El Limbo

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Bibliografía – VOZ: «Limbo», Tomo III del “Diccionario teológico, canónico, jurídico, litúrgico, bíblico, etc.” escrito en 1885 por el Dr. D. Justo Donoso, Obispo de la Serena, Miembro de la Facultad de teología de la Universidad de Chile y autor del “Manual del Párroco Americano”, y de las “Instituciones de Derecho Canónico”.

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LIMBO. El lugar o mansión subterránea donde eran recibidas las almas de los patriarcas, de los profetas, de todos los que antes de la venida de Jesucristo, salían de este mundo, sin tener mancha alguna que purgar, ninguna pena que satisfacer por sus pecados. Empero si esas almas, aunque justificadas por la gracia santificante, salían de este mundo por la muerte de sus cuerpos, manchadas con algún pecado venial no perdonado aun, o sin haber acabado de satisfacer toda la pena temporal debida por sus pecados mortales o veniales ya perdonados, no pasaban al limbo sino después de haber expiado plenamente, en el purgatorio, la pena que aún les restaba satisfacer por sus pecados. Los teólogos llaman comúnmente el lugar de que hablamos, el limbo de los santos padres, y Jesucristo le llamó en el Evangelio, el seno de Abraham; asegurando que fue trasladada a él por los ángeles el alma del mendigo Lázaro: Factum est ut moreretur mendicus et portaretur ab angelis in sinum Habaliui. (Luc. 16). En este lugar eran detenidas las almas santas, difiriéndoseles su eterna felicidad, hasta que Jesucristo viniese a abrirles, con su pasión y muerte las puertas del cielo, que estaban cerradas, por el pecado del primer padre del linaje humano, nondum enim propalata erat sanctorum via, como dice el Apóstol (Hebr. 9). Era aquel un lugar de descanso y de consolación para las almas justas, como lo indica no solo la palabra seno, sino también las palabras mismas de Abraham al rico epulón: Nunc autem hic (Lazarus) consolatur tu vero cruciaris.

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El rito exterior sin la intención interna, no es suficiente para la validez del sacramento

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Excelente trabajo del Padre José Vicente Ramón González, publicado en su página Sede de la Sabiduría.

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Se trata en el presente artículo de evaluar si, según el testimonio de D. Julio Aonzo, obró éste con conciencia recta para dejar de ejercer el ministerio sacerdotal y, por ende, el episcopal, al considerar que el sacramento del Orden sacerdotal que había recibido era nulo, inválido por causa de que el «obispo» ordenante ni siquiera era sacerdote.

Resumen del caso: Aonzo fue «ordenado» en Albano, Italia, el 22 de agosto de 1982 por Marcel Lefebvre. Fue «consagrado» obispo por Monseñor López Gastón, en Chiguagua, México, el 28 de diciembre de 1992. Dijo su última Misa, hasta hoy, en Pascua de 1996. Las razones de Aonzo para no ejercer más el episcopado, ni el sacerdocio, que él mismo arguye, son las siguientes:

1ª Aunque Mons. José Ramón López Gastón fue un verdadero obispo de la Iglesia católica, no pudo transmitirle el episcopado, porque para ser válidamente consagrado obispo, se ha de haber recibido antes el presbiterado.

2ª Él llegó a la conclusión de que no había recibido el presbiterado, porque Marcel Lefebvre no pudo tampoco recibir el presbiterado de manos del obispo masón grado luciferino, Caballero Kadoch, Lienart.

3ª Lienart no pudo recibir el episcopado válidamente, o sea fue nulo, o al menos muy dudoso porque cuando lo «consagraron» obispo, él ya era Caballero Kadoch de la masonería luceferina, y es muy improbable que un masón de grado luceferino pueda tener la intención de hacer lo que la Iglesia hace, porque no basta querer hacer el rito

4ª Si la recepción del episcopado de Lienart fue nulo, jamás pudo ordenar a Marcel Lefebvre válidamente.

5ª Y aunque Marcel Lefebvre «recibió» más tarde «el episcopado» de manos del luciferino Lienart, y aunque hubo otros co-consagrantes no luciferinos en la ceremonia, dado que Lefebvre no era sacerdote, su episcopado es inválido y totalmente nulo.

6ª Luego el propio Aonzo al investigar su situación, concluye que Lefebvre no siendo obispo, no le pudo conferir el presbiterado a él.

Para las pruebas indubitables de la pertenencia de Lienart a los altos grados de la masonería luciferina- que el propio Marcel Lefebvre reconoce en dos audiencias-, les remitimos aquí o aquí, entre otros sitios respetables, ya que no es el tema del presente artículo.

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Las 24 tesis tomistas, P. Hugön – PDF

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24 TESIS TOMISTAS: El origen de las tesis

Autor: Sofronio (https://materinmaculata.wordpress.com/2015/02/08/24-tesis-tomistas-el-origen-de-las-tesis/amp/)

Estoy convencido que una de las causas de la actual crisis religiosa ha sido el abandono del sentido común, es decir, del realismo moderado de Santo Tomás de Aquino. Toda  una jerarquía eclesiástica, en masa, ha dado la espalda a la filosofía y teología del Doctor Angélico desde, incluso, mucho antes del Concilio. Tengo la certeza de que, más que nunca, es necesario volver hoy a enseñar y a estudiar los principia et pronuntiata maiora doctrinae S. Thomae, como lo prescribió San Pío X cuando se dio cuenta de la gravedad de la situación que provocaba en la mente del clero el modernismo. Si ya entonces era necesario, hoy, tras el personalismo existencialista Wojtyliano, el devenir hegeliano ratzingeriano y el epicurismo indeferentista de Bergoglio es muy urgente e imperativo volver a los principia maiora de San Tomás. Y no me refiero sólo a los errados conciliares, que son pasto del más craso y herético pensamiento liberal y sin arreglo mental posible- salvo extraordinarias gracias derramadas por Nuestro Señor-, sino, por desgracia, entre la mayoría del clero “tradicionalista” (FSSPX, resistencia, sedevacantistas, ora defensores de la tesis del papa materialiter, ora  absolutos), cuya formación es, salvo algunas excepciones, muy deficiente; lo que explica la abundancia de tanta exageración por su incapacidad para distinguir la substancia de lo accidental, ni para sostener un discurso que determine el terreno de lo análogo y  de lo univoco; todo lo cual es muy lamentable.

Las 24 tesis tomistas según el papa Bendicto XV, exigen, sino el asentimiento interior, al menos que fuesen propuestas como la doctrina preferida de la iglesia.

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