Libro: LA PREDESTINACIÓN DE LOS SANTOS – GARRIGOU-LAGRANGE O.P

Ofrecemos a nuestros amigos y lectores la edición final de uno de los libros que más tiempo nos ha tomado editar. Es un tema de capital importancia en el debate con los protestantes calvinistas que han querido adueñarse del termino predestinacion, dando a entender que los católicos no creemos en eso. La lectura de este libro, escrito por uno de los grandes tomistas del siglo XX, el padre dominico Garrigou-Lagrange, permitirá entender que lejos de eso, la doctrina católica más segura y ortodoxa (San Agustín y Santo Tomás) defienden la predestinación, lo que por supuesto, no en el sentido heretico de Calvino y otros protestantes. Las diferentes escuelas admitidas dentro de la ortodoxia católica se explican ampliamente en este excelente libro. Aunque un poco extenso, se lo recomendamos a todo apologista y por supuesto, a todos los sacerdotes y religiosos que por su labor pastoral necesitan conocer a la perfección este tema tan obscuro a la inteligencia humana y que tantos dolores de cabeza a causado a algunos.

Para descagrar el libro en PDF: LA PREDESTINACIÓN DE LOS SANTOS Y LA GRACIAS

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San Agustín sobre la Asunción de la Virgen María

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A) La solemnidad

“Es el día de hoy, amadísimos hermanos, de suma veneración: día cuya solemnidad aventaja a las solemnidades de todos los santos. Día digo, celebre, esclarecido; día en el cual salió de este mundo la Virgen María. Entonces la tierra entera, con grande júbilo, entonó alabanzas, por la hermosa partida de tan ilustre Virgen; porque seria indigno en extremo que pasase inadvertido el recuerdo de esta solemnidad, por la que merecimos recibir el acto de la vida. Si celebramos las victorias de los Santos Mártires, ¿hemos de pasar por alto la solemnidad de aquella que dio a luz al Príncipe de los Mártires? En este día celestial, la bienaventurada Virgen María dice a su Esposo: Cogiste mis manos con la tuya, me llevaste de buena voluntad y me recibiste con gloria. Hoy el Esposo, Hijo y Señor, dice a María: Ya pasó el invierno, nevó e hizo frío; levántate, amiga mía, esposa mía, paloma mía y ven(Cant. 2.10-11)”.

B) Loa de Nuestra Señora

“Digamos algo en alabanza de la Sacratísima Virgen. Pero ¿qué somos nosotros, que acciones las nuestras, para que la alabemos, cuando, aunque todas las partes de nuestro cuerpo se convirtiesen en lenguas, no seriamos suficientes para ensalzarla? Es más alta que el cielo aquella de quien hablamos, y más bajos que el abismo los que intentamos alabarla. Ella llevó encerrado en su seno al Dios que no puede comprender criatura alguna.

Ésta es la única que mereció ser llamada a la vez Madre y Esposa; la que reparó los daños de la primera madre; la que ofreció a redención al hombre perdido. La madre primera trajoal mundo la pena del género humano: la Madre de Nuestro Señor trajo al mundo la salvación. Eva pecadora; María llena de mérito. Eva entró matando. María se presentó dando vida. María dio a luz al Salvador de todas las cosas, de un modo admirable y digno de nuestro culto. ¿Quién es pues, esta Virgen tan santa a la que se dignara venir el Espíritu Santo? ¿Quién es ésta tan grande para que Dios la tome por Esposa? ¿Quién es ésta tan casta que puede permanecer virgen después del parto? Es el templo de Dios, la fuente sellada, la puerta cerrada en la casa del Señor. A su alma bajó el Espíritu Santo y el Altísimo la llenó de su virtud. Ella es Inmaculada en su concepción, fecunda en el parto. Virgen que sustenta y provee de manjar a los ángeles y a los hombres. La que bienaventurada, preparó al mundo tan extraordinaria victoria, con razón sale de nosotros coronada de laureles.

¡Oh dichosa María y dignísima de toda alabanza! ¡Oh Madre gloriosa! ¡Oh Madre en cuyas entrañas se aloja el Creador de cielo y tierra! ¡Oh felices ósculos los de esta Madre, cuando le dirigía Jesús las primeras caricias infantiles, como verdadero Hijo suyo, mientras imperaba como verdadero Dios unigénito del Padre! Pues en tu concepción, ¡oh María!, diste a luz, en el tiempo, un niño que era Creador desde la eternidad. ¡Oh feliz nacimiento, alegría de los ángeles, deseado por los santos! Recibió injurias, fue cruelmente azotado, bebió hiel y fue sujeto a un patíbulo para demostrar padeciendo que era verdadero hombre y por lo tanto, que eras tú su verdadera Madre. Pobre de ingenio, ¿qué puedo yo decir, cuando todo lo que dijese de ti sería alabanza menguada, siendo tan alta tu dignidad? ¿Te llamaré cielo? Eres tú más elevada que el cielo. ¿Te llamaré madre de las gentes? Es poco. ¿Figura de Dios?…. Lo eres muy digna. ¿Señora de los ángeles?… ¡Oh lo demuestras suficientemente en toda las cosas! ¿Qué diré pues, digno de ti; qué referiré, siendo la lengua humana incapaz de narrar tus virtudes? No, la lengua no puede expresar lo que el ánimo profiere fervorosamente en el interior. Imploremos, con todo el afecto del corazón, la intercesión de la bienaventurada Virgen, e invoquemos con todo empeño su patrocinio; para que mientras nosotros, suplicantes, imploramos su protección en la tierra, Ella se digne interceder por nosotros en el cielo. Pues no hay duda que la que mereció ofrecer tan alto precio para salvarnos, podrá mejor dar un sufragio a todos los santos libertados.”

Fuente: Cf. De Assumpi. B. M. V.: PL 40.1145.