fundó la misión de custodiar sus doctrinas y de administrar los sacramentos que él instituyó que son los canales de la gracia divina para la santificación y salvación de los seres humanos.

Es importante señalar que la Revelación se cerró definitivamentecon la muerte del último apóstol, como lo enseñó el Magisterio de la Iglesia siempre durante 2000 años. No puede venir ningún papa o ningún concilio a cambiar el depósito de la fe y los dogmas previamente definidos. En el actuar de la Iglesia bimilenaria tiene que haber una unidad sustancial. Nunca se pueden dar cambios sustanciales, pues de ser así, aparecería una Iglesia Nueva distinta a la anterior y como Cristo fundó la Iglesia en el pasado, y no hoy, con esos cambios sustanciales en la Iglesia se estaría fundando una iglesia distinta a la que fundó Cristo y esto sería cismático, herético y una falta de respeto a Dios.

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