LIBRO ISAGÓGICO O SEA PROLEGÓMENOS DE LA CIENCIA CANÓNICA (1880)

Presentamos una versión (febrero 2018) editada por CUBA CATÓLICA, de un libro sobre Derecho Canónico. La presente es una corrección de la publicada en 1880 por “IMP. Y LIB. DE D. JOSÉ LOPEZ GUEVARA” en Granada, España. El título del libro:

LIBRO ISAGÓGICO O SEA PROLEGÓMENOS DE LA CIENCIA CANÓNICA E HISTORIA EXTERNA DE LA MISMA. PARA USO DE LOS ALUMNOS A LAS CÁTEDRAS DE INSTITUCIONES DE DERECHO CANÓNICO Y DE DISCIPLINA ECLESIÁSTICA.”

ESCRITO POR EL Dr. D. Juan Pedro Morales y Alonso

Abogado de los Ilustres Colegios de Sevilla y Granada, y Catedrático numerario por oposición, de Disciplina general de la Iglesia y particular de España, en la Facultad de Derechode la Universidad Granadina

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CALVINO Y LA RELIGION REFORMADA

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Edición de Cuba Católica [1]

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En la historia del protestantismo moderno, las iglesias de tipo calvinista (el presbiterianismo, el congregacionalismo y los grupos de reformados) ejercen —prin­cipalmente en el mundo norteamericano— una influencia extraordinaria. Desde el aspecto numérico, el total de sus seguidores se acerca al de las iglesias luteranas, y sus obras de misión, filantrópicas y educativas, se extienden por todo el mundo. Cuando hoy día se habla de influjo protestante en la moderna sociedad —excepto en el campo de la teología especulativa— nos referimos principalmente al papel jugado por esas iglesias. A su lado el predominio luterano, restringido en gran parte a Alemania y a los países escandinavos, es solamente relativo.

Sin embargo, genéticamente la aparición y los primeros pasos de las iglesias reformadas revisten una importancia mucho menor y ninguno de sus iniciadores es de la estatura de un Lutero. Cronológicamente los fundadores apenas se llevaban diferencia. Zwinglio era solamente unos meses más joven que el reformador alemán, y el mismo Calvino pudo asistir en Ratisbona y en Worms a algunas de las reuniones en que se discutía sobre las nuevas doctrinas. Pero en aquellos tiempos preñados de acontecimientos de portada mundial, no era la diferencia de los años, sino los hechos revolucionarios lo que contaba. Y antes de que Zwinglio, Calvino y los suyos se lanzaran a las reformas, el protestantismo en su fase luterana era una realidad. La ruptura decisiva, profunda, estaba consumada. Los calvinistas y demás reformados partirían de la negación luterana del primado pontificio; de la adopción de la Biblia como regla única de creencia; de la supresión del número tradicional de sacramentos; del valor único de la salvación por la sola fe, etc., para cons­truir sobre aquellas bases sus teologías particulares. Serían, propiamente hablando, continuadores de una revolución puesta ya en marcha o, si se quiere, perfeccionadores de un sistema que, en algunos importantes aspectos, dejaba bastante que desear. Por esto mismo quizás, la Santa Sede tampoco lanzaría nuevas bulas de excomunión contra ellos o contra sus doctrinas; quedaban incluidas en la Exurge Dominecomo en su germen, o recibirían debida atención en algunas de las sesiones del Concilio de Trento.

Lo dicho no obsta para que dediquemos nuestra atención a estos nuevos movi­mientos. Lo piden tanto la personalidad religiosa de Calvino, como la importancia que las ramificaciones de las iglesias y sectas derivadas de él están teniendo en las Américas, en ciertas naciones europeas y en las mismas tierras de misión. Dedica­remos también un breve apartado a Zwinglio y a su obra de reforma.

ZWINGLIO REFORMADOR DE ZURICH

El historiador advierte en seguida la importancia de la pequeña Suiza en los orígenes y en la gestación de diversos brotes de la Reforma. El país no sólo era el refugio de los descontentos y el nido de muchos conspiradores, sino también la tierra acogedora donde tenían cabida todos aquellos que trataban de inaugurar una revolución religiosa, sobre todo si era anti romana. Antes de la llegada de Calvino a Ginebra, pululaban por allí Farel y otros muchos propagadores del protestantis­mo. Los humanistas habían hecho de Suiza el lugar ideal para componer sus obras y lanzarlas a los demás mercados de Europa… La circunstancia se debía princi­palmente a la estructura política y administrativa de la nación. Suiza —que según Macchiavello era «el pueblo mejor armado y más libre del mundo»— formaba en el siglo XVI una entidad diversa de las del continente. Constaba de una confedera­ción de pequeñas repúblicas y ciudades de tipo teutónico primitivo en las que el poder ejecutivo estaba en manos del obispo, del cabildo o del magistrado local. Las unidades —o cantones— en la práctica independientes entre sí, se untan en una liga y tenían su bandera común con el mote: «Uno para todos y todos para uno». Aquella independencia mutua dio a cada uno de los trece cantones su fiso­nomía peculiar, su lengua o al menos su dialecto propio. Unos recibían mayor in­fluencia del imperio alemán, otros de Francia o de Italia, y esto no solamente en el campo cultural, sino también en el estrictamente religioso.[2] Dicha configuración contribuía también a que los partidarios de la religión reformada hallaran fácil asilo en el país y que aquéllos que se asignaban como meta la protestantización de una ciudad o de un grupo de ellas —como sucedió tanto con Calvino como con Zwinglio— se vieran libres de las dificultades encontradas en otras naciones de gobierno central más fuerte, como en Francia y en el mismo imperio.

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CRONOLOGIA DE LA PERSECUCION RELIGIOSA EN CUBA

“La Iglesia exhorta, por último, a los fieles de los países donde ella vive libremente, a darse cuenta del peligro y los previene de nuevo contra el espejismo de una falsa coexistencia, como si entre la fe católica, la concepción del mundo católico y aquel sistema pudiera haber un acuerdo, se pudiera llegar a un acercamiento íntimo. Hay una coexistencia en la Verdad. En alguna ocasión anterior  hemos hablado de ella, y añadimos a lo dicho entonces: La Iglesia católica no apremia a nadie para pertenecerle; exige, sin embargo, la libertad de poder gobernar a sus fieles y predicar libremente el mensaje de Cristo, según su constitución y su ley. Esto es, naturalmente, la base indispensable para una coexistencia sincera”.

Pío XII, Radiomensaje al LXXVII Katholikentag, 2 de septiembre de 1956.

“Por razones de propaganda, los dirigentes comunistas niegan algunas veces que ellos sean adversarios de la religión. Pero esto viene a ser desmentido por los hechos innegables. En cualquier parte que el comunismo llega al Poder, tarde o temprano la Iglesia se ve privada de sus más evidentes derechos y está sometida a persecuciones violentas. Consecuentes con la doctrina, también la actuación de los comunistas es materialista”.

“El Decreto del Santo Oficio sobre el comunismo táctica abrir los ojos a los católicos que se dejan engañar por las falsas palabras de los propagandista del comunismo. Más claro que todas las palabras hablan los hechos”.

L’Osservatorio Romano, 27 de julio 1949.

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Enero de 1959: La Revolución Victoriosa llega al poder. De diversas partes se pregunta sobre las amenazas comunistas que lleva en sí. Castro contesta: “Nada debo a los comunistas“. “Cuba inaugura una era nueva que irá en sentido cristiano”. El P. Llorente, director de la Agrupación Católica Universitaria, da su testimonio: “Una nueva historia se hace en Cuba, en la que el espíritu cristiano prevalece sobre el materialismo pagano”.

Febrero de 1959: La depuración y los juicios popularesprovocan gran emoción en el mundo. Monseñor Pérez Serantes, Monseñor Müller y Monseñor Villaverde apelan a la clemencia, aunque subrayando que las penas de muerte están justificadas: los condenados son criminales notorios.

En una carta pastoral, Monseñor Serantes dice en nueve puntos lo que pudiera ser el programa de la Revolución, con esta “exposición de motivos”: “Sobre las ruinas de un régimen derrocado va a construirse otro, que no debe parecerse al anterior: de lo contrario ¿para qué han servido tantos sufrimientos y tantas muertes? Lo que pedimos, lo que esperamos, es una república claramente democráticadonde todos los ciudadanos puedan disfrutar de la plenitud de sus derechos humanos, una república donde, sin igualdades utópicas, todos se sientan tratados con una dignidad igual. Pedimos que, como cada mañana el sol brilla para todos, cada día nadie carezca del pan cotidiano; que nadie carezca de un trabajo equitativamente retribuido y que todos reciban oportunidades iguales para una educación humana”.

Marzo de 1959: De acuerdo con el laicismo estataldispuesto en la Constitución, el Gobierno suprime la enseñanza religiosa de las escuelas públicas. Poco antes empero, el Episcopado había publicado una carta colectiva al respecto en que se inquietaba de ciertas “ambigüedades” de la legislación que estaba en estudio. Pero, hablando de Castro, declaraba que “no hay razón para negarle la confianza”. Aparece la primera señal de abierta hostilidad contra la escuela privada, cuando se publica en el periódico “Revolución”, órgano del Gobierno, un editorial titulado; “Educación Romana ¿Para Qué”, en el cual se afirmaba la necesidad de prescindir de los principios católicos en la educación de la juventud cubana.

Abril de 1959: Los sacerdotes católicos habían organizado una amplia campaña alfabetizadora desde el comienzo de la Revolución,  hasta que les fue prohibida por el Gobierno, llegándose incluso a expulsar al Rvdo. P. Cipriano Cavero, S. J. Capellán de la Sierra Maestra y ciento veinte profesores católicos del Campamento de Managua, por orden del Ministro de las Fuerzas Armadas, que había nombrado Director de Cultura del Ejército, al comunista Osmani Cienfuegos, actual Ministro de Obras Públicas y Director de adoctrinamiento marxista a José Rivera, reeducado en Moscú. Se suprimen los crucifijos de los hospitales, y los auxilios espirituales y la celebración de la misa en la fortaleza de La Cabaña y demás instalaciones estatales.

Junio de 1959: Monseñor Evelio Díaz Cia se declara a fondo a favor de la Reforma Agraria, Monseñor Serantes expresa igualmente su acuerdo. Hace empero ciertas reservas sobre las inspiraciones marxistasque cree discernir detrás de algunos aspectos. El Arzobispo de Santiago se dice seguro de que Castro, “que está apartado de la tendencia marxista, sabrá llegar a la consolidación de su victoria revolucionaria”.

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Buenos Libros – CUBA CATOLICA

Ofrecemos a nuestros lectores una edición digitalizada por nosotros, de dos excelentes libros que todo católico debería leer en estos tiempos de confusión. Estará enteramente gratuito su acceso, a pesar del gran tiempo y trabajo que constituye la tarea de editar y corregir un texto. A cambio solamente pedimos una oración por nuestras intenciones y por nuestra perseverancia final. Santo Día!

Decadencia de la ciudad cristiana – Bouchet

El Poder Destructivo De La Dialectica Comunista – Julio Meinvielle

Stalin: la mujer como instrumento

Fuente: http://gaceta.es/noticias/stalin-mujer-instrumento-12072015-1155

Stalin era primario y elemental en materia de sexo, tosco y despótico en materia de afectos, su recorrido sentimental acabó lleno de sangre, como todo en su vida.

Por José Javier Esparza

Lenin era un materialista; quizá sentimental, pero sin el menor asomo de romanticismo ni de pasión. Mussolini era un amante volcánico; nada romántico, pero puramente pasional. Stalin no se parece ni al uno ni al otro: primario y elemental en materia de sexo, tosco y despótico en materia de afectos, su recorrido sentimental acabó lleno de sangre, como todo en su vida.

Poru origen, bastante mísero, Stalin se parece más a Mussolini que a Lenin: nace en la Georgia rusa, pobre y atrasada, hijo de un zapatero alcohólico que le cubre de golpes mientras la madre, quieta, mira sin actuar. Pero Stalin no afronta esa desdicha con el valor personal de Mussolini, sino que el alma se le va llenando de una suerte de resentimiento universal. Tan sumiso como necesitado, Stalin ingresa en el seminario teológico de Tiflis para hacer carrera religiosa; pero, siempre resentido, allí repudia a Dios padre igual que antes había repudiado al zapatero borrachín. Toda esa lamentable sordidez se prolonga con su matrimonio: se casa en 1903 con una joven georgiana, Ekaterina Svanidze, una muchacha convencida de que ha nacido para servir y que de hecho le sirve como una esclava. Esta primera esposa muere en 1907, apenas cuatro años después, dejándole un hijo: Jacobo. Stalin, según parece, les tenía afecto, pero la muerte de Ekaterina no le turbó: ya entonces estaba entregado en cuerpo y alma a la revolución, o mejor dicho, al poder. Y ninguna de las mujeres que desde entonces van a cruzarse en el camino de Stalin dejarán de ser simples instrumentos de su ambición.