Los tradicionalistas, la infalibilidad y el Papa – P. Cekada

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Los mismos hombres que parecen tener la autoridad en la Iglesia enseñan el error e imponen leyes perjudiciales. ¿Cómo conciliar esto con la infalibilidad?

Si Ud. ahora asiste regularmente a la misa latina tradicional, es porque en algún momento llegó a la conclusión de que la antigua misa católica y las antiguas doctrinas eran buenas mientras que la misa nueva y las modernas enseñanzas, de alguna manera, no lo eran.

Pero (como yo) es posible que tuviera algunas preocupaciones al comienzo: ¿Qué pasa si la Misa tradicional no ha sido aprobado por la diócesis? ¿Estoy desafiando a la autoridad legítima en la Iglesia? ¿Estoy desobedeciendo al Papa?

Este es el “problema de autoridad”, que parece presentar un verdadero dilema. La Iglesia enseña que el Papa es infalible en la fe y la moral. Los buenos católicos, por otra parte, obedecen las leyes de la jerarquía. Los malos católicos eligen qué leyes quieren obedecer. Sin embargo, al mismo tiempo, los mismos hombres que parece tienen autoridad jerárquica nos mandan aceptar doctrinas y una misa que dañan la fe o tienen otros efectos desastrosos. ¿Qué debe hacer el católico? ¿Por qué debe rechazar los cambios?

Con el fin de resolver el dilema, debemos empezar por considerar que lo que nos echó de nuestras parroquias fue el Concilio Vaticano II en primer lugar. En la mayoría de los casos, sentíamos que había contradicción entre la doctrina católica y la irreverencia en la adoración. En otras palabras, reconocimos de inmediato que había algún elemento en la nueva religión que era un error doctrinal o un mal.

No crea que nuestras objeciones son sólo cuestión de cambios pequeños. Las nuevas doctrinas, más bien, nos llamaron la atención como cambios en la sustancia – compromisos, traiciones, contradicciones o directamente en la doctrina católica inmemorial. Llegamos a considerar el nuevo sistema de culto como maloalgo irreverente, una deshonra para el Santísimo Sacramento, en pugna con la doctrina católica, o totalmente destructiva para la fe de millones de almas. Razones de peso como estas – y no meras trivialidades – fueron los que nos cambiaron a resistir y rechazar los cambios.

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El rito exterior sin la intención interna, no es suficiente para la validez del sacramento

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Excelente trabajo del Padre José Vicente Ramón González, publicado en su página Sede de la Sabiduría.

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Se trata en el presente artículo de evaluar si, según el testimonio de D. Julio Aonzo, obró éste con conciencia recta para dejar de ejercer el ministerio sacerdotal y, por ende, el episcopal, al considerar que el sacramento del Orden sacerdotal que había recibido era nulo, inválido por causa de que el «obispo» ordenante ni siquiera era sacerdote.

Resumen del caso: Aonzo fue «ordenado» en Albano, Italia, el 22 de agosto de 1982 por Marcel Lefebvre. Fue «consagrado» obispo por Monseñor López Gastón, en Chiguagua, México, el 28 de diciembre de 1992. Dijo su última Misa, hasta hoy, en Pascua de 1996. Las razones de Aonzo para no ejercer más el episcopado, ni el sacerdocio, que él mismo arguye, son las siguientes:

1ª Aunque Mons. José Ramón López Gastón fue un verdadero obispo de la Iglesia católica, no pudo transmitirle el episcopado, porque para ser válidamente consagrado obispo, se ha de haber recibido antes el presbiterado.

2ª Él llegó a la conclusión de que no había recibido el presbiterado, porque Marcel Lefebvre no pudo tampoco recibir el presbiterado de manos del obispo masón grado luciferino, Caballero Kadoch, Lienart.

3ª Lienart no pudo recibir el episcopado válidamente, o sea fue nulo, o al menos muy dudoso porque cuando lo «consagraron» obispo, él ya era Caballero Kadoch de la masonería luceferina, y es muy improbable que un masón de grado luceferino pueda tener la intención de hacer lo que la Iglesia hace, porque no basta querer hacer el rito

4ª Si la recepción del episcopado de Lienart fue nulo, jamás pudo ordenar a Marcel Lefebvre válidamente.

5ª Y aunque Marcel Lefebvre «recibió» más tarde «el episcopado» de manos del luciferino Lienart, y aunque hubo otros co-consagrantes no luciferinos en la ceremonia, dado que Lefebvre no era sacerdote, su episcopado es inválido y totalmente nulo.

6ª Luego el propio Aonzo al investigar su situación, concluye que Lefebvre no siendo obispo, no le pudo conferir el presbiterado a él.

Para las pruebas indubitables de la pertenencia de Lienart a los altos grados de la masonería luciferina- que el propio Marcel Lefebvre reconoce en dos audiencias-, les remitimos aquí o aquí, entre otros sitios respetables, ya que no es el tema del presente artículo.

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